Published On: lun, Sep 17th, 2018

Henry Ramos Allup, el gran embaucador, reportaje especial Diario Las Américas

Henry Ramos Allup, el gran embaucador

Hace unos días el partido Acción Democrática (AD), como llaman los venezolanos a esta histórica organización que dirige, cumplió 77 años de existencia. Lo cuestionable es que en los últimos 18 ha estado timoneado por el mismo secretario general, Ramos Allup, también conocido por “El Turco” por su ascendencia libanesa.

Hay tiranos de traje verde oliva, pero él viste de corbata. Más que un “zorro viejo” de la política, como se refieren a él para adularlo, ha terminado como “eterno embaucador” en el momento más grave de la historia de Venezuela.

Hace unos días el partido Acción Democrática (AD), como llaman los venezolanos a esta histórica organización que dirige, cumplió 77 años de existencia. Lo cuestionable es que en los últimos 18 ha estado timoneado por el mismo secretario general, Ramos Allup, también conocido por “El Turco” por su ascendencia libanesa. Otros, simplemente, lo han terminado llamando “escoria del chavismo”.

Bajo su visión, no ha habido ninguna otra figura que pueda ser capaz de manejar la tolda blanca, un reflejo de su egoísmo y obsesión por el poder antes y después de la llegada del gobernante Hugo Chávez. Si algo justamente le pesa al líder adeco es su pasado.

Una cuarta parte de la historia de AD, como la de Venezuela bajo la dictadura de Chávez, ha estado bajo el que muchos consideran mando mediocre de Ramos Allup, quien se autoproclama “veterano político” y a todas luces ha dañado el relevo generacional de la dirigencia del país.

Sus críticos afirman que tan inefectivo es que no fue capaz durante su presidencia dentro de la Asamblea Nacional de acelerar la caída del régimen o darle una estocada. Todo lo contrario -subrayan- lo oxigenó de la forma más cínica posible: engañando.

“Ramos Allup es un zorro viejo porque aparentemente ‘se las sabe todas’”, escribió en sorna el periodista e historiador venezolano Orlando Avendaño, para quien la sapiencia de este político dentro de su partido estuvo “dispuesta a colaborar con el desmembramiento de la República” al aliarse con la dictadura chavista.

La Asamblea

En enero de 2016, luego de una turbulenta elección en la que una maquinaria déspota del gobierno hizo todo por aplastar a sus adversarios, Ramos Allup asumió la presidencia de la Asamblea Nacional, que finalmente había caído en control de la oposición, y prometía un regreso triunfal al orden democrático y el imperio de la justicia.

Ungido en el puesto más alto del nuevo Parlamento, entró con la promesa de callar al chavismo y cantarle sus verdades. Aunque con cada una de sus arengas en el hemiciclo muchos bajaron la voz, y su estilo particular causó estremecimiento en una nación hastiada de un solo coro, de un solo discurso encadenado, como en cualquier circo sus puestas en escena no pasaron de ser eso: espectáculos.

Avendaño lo resumió de esta manera: “El Parlamento empezó a dilatar debates, a discutir nimiedades y a aferrarse a procesos a los que los sensatos no les apostaban. El tipo de los discursos y las frases fantásticas había resultado ser una estafa. El ‘zorro viejo’ que se las sabía todas, resultaba incapaz de morder al adversario. Se veía timorato cuando hablaba con franqueza, pero al mismo tiempo hacía honor a una de las más vergonzosas frases que se haempuñado desde la política nacional: “A veces hay que doblarse para no partirse”.

Es necesario decir que al separar del poder al chavismo o a Nicolás Maduro ahora, no se estaría trabajando contra un régimen cualquiera, sino contra la dominación personalista de casi dos décadas de la historia de Venezuela bajo la influencia de un solo modelo. No es algo nuevo. La nación ya vivió 27 años de larga dictadura con Juan Vicente Gómez, y como en el pasado, hoy también surgen los favorecidos de la tiranía.

“Ramos Allup se dobló, pero ahora se le ve arrodillado. Sometido de la forma más impúdica a un régimen con el que ha decidido cohabitar. Una coyuntura criminal que el secretario de Acción Democrática no pretende cambiar; en cambio, busca la manera de escalar hasta el poder”, matizó Avendaño.

Poder, ese peligrosa verbo que ha causado tantas desgracias, es lo que sin duda quiso alcanzar el adeco Ramos Henry cuando en el imaginario colectivo venezolano se le llegó a pensar como potencial candidato contra Maduro. Un adeco, que como en el pasado, estaba demasiado ligado a vínculos familiares y personales con gente que ha beneficiado del dinero sucio del chavismo.

Negocios sucios

Siendo jefe de la fracción parlamentaria de su partido en la década pasada, se le acusó de conceder suculentos contratos a las empresas de su suegro, Franco D’Agostino, sin que se cumplieran las leyes de licitación. Ese hecho el chavismo no lo ha olvidado y se lo saca en cara a Ramos Allup reprocha a Maduro por el saqueo a la nación.

Además, el nombre de su cuñado, Francisco D’Agostino, está en medio de una compleja trama de corrupción que lo vincula directamente con los pesos pesados de la “boliburguesía” bolivariana.

D’Agostino se encuentra entre los propietarios de la empresa Derwick, una contratista sin experiencia que recibió entre 2009 y 2012 millonarias asignaciones en dólares para obras eléctricas de compañías estatales venezolanas. En uno de los casos, el grupo llegó a vender maquinaria usada a sobreprecio como si se tratara de equipos nuevos.

El adeco se ha desvinculado del caso exponiendo que no responde por las acciones de su cuñado, pero en un país donde el régimen cerró el oxígeno económico de los partidos, nadie cree que Ramos Allup no conociera en qué andaba el hermano de su esposa y de que forma recibiría una tajada de esos negocios con dólares baratos.

También están los lazos del menor de sus tres hijos, Reinaldo Ramos D’Agostino, quien figuró como socio de una compañía estadounidense que operó negocios con Odebrecht, la constructora brasileña envuelta en la trama de corrupción que financió a varios gobiernos latinoamericanos, entre ellos el régimen de Chávez y Maduro.

Sus críticos también señalan los nexos comerciales del emporio de su esposa, Diana D’Agostino, con proveedores entes proveedores del chavismo, que otorgaron contratos para millonarios proyectos cuyos dividendos, sin duda, fueron a parar a los bolsillos de quienes han financiado dentro de la familia la causa adeca estos años.

El fraude electoral

El origen de la crisis institucional que sufrió Venezuela a partir de 2005 tuvo su engendro en la nefasta decisión de una dirigencia opositora de rechazar acudir a las elecciones del Parlamento bajo el pretexto de que una supuesta “ilegitimidad de fondo” les permitiría hundir al chavismo.

El “cerebro” de esta suicida estrategia fue justamente Ramos Allup, quien se enfrentó a los adversarios al régimen y animó empecinadamente a los opositores a no votar. Los analistas coinciden en que ese error aún se paga con creces. El resultado fue una debacle para Venezuela: el chavismo se hizo del control absoluto de la Asamblea Nacional y creó poderes para que desde el Palacio de Miraflores “el comandante Chávez” gobernara a sus anchas y sin control.

Después de aquel nefasto error, y viendo como AD languidecía por su falta de visión y apoyo popular, Ramos Allup decidió en 2008 sumar su partido –las voces críticas dentro de la oposición prefieren llamarle “empresa familiar”—a la joven Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que nacía como coalición para enfrentar en masa al oficialismo en las entonces venideras elecciones. En 2010, Ramos Allup logró una curul en la Asamblea Nacional desde la cual a duras penas era escuchado.

William Brownfield, embajador de Estados Unidos en Caracas, lo describió como “grosero, abrasivo, arrogante y puntilloso”, en documentos de la misión diplomática revelados por WikiLeaks.

“El problema principal de Acción Democrática tiene nombre: Henry Ramos Allup”, reprochó Brownfield quien fue embajador en Venezuela durante el período 2004-2007.

“En lugar de buscar los votos de los venezolanos, la principal estrategia política de Ramos Allup ha sido pedir ayuda de la comunidad internacional”, criticó el diplomático, para quien era muy molesta la búsqueda de favores y dinero del Gobierno estadounidense por parte del dirigente.

Ese desprecio por quienes le contradicen y que tanto ha caracterizado a Ramos Allup lo volvió un paria para millones de venezolanos. Por ello pocos creyeron en él cuando se hizo del mando del Parlamento. Su pasado y presente contribuyeron a dinamitar a la MUD. ¿La razón? Le perturba –afirman sus críticos- no tener el control absoluto de las decisiones y terminó haciéndole el juego al chavismo.

En julio pasado, Acción Democrática se divorció de la MUD supuestamente debido “a la falta de acuerdos internos”. Eso se tradujo en la decisión del partido de sumarse a las elecciones de gobernadores cuando, la oposición en pleno lo había rechazado ante la falta total de garantías de un proceso electoreal donde el árbitro estaba totalmente controlado por el régimen.

Las fisuras de AD con otros partidos de la unidad se acentuaron tras juramentar a sus gobernadores electos en los comicios de octubre ante la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, cuando un pacto opositor indicaba que no debía ser así. El hecho fue considerado por todos como una concesión a Maduro, pero, sobre todo, una muestra de los acuerdos que Ramos Allup ha suscrito con el régimen.

Para muchos la inclinación de la balanza a favor de la dictadura por parte del adeco refleja no solo una doble moral política o abierto interés de poder, sino también es el fruto de los secretos que el régimen domina para doblegar a quienes, como Ramos Allup, se ha ufanado de ser un “zorro viejo”. Esas alianzas, a todas luces, han permitido la permanencia del chavismo en el poder y la larga calamidad de Venezuela.

Una de sus mayores críticas, la periodista venezolana Patricia Poleo, ha llamado a boicotear la continuidad de Ramos en AD como una receta para aplastar las traiciones dentro de la oposición y asegura que el tiempo del longevo adeco ya ha pasado.

“No entiendo la razón de los adecos en no rebelarse contra Henry Ramos y darle un golpe de Estado interno. Ese señor, no es porque esté viejo [tiene 76 años] o sea un anciano, no, es porque pasó por la Asamblea Nacional y no cumplió. Tuvo su momento y defraudó al país y por eso la gente no lo quiere”, expresó la periodista en un programa televisivo.

Voces dentro de la alta dirigencia opositora acusaron tras bastidores que el adeco apoyó secretamente la inhabilitación del gobernador del estado Miranda y notable figura del antichavismo, Henrique Capriles Randonski, para sacarlo de la contienda presidencial que se daría en 2018.

Al estar encarcelado Leopoldo López, líder del Partido Voluntad Popular, y Capriles sin posibilidad de postularse, Ramos Allup se posesionaba como potencial candidato de la oposición para enfrentar a Maduro.

Consciente de su avanzada edad y el oscuro pasado que lo convierte en una figura impopular entre los jóvenes, Ramos Allup decidió que su plan de “ultima opción” no funcionó. El final de la historia es conocido: Maduro fue reelecto por una maquinaria de fraude electoral.

De “viejo” a “experimentado” y ahora a “traidor”, el espacio de Ramos Allup en la política venezolano ha mutado. Su imagen no es la de un estadista o paladín de la democracia, como lo fueron los padres fundadores de Acción Democrática.

Los sondeos avalan ese hecho. Su voluntad de imponerse a toda costa, le ha ganado el desprecio de un grueso del país. Una reciente encuesta e la firma Meganálisis reveló que apenas 0,7% de la población confía en este político para una futura del Gobierno.

Entre tantos males de casi 20 años de chavismo, dos hechos son irrebatibles: Venezuela ha sufrido un gran saqueo del tesoro nacional y figuras corruptas se han enriquecido mediante aliados y favores en el Gobierno.

Hoy en día son muchos lo que están manchados con el dinero sucio del chavismo. Los más duros críticos de Ramos Allup subrayan que su pasado oscuro en la llamada IV República y ahora su pobre papel de colaborador de la dictadura.

Fuente: Diario Las Américas

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