Published On: jue, Nov 8th, 2012
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Independencia socialista

Por: FRANCISCO GÁMEZ ARCAYA

En 1930, el presidente constitucional de Venezuela era el Dr. Juan Bautista Pérez. Pero el jefe supremo del país, no obstante, era el comandante general del Ejército Nacional, el General Juan Vicente Gómez. Ese año, Venezuela se preparaba para conmemorar el primer centenario de la muerte del Libertador. Fueron muchos los eventos que se organizaron para aquel año tan especial. La Plaza Bolívar se vistió de gala, hubo desfiles estudiantiles en las calles, actos religiosos en las iglesias, discursos e inauguraciones.

El 22 de marzo de 1930, el General Gómez se sumaba a esas conmemoraciones con la firma de una peculiar carta. Su destinatario era el presidente de la República. En la carta, el General Gómez le «sugería» al Dr. Juan Bautista Pérez incluir una partida adicional en la Ley de Presupuesto. Una cuenta destinada al pago total del remanente de la deuda de Venezuela, la cual, para la fecha, tenía un saldo de diecinueve millones de bolívares. Vale decir que veintiún años atrás, la deuda pública de Venezuela sumaba un poco más de doscientos diez millones de bolívares. Una suma abultada por compromisos anteriores y por las erogaciones e indemnizaciones que dejaron todas las guerras pasadas. Ese año de 1930, Venezuela concluía el pago de la totalidad de sus compromisos.

En la referida carta, el General Gómez justificaba el pago así: «Hoy, cuando Venezuela toda y con ella la América toda y el mundo, se aprestan a conmemorar el centenario de la muerte de Bolívar, creo que la mejor ofrenda, la más grata y perdurable a su memoria, sea la cancelación total de la deuda externa, suceso histórico por el que el país adquirirá un nuevo lustre y decoro. (…). Si los libertadores realizaron la independencia política -me dije- yo debo completar su obra realizando la independencia económica, fundando la paz y organizando la hacienda pública».

Hoy en día, ochenta y dos años después, las cosas han cambiado en la República Bolivariana de Venezuela que va rumbo al socialismo comunal. Desde 1999 hasta la fecha, la deuda venezolana se ha incrementado en setecientos sesenta y nueve mil millones de bolívares, incluyendo la deuda interna, la externa, las deudas por el Fondo Chino, las de Pdvsa, las expropiaciones no pagadas, y un largo y oscuro etcétera. Todo ello en medio de una bonanza petrolera de magnitudes nunca antes vistas. A pesar de ese caudal inmenso de dinero propio y ajeno, somos un país que importa del exterior lo que consume y sufrimos una infraestructura que se cae a pedazos, literalmente hablando. Por eso, en lugar de mausoleos, exhumaciones y afiches, cuánto más agradecería el Padre de la Patria tener una Venezuela verdaderamente independiente, libre de deudas y próspera. ¡Independencia y patria socialista!, gritan algunos. Pero la historia, los números y los hechos desdicen

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