Published On: lun, Nov 25th, 2013

Iraníes recibidos como héroes y Obama dejado sólo

Los iraníes reciben como héroes a los negociadores

La población espera mejorar sus condiciones de vida tras la reducción de las sanciones de Occidente

Obama se queda solo en la defensa del acuerdo con Irán

La Casa Blanca se enfrenta a la posible aprobación de sanciones en el Congreso y a una revuelta de sus aliados en Oriente Medio

Como si del equipo nacional de fútbol se tratara, varios cientos de iraníes recibieron en la madrugada de ayer a su ministro de Exteriores, Mohamed Javad Zarif, y el resto de los negociadores nucleares en el aeropuerto de Teherán. “Saludos a los embajadores de la paz”, rezaban las pancartas. Aunque en general ha habido más alivio que euforia, su júbilo expresaba el respaldo popular al acuerdo alcanzado 24 horas antes en Ginebra para limitar el programa atómico a cambio de una reducción de las sanciones internacionales. También la prensa, con la excepción de la más ultraconservadora, compartía el entusiasmo.

“Zarif se ha ganado una medalla de oro”, titulaba el diario reformistaArman junto a una fotografía del ministro nada más llegar a Teherán, junto a la hija de uno de los cinco científicos nucleares asesinados en los últimos años. Otros periódicos iban más lejos y sacaban en portada su apretón de manos con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, algo que solo hace cuatro meses hubiera sido impensable. “El apretón que ha permitido salir del atolladero”, encabezaba Etemad.

El apoyo del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, al acuerdo nuclear amortigua en buena medida el malestar de los ultraconservadores, que en todo momento han equiparado la menor concesión con capitular ante EE UU. No obstante, su portavoz más establecido, el Kayhan que dirige Hosein Shariatmadari, aprovechaba la distinta interpretación que iraníes y estadounidenses hacen en lo relativo al enriquecimiento de uranio para asegurar que el pacto “no duró ni una hora” porque Kerry declaró que no reconocía ese derecho de Irán, en contra de lo asegurado por Zarif. “América no es de fiar”, advertía en su portada.

Pero la mayor parte de los iraníes no se paraba tanto en esas disquisiciones interpretativas como en el hecho de que por primera vez en muchos años su país establece una relación constructiva con el mundo exterior. Ese paso abre las puertas al desarrollo y la mejora de las condiciones de vida que durante tres décadas largas se les han negado en aras de la ideología.

“La mayoría de las sanciones impuestas contra Irán estaban afectando a la economía. Lo que hemos conseguido va a permitir que se liberen algunos haberes iraníes. Creo que las cosas van a mejorar, incluso la cotización de la moneda ha subido”, comentaba Mostafa Jafari, uno de los jóvenes que acudió al aeropuerto a recibir al equipo negociador, ante las cámaras de televisión. En efecto, a las pocas horas de conocerse el acuerdo el rial se apreció casi un 3% con respecto al dólar.

A su lado, abrigados contra el frío de la noche, otros jóvenes, chicos y chicas, sujetaban pancartas con la imagen del presidente Hasan Rohaní, el impulsor de la nueva política iraní. En poco más de tres meses al frente del Gobierno, su pragmatismo ha conseguido romper el aislamiento internacional de Irán y alejar el espectro de un ataque militar. Ahora, el compromiso recién alcanzado con las grandes potencias le da margen para ponerse manos a la obra con los problemas que más preocupan a sus ciudadanos: la inflación galopante, las altas tasas de paro y la recesión.

“No me opongo al derecho a enriquecimiento. Pero también tengo otros derechos como el derecho a tener un trabajo o ver el desarrollo de mi país”, escribió recientemente una joven identificada como Saghar en la página de Facebook de Zarif. El ministro, un astuto usuario de los medios sociales a pesar de que siguen prohibidos en Irán, anunció el domingo por esa vía la conclusión del acuerdo. Pocas horas después 169.000 personas habían pulsado el icono de “me gusta”. Muchos de los que añadían comentarios le daban las gracias.

Obama se queda solo en la defensa del acuerdo con Irán

La Casa Blanca se enfrenta a la posible aprobación de sanciones en el Congreso y a una revuelta de sus aliados en Oriente Medio

Barack Obama afronta el reto más importante de la política exterior de su presidencia, la reconciliación con Irán, en absoluta soledad, sin apoyos claros ni dentro ni fuera de Estados Unidos, obligado a demostrar en poco tiempo que existen garantías verificables de mantener el programa nuclear iraní bajo control y que no existe peligro inmediato para los principales aliados norteamericanos en Oriente Medio.

La posición de Obama tras la firma de acuerdo interino es bastante más incómoda que la de sus colegas europeos en Ginebra. El presidente norteamericano, no solo se enfrenta a una dura oposición de ambos partidos, incluido el suyo propio, en casa, sino que ve amenazada la arquitectura tradicional de influencia de EE UU en la región. Israel y Arabia Saudí, los dos pilares sobre los que se ha asentado la estrategia norteamericana, están en contra del pacto con Irán y reconsiderando sus relaciones con Washington.

En realidad, ambos focos de oposición están vinculados. El rechazo al acuerdo en el Congreso estadounidense es, en parte, reflejo de las quejas de Arabia Saudí y, sobre todo, de Israel. Al mismo tiempo, ambos países están decididos a plantar cara a Obama porque saben que cuentan con poderosos amigos en el Capitolio.

Aunque el compromiso firmado en Ginebra abre un periodo de seis meses para consolidar los acuerdos todavía provisionales, Obama no tiene un plazo tan largo para vencer la resistencia detectada en el Senado. Varios senadores, tanto demócratas como republicanos, han expresado su intención de discutir un nuevo paquete de sanciones a Irán a comienzos del mes próximo, en cuanto acabe el actual receso de Thanksgiving (Acción de Gracias).

Fueron las fuertes sanciones, no el buen corazón de los líderes iraníes, lo que llevó a Irán a la mesa de negociaciones”, recordó Schumer

Uno de los que se ha manifestado a favor de considerar esa opción es uno de los habituales aliados de Obama en otros aspectos de su agenda, el senador demócrata Charles Schumer, quien se ha quejado de que el acuerdo de Ginebra “carece de la necesaria proporcionalidad” y, por tanto, “aumenta la posibilidades de que demócratas y republicanos actuemos juntos para aprobar nuevas sanciones en diciembre”. “Fueron las fuertes sanciones, no el buen corazón de los líderes iraníes, lo que llevó a Irán a la mesa de negociaciones”, recordó Schumer.

De parte de los republicanos, la oposición al pacto con Irán estaba ya garantizada desde antes de anunciarse. El senador Mark Kirk, que encabeza la política de su partido en este asunto, ha declarado que el régimen islámico ha hecho solo “concesiones cosméticas” y que no puede aceptarse nada que no sea el “completo congelamiento del programa nuclear”. El senador John McCain ha calificado la política exterior de esta Administración como la peor que ha conocido en toda su vida.

Si la oposición del Congreso se concreta en la aprobación de nuevas sanciones contra Irán en los próximos días, Obama podría verse obligado a vetarlas para impedir que descarrile todo el proceso en marcha. Uno de los instrumentos de la Casa Blanca para evitar llegar a ese punto es tratar de aplacar la ira de Israel, lo que ha ya ha empezado a hacer con una llamada telefónica de Obama al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

El senador McCain ha calificado la política exterior de esta Administración como la peor que ha conocido en toda su vida

El argumento principal de la Administración es el de que, a largo plazo, la seguridad de Israel se verá mejor garantizada por un acuerdo verificable que impida la construcción de armas atómicas en Irán que por un ataque militar que podría desencadenar duras represalias contra Israel sin asegurar que fuera destruida por completo la capacidad nuclear iraní.

Además de los beneficios para la seguridad en Oriente Medio, EE UU tiene por delante, en el caso de que este acuerdo prospere, una opción para remodelar la región, como se pretendió antes con la guerra de Irak, pero desde una posición mucho más realista y viable. Al margen de la alianza con Israel, que es irreversible y está fundamentada en principios que desbordan los intereses nacionales, EE UU lleva tiempo detectando un debilitamiento de su posición en Oriente Medio. La dependencia de Arabia Saudí se ha agudizado en los últimos años, al tiempo que otros aliados importantes, como Egipto, perdían relevancia por culpa de sus revueltas internas.

La necesidad de un reajuste de la posición de EE UU parece evidente, con o sin acuerdo con Irán. El acuerdo obtenido en Ginebra podría permitir abordar ese reajuste con la colaboración de Teherán. La posibilidad debería ser lo suficientemente atractiva como para que Obama pudiese encontrar aún aliados en el camino.

El País

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  1. […] Para Irán, que ha estado desde 2006 sujeto a sanciones de las Naciones Unidas que han impactado notablemente su economía, el centro de las negociaciones fue conseguir suavizar las sanciones financieras de la comunidad internacional para levantar su economía. En este sentido, el acuerdo significa un gran triunfo para el pueblo iraní, que recibió como héroes a sus negociadores. […]

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