Published On: Mie, Oct 16th, 2013

Humo blanco en el Congreso de EE UU

-Wall Street respira ante el acuerdo

-El Dow Jones acoge el fin del bloqueo fiscal con un alza del 1,2%

-Ahora está pendiente ver si se logra un compromiso más amplio, a medio plazo

 

 

Warren Buffett al  que suelen escuchar en Washington porque es un inversor no solo exitoso sino con sentido común, confiaba desde hace días en que los legisladores no rebasaran tampoco esta vez “la línea de la estupidez”. Superar el techo de la deuda era un “arma de destrucción masiva”, con la que el oráculo de Omaha advierte de que no se puede jugar y menos aún con una economía a la que le cuesta aún recuperarse tras el colapso de Lehman Brothers.

En Wall Street comparten claramente esa visión. A diferencia de la pasada crisis financiera, esta era una provocada por los políticos y se podía resolver con un pacto. La vuelta a la normalidad se vio con claridad en el mercado de bonos. A primera hora de la mañana, cuando el acuerdo se veía lejos, el tipo de interés en la letras con un mes de vencimiento subió un 30%, hasta rozar el 0,5%. Minutos después bajó un 40%, a 0,2%.

Sigue en todo caso alto respecto al 0,03% de las semanas previas al parón gubernamental. El mercado de acciones también reflejó este relajamiento a 12 horas de que expirara el plazo por el que el Tesoro de EE UU no tendría ya autorización para pedir prestado y poder pagar sus facturas. El Dow Jones acogió por fin el anuncio del acuerdo con un alza del 1,2%. Al resolver los políticos sus diferencias ideológicas, se logra la estabilidad que necesita la economía para avanzar en la recuperación.

Se previene la suspensión de pagos, sí, pero ahora está por ver cómo esta reconciliación sirve también para lograr un compromiso más amplio que permita forjar un plan de sostenibilidad fiscal a medio plazo, algo que viene pidiendo desde hace tiempo la Reserva Federal y el Fondo Monetario Internacional. Porque lo que no quiere ver Wall Street es que vuelva a repetirse el mismo circo político otras vez dentro de unos meses, ni que la austeridad cree un lastre adicional a la lenta recuperación del mercado laboral.

Si EE UU hubiera entrado en las aguas no exploradas del impago, el Tesoro de EE UU habría tenido que hacer verdaderos artificios contables para conseguir el equilibrio posible entre el dinero que llega a las arcas y el que sale. Eso, en la práctica, se habría traducido en un recorte del gasto del 32% y tendría que haber priorizado día a día qué cheques pagar a militares, pensionistas, veteranos y acreedores de su deuda.

Coste del parón

Lo que está por ver es el coste que tendrán dos semanas de parón gubernamental en la economía. El Congreso ya pactó días atrás pagar a la mayor parte de los 770.000 funcionarios que se quedan en casa. Pero se calcula que aún así podría mermar algunas décimas el crecimiento para el cuatro trimestre, que se esperaba del 2,5%. No está claro tampoco si la Fed recibirá a tiempo los datos que necesita para su próxima reunión a final de mes, lo que podría forzarle a retrasar la retirada de estímulos a diciembre.

El problema mayor para la economía de EE UU es también de imagen. El último choque, como el que se vivió el pasado diciembre o en el verano de 2011, muestra que la mayor potencia económica del mundo avanza a modo de crisis política en crisis política. Rebasar el techo de la deuda habría creado una vulnerabilidad enorme al dólar como puerto seguro y forzado a las agencias de calificación a rebajar la nota de solvencia.

 

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