Published On: sáb, Jul 21st, 2018

Jefa de pastelería de El Celler de Can Roca, el segundo mejor restaurante del mundo, es la venezolana Angélica Locantore

Venezuela entra en una cazuela y llega triplicada a El Celler de Can Roca

El segundo mejor restaurante del mundo, El Celler de Can Roca tiene como jefa de pastelería a Angélica Locantore, una venezolana de 30 años que utiliza el chocolate, el ron, la parchita y el mango. La jefa de sala y un camarero son sus compatriotas.

El pasado junio, The World´s 50 Best Restaurants of 2018 reconoció al restaurante español El Celler de Can Roca como el segundo mejor del mundo. Y dentro de El Celler se encuentran tres venezolanos que transmiten su creatividad, personalidad, esencia y talento en las propuestas de este restaurante top del mundo.

El Celler de Can Roca está ubicado en Gerona, España, y ha sido reconocido durante varios años como uno de los mejores restaurantes del mundo. Su propuesta caracterizada por mantener un estilo libre ha logrado impresionar el paladar de expertos gastronómicos, clientes y críticos. Los hermanos Joan, Josep y Jordi Roca se esfuerzan día a día por mantener la calidad de sus propuestas, por innovar para impresionar y por plantear estrategias para seducir paladares.

A veces, los sueños parecieran demasiado grandes para ir tras ellos, como que un venezolano forme parte de ese grandioso restaurante. Pero la valentía, dedicación, perseverancia y esfuerzo es lo que caracteriza a las personas que nacen en Venezuela. Ese es el caso de Angélica Locantore, Marianna Suarez D’Alessandro y Enrique Moreno, tres venezolanos que con una maleta en mano y lleno de sueños decidieron emigrar a España para dejar el nombre del país en alto y que hoy en día le inflan el pecho de orgullo a muchos venezolanos.

Desde que Angélica era una niña, las reuniones familiares eran una sabrosa rutina dominguera donde la pasta era preparada desde cero con mucho cariño entre todos los integrantes de los Locantore. Su madre era una excelente cocinera quien, junto con la nonna, se encargaba de hacer la pasta mientras su padre preparaba la salsa. Por su parte, Angélica se dedicaba a jugar con la harina y crear sus propias formas.

A los 12 años, Angélica comenzó a practicar todas las tardes en un restaurante en Los Palos Grandes durante las vacaciones del colegio. Posteriormente, cuando tenía 15, estudió panadería en el Grupo Académico Panadero Pastelero (GAPP) y un año después estudió pastelería en ese mismo instituto.

“Siempre estuve motivada a aprender y cada año buscaba los mejores sitios para practicar en Caracas. Yo no decidí ser pastelera, la vida se ha encargado de hacerme volver a la pastelería”.

Y… ¿cómo llegó la pequeña niña que jugaba con harina a ser la jefe de pastelería de El Celler? Angélica explicó que, al graduarse de Nutrición y Dietética de la Universidad Central de Venezuela, se mudó a Barcelona (España) para estudiar hostelería en la escuela Hofmann donde, a los tres estudiantes más destacados  de la promoción les conseguían prácticas en el mejor restaurante de España. Angélica se esforzó y lo consiguió.

“El Celler de Can Roca era el número dos del mundo y me esforcé muchísimo para quedar entre los primeros de la clase. Así empecé mis prácticas que duraron casi 8 meses”.

A pocos meses de comenzar las prácticas, también surgió una oportunidad de un viaje a Hong Kong durante 10 días por un evento. Solo escogían a un pasante por área y Angélica fue seleccionada entre todos los pasantes de pastelería.

Actualmente, a los 30 años Angélica es la jefa de pastelería del restaurante en donde empezó a hacer prácticas. Hoy en día se encarga de crear, organizar, motivar y dirigir el área dulce del segundo mejor restaurante del mundo. Para Angélica esta experiencia le ha permitido sentirse orgullosa de ser venezolana y la ha impulsado a dar lo mejor de ella  para que su país, Venezuela, pueda volver a estar entre los mejores del mundo. Como afirma Locantore: “Los venezolanos tienen con qué”.

Angélica define su estilo dentro de la pastelería como una fusión entre lo clásico y lo moderno, le apasiona la libertad y los paisajes. La venezolana asegura que estar lejos de su país natal la ha hecho reflexionar sobre los recuerdos.

“Mi estilo tiene un poco de sabor, recuerdo, y técnica. Gracias a Dios he podido aprender de los que considero mis influencias: Eladia Ayala, Mey Hofmann, Jordi Roca, Melissa Coppel, Marijn Coertjens, Michel Bras, Amaury Guichon, Yann Duytsche, Sthephane Klein”.

Asimismo, Angélica se esfuerza por integrar ingredientes que representen a su país. Cuando utiliza ron o chocolate, la jefa pastelera trata de que sean venezolanos. De la misma forma, siempre intenta utilizar frutas como la parchita y el mango. Usualmente lo hace en los petit fours, pasteles pequeños de masa fina, que se sirven a la hora del café.

Uno de los aspectos más característicos de Angélica es que muchas de sus presentaciones están inspiradas en árboles. Locantore expresó que uno de los elementos que extraña más de su país son los paisajes del día a día como el araguaney, la acacia, el caobo, el samán y el apamate. Para ella, la frase del escritor catalán Josep Pla resume perfectamente su sentimiento y el amor por su tierra: “La cocina de un país es un paisaje metido en la cazuela”. Esta frase  ha sido su fundamento y su dirección.

Un ejemplo de ello es su postre Araguaney con sabores de mango, ron, parchita chocolate y café. Angélica explicó que esta creación surgió durante una competencia que realizó El Celler entre los practicantes  del área dulce y salada. Desde un principio, se dio cuenta de que quería mostrarle a los hermanos Roca eso que ella tanto añoraba de Venezuela; pensó en sabores que le recordaran a su país (parchita, mango, chocolate, café y sarrapia) y dibujó un árbol en un papel.

Otro dulce árbol de su autoría fue “Madagascar, la isla roja” que fue creado para la competencia de Valrhona. Es un mousse de chocolate y vainilla de Madagascar, que si se ve desde arriba tiene la forma de la isla. El orden del plato va del “cacao al chocolate”, empezando por un helado con forma de haba de cacao, sabor a pulpa de cacao y frambuesa, semillas miméticas de cacao con sabores de té de frutos rojos, pimienta de Madagascar y licor de frambuesa y, finalmente, la isla de chocolate, vainilla y frutos rojos, rodeada de jalea de frambuesa.

Como planes a futuro, Angélica quiere enseñar y compartir sus conocimientos con jóvenes entusiastas por el mundo culinario. El año antes de irse a Barcelona, le dieron la oportunidad de ser ayudante en las clases de repostería de la profesora Eladia Ayala. La experiencia fue gratificante e inspiradora.

“A los venezolanos que quieren llegar lejos, luchen por sus sueños, levántense cada mañana y trabajen por ello, lean y estudien, no se conformen. La cocina es dura y sacrificada, pero si es tu pasión va a ser gratificante. No siempre te reconocerán el trabajo bien hecho, aun así, da lo mejor de ti, siempre. Buscar alguien de quién aprender, practicar y dominar las técnicas básicas es importante”.

 La sala de El Celler tiene talento venezolano.

Además de que el ADN de Venezuela se encuentre en cada una de las preparaciones de la pastelería de El Celler, la sala del restaurante tiene dos venezolanos que se esfuerzan por ofrecer un excelente servicio y brindarles a los clientes una experiencia única. Si bien la comida es importante, la experiencia culinaria no está completa sin una buena atención y un grato ambiente.

Para Marianna Suarez D’Alessandro, jefa de sala, estar en El Celler de Can Roca significa y ha significado su carrera profesional. Marianna comenzó a trabajar en el restaurante cuando tenía 18 años, lo que le ha permitido vivir muchos cambios y formar parte de la evolución del restaurante.

“Siempre me he sentido en casa y ahora ser la jefa de sala (desde hace dos años) es un honor y un orgullo. Estoy sumamente agradecida por la oportunidad y la confianza que me han brindado, haciéndome sentir de la familia”.

Por su parte, Enrique Moreno compartió que el hecho de ser camarero de uno de los mejores restaurantes del mundo le parece una experiencia divertida. Para él significa un reto diario adaptarse a toda clase de clientes, personalizar el servicio y responder a todas las necesidades de los comensales.

“Para mí, ser camarero de El Celler me parece divertido, porque es una sala muy natural sin movimientos forzados, es espontáneo”.

Definitivamente, los venezolanos pueden llegar hasta donde sus sueños y su imaginación se lo permitan. Para nosotros es un orgullo poder compartir noticias como estas que nos inflan el pecho de esperanza, motivación y felicidad. Angélica, Marianna y Enrique han demostrado que nada es imposible y que el talento venezolano puede llegar y triunfar a cualquier rincón del mundo.

Fuente: El Estímulo

 

 

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