Published On: vie, Ene 18th, 2013

La bicefalia palaciega

Por:  Fernando Facchin B.

La agonía de quienes inconstitucionalmente detentan el mando desata una crisis de estado, provocada bajo el raído manto jurídico del TSJ y una demostración de fuerza militar que pretende en realidad ocultar la debilidad política del gobierno que en lo actual carece de oferta institucional política y democrática para el país la que intenta disimular mediante amenazas,  intimidación, violencia y represión. Esa esclerosis política de un gobierno cada vez más débil, atrapado en la bicefalia político-palaciega, mantiene al país deprimido e institucionalmente paralizado. 

En el grotesco espectáculo que significa la bicefalia mencionada, podemos apreciar la prueba fehaciente del fracaso revolucionario; discursos de tartufos, vaciados de intelecto; el desequilibrio intelectual observado cae, más que en el servilismo, en un entreguismo absoluto ante un pragmatismo sin doctrina cuya única obsesión es el poder y el dinero. José Martí dijo: “Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan; los que odian y deshacen”,  los del segundo bando son aquellos que no vacilan en despreciar y destruir la legalidad. El bicefalismo palaciego, es la contrafigura del ideal del imperio de la razón, es una fórmula ligada a la obsecuencia para no caer en el ostracismo, en el aislamiento y perder las canonjías del poder. 

Es momento oportuno para citar a Pío Gil en “Los felicitadores” (1911), “El servilismo y el despotismo se han colocado frente a frente; (…) El servilismo produce el despotismo, y éste, a su vez, genera aquel. (…) De manera que los áulicos son co-autores con el déspota de la ruina de un país. (…) Se proscribe a los hombres inflexibles y se utiliza a los hombres dúctiles, (…) Aplaudidores sistemáticos de todos los actos del gobierno. (…)”. “La adulación tiene un reverso sombrío: la traición. Judas besó a su maestro antes de entregarlo. Detrás de un adulador fatalmente se esconde un traidor. (…) Corresponsables de todos los infortunios de la Patria son los palaciegos. (…)” 

Frente este desvencijado circo político, el sentimiento popular se levantará y enarbolará las banderas de las reservas morales de la nación para terminar con la mediocridad moral e intelectual que nos rodea, ante la figura de los dos “Mujiquitas”, “bicéfalos palaciegos”, hombres dúctiles e indecorosos que se conforman con poner la cara adecuada y decir la frase melosa en el momento preciso, ciñéndose a un guión previamente elaborado, demostrando que son prisioneros de la angustia por la debilidad del régimen, la cual se acerca cada día a su máxima intensidad y por eso responden irracionalmente ante la realidad de una verdad que pretenden hacer ver como irreal dentro de una inaceptable impudicia política, donde prefieren la mentira consentida que les mantiene subidos al pedestal de la hipocresía, del cinismo y la liviandad. La bicefalia palaciega destruye la institucionalidad y la paz de la república.

 Fernando Facchin B./ffacchinb@gmail.com

 

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