Published On: vie, Oct 4th, 2013

La crisis del cierre del gobierno de EE UU

-Lagarde alerta del “muy serio daño” que puede provocar la crisis fiscal en EE UU

-La directora del FMI afirma que el recorte del gasto por el enfrentamiento político es un lastre

El cierre administrativo en EE UU acerca la amenaza de la suspensión de pagos

Obama responsabiliza al presidente de la Cámara de Representantes del cierre

-El Tesoro de EE UU advierte de que puede provocar una recesión peor que la de 2008

 

Tercer día de parón gubernamental en EE UU por falta de presupuesto, y nuevo toque de atención a los legisladores en Washington para que solucionen pronto sus diferencias. Este llega desde el Fondo Monetario Internacional. Su directora gerente, Christine Lagarde, ha advertido este jueves de que el drama político puede acabar provocando “un muy serio daño, no solo a la economía de EE UU, sino a la economía de todo el planeta”. Asi lo analiza el diario El Pais de Espana:

“Lagarde, en el discurso previo a la reunión de otoño que organiza el organismo y el Banco Mundial, dice que el cese parcial de la Administración estadounidense “ya es suficientemente mala”. “Pero el fracaso al elevar el techo de la deuda federal es mucho peor”, apuntó. Como viene repitiendo desde hace tiempo, EE UU debe afrontar sus problemas fiscales con calma y cuanto antes.

Los grandes ejecutivos de Wall Street ya alertaron el miércoles que las cosas se pueden poner muy feas si se llega al 17 de octubre sin un acuerdo para elevar el límite de endeudamiento. Se entrará en un territorio nunca explorado, con efectos que pueden ser muy severos no solo para la economía de EE UU, también para el sistema financiero global y eso es lo que preocupa al FMI.

Por su parte, el Tesoro de EE UU volvió a advertir al Congreso de las consecuencias “catastróficas” de no elevar a tiempo el techo de la deuda federal, al decir que provocará una recesión que “puede ser igual o peor a la de 2008”. También señala que se perciben las primeras señales de que el debate fiscal actual está afectando a los mercado financieros. Por eso considera que la única manera de salir de esta crisis es “actuando”.

Técnicamente, la mayor potencia económica del planeta estará en una situación de impago porque no tendrá efectivo para cubrir sus obligaciones legales. EE UU ya tocó ese límite, fijado en los 16,7 billones de dólares, en mayo. Sin embargo, logró gracias a la adopción de medidas contables extraordinarias mantener su capacidad de pedir prestado sin rebasarlo.

El margen de maniobra del Tesoro se agota, y podría suceder incluso algunos días antes de esta fecha guillotina, momento en el que el Gobierno tendrá que empezar a priorizar que es lo que paga antes con lo que le queda en caja. Dos semanas después de ese momento, la situación será realmente fea porque la deuda es el motor central para dar liquidez a la economía.

En su intervención, Lagarde hace mención al lastre que está provocando el recorte del gasto derivado del último choque político. Pero a la vez que pide se rebaja la presión por ese lado, señala que EE UU debe contar con un plan que le permita reducir la deuda. “La incertidumbre política no ayuda a hacer frente a ese reto”, lamentó. Por eso considera “crítico” que se resuelva el impasse.

Los economistas de Citigroup consideran que lo que menos se necesita en este momento de la recuperación es incertidumbre y falta de confianza. Por eso piden al presidente, a los demócratas y a los republicanos que se comporten como adultos. Como otros analistas, desde Moody´s reiteran que más se acerque el 17 de octubre, más se correrá el riesgo de caer en otra recesión.

En el escenario dibujado por Christine Lagarde, EE UU es ahora una sombra importante. No solo por la crisis fiscal. El otro punto de atención es el proceso de retirada de estímulos monetarios y cómo eso puede afectar a los países emergentes. “La salida se iniciará pronto”, augura, un proceso hacia la normalización monetaria que espera se realice “con mucho cuidado”.

“Una responsabilidad especial”

“Como eso va a afectar a tantos mercados y personas por el mundo, EE UU tiene una responsabilidad especial”, remachó la alta funcionaria. Lagarde destacó en su discurso la fortaleza de los emergentes, al decir que los últimos cinco años fueron los que “mantuvieron la economía global a flote”. Pero ese ímpetu se modera y crecen dos puntos y medio por debajo a 2010.

El final de la política de dinero barato en las economía avanzadas está provocando que el capital que fluía hacia esos mercado retroceda. Una política más laxa monetaria podría ayudar a compensar en algunos países, pero hay otros, como Brasil, que por la alta presión inflacionista “tienen menos margen de maniobra”. Tampoco ve mucho para recurrir a políticas fiscales.

Respecto a la situación en Europa, augura que tras seis trimestres en recesión, la economía volverá a crecer el año próximo cerca de un 1%. Pero un 12% de paro de media lo considera aún “demasiado alto”, especialmente entre los jóvenes, grupo en el que uno entre cada dos no encuentra trabajo. Aunque reconoce los avances en la integración fiscal y financiera, dice que “hay que hacer más”.

El FMI publicará la semana que viene sus previsiones económicas. Sin dar cifras, habla de un crecimiento global que califica de “tenue”. En algunas economía avanzadas, señala, se ven finalmente “signos de esperanza” gracias a una expansión más robusta, al retorno de la estabilidad financiera y a que las cuentas públicas se están saneando. Aunque Lagarde dijo que “la niebla de la crisis empieza a levantarse”, cree que la recuperación plena de la recesiónserá un proceso que llevará más de una década.

-Fracasa la reunión de Obama con los líderes parlamentarios para buscar una solución

Con gran parte de la administración federal cerrada por segundo día consecutivo y sin visos de una solución inmediata, empieza a cundir la alarma de que no se consiga tampoco un acuerdo para evitar que Estados Unidos se declare en suspensión de pagos, un riesgo que el Tesoro considera inminente. El Gobierno está agotando el último dinero del que dispone para pagar las cuentas, pero se quedará sin recursos a mediados de octubre si el Congreso no le permita elevar su techo de endeudamiento.

Ambos problemas confluyen peligrosamente y crece el convencimiento, tanto en el Congreso como en la Casa Blanca, de que habrá que resolverlos simultáneamente si se quiere sortear una crisis mayúscula que arrastraría a la economía norteamericana y, probablemente, a la del resto del mundo a un gravísimo periodo de incertidumbre. No va a ser sencillo.

Una reunión convocada este miércoles por Barack Obama con los líderes parlamentarios en busca de una solución concluyó sin éxito después de hora y media. “No van a negociar”, salió diciendo el presidente de la Cámara de Representantes y líder republicano, John Boehner. “Nosotros vamos a seguir reclamando justicia para el pueblo norteamericano sobre Obamacare (la denominación que despectivamente usan los enemigos de la reforma sanitaria)”, manifestó.

El Partido Republicano sigue condicionando, tanto la extensión del presupuesto para reabrir los servicios públicos federales, como la elevación del techo de deuda para evitar la suspensión de pagos, a que el presidente haga concesiones en retrasar o rebajar los objetivos de su reforma sanitaria, algo a lo que Obama se niega rotundamente.

Ante el bloqueo del diálogo, la principal esperanza de la Casa Blanca radica en que empiezan a asomar divisiones dentro de los republicanos y en que la opinión pública culpa más a estos que al presidente de la situación actual. La lista de republicanos de la Cámara de Representantes que están dispuestos a conceder al Gobierno, sin condiciones, el dinero que requiere para funcionar ha crecido en las últimas horas. Probablemente, ya existen los votos suficientes como para sacar adelante la extensión del presupuesto, pero lo que no existe aún es la voluntad política del líder republicano, John Boehner, de darun paso que irritaría al Tea Party y, tal vez, provocaría una fuerte ruptura en el partido de la oposición a un año de las elecciones legislativas.

Obama iba a transmitir a los líderes parlamentarios los perjuicios que la situación actual está causando y los todavía mayores que pueden causar. El presidente ha tenido que recortar una gira prevista por Asia –de cuatro países a los que se había anunciado la visita, sólo viajará a dos-. 800.000 empleados públicos no están recibiendo sus salarios. Las pérdidas por el cierre de la administración se calculan por encima de los 1.500 millones de dólares mensuales. El crecimiento económico puede reducirse si la parálisis se extiende. El precio de los bonos estadounidense está aumentado, y la cotización del dólar, amenazada.

Todo eso irá empeorando cada día, no solo en términos económicos sino también en cuanto a imagen y liderazgo de la mayor potencia mundial, hasta llegarse a la catástrofe de la suspensión de pagos. Como anticipación a la reunión convocada este miércoles por Obama, el secretario del Tesoro, Jack Law, envió una carta a los congresistas en la que les advertía que los mecanismos de emergencia para evitar sobrepasar el techo de deuda se están agotando, y que el próximo día 17 quedarán en las arcas del Estado 30.000 millones de dólares, la mitad de lo que se requiere para responder a los pagos previstos para ese momento.

Uno de los grandes problemas de la negociación intentada por Obama es que el margen de flexibilidad es mínimo: uno de los dos lados tendrá que rendirse para salir de este caos. La opinión pública parece inclinada a que lo hagan los republicanos. Más de un 70% de los norteamericanos, según varias encuestas, se oponen al cierre del Gobierno para acabar con la reforma sanitaria, lo que incluye a una gran parte de personas que se oponen a esa ley.

Los republicanos moderados temen que estén enterrando en esta crisis sus opciones de presidir el país por mucho tiempo. La imagen de un partido temerario, al que se puede recurrir para agitar pero en el que no se puede confiar para gobernar, se va consolidando minuto a minuto. En algún momento de los próximos días, el Partido Republicano tendrá que elegir entre entrar en conflicto con el Tea Party –con el que se siente identificado menos del 20% de los electores, pero que controla las bases conservadoras- o ganarse la antipatía de la mayoría de la población.

-Es la primera vez que el presidente acusa expresamente a alguien por el cierre de la Administración

Sin perspectivas de que en el Capitolio se forje un acuerdo sobre el presupuesto que acabe con el cierre de la Administración en Estados Unidos y cuando se acerca la fecha final para evitar la suspensión de pagos, el presidente del país, Barack Obama, ha hecho responsable de la parálisis en Washington, por primera vez desde que el comienzo de esta crisis, al presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, y a su obsesión por contentar al Tea Party,  Además de exigir el final inmediato del cierre del Gobierno, Obama ha dejado patente este martes que, más allá del impacto negativo que la falta de presupuesto va a ocasionar a la economía estadounidense, la falta de consenso para elevar el techo de la deuda sí tendrá efectos devastadores en la recuperación de la nación y en el resto del mundo.

“El cierre de la Administración podría terminar hoy mismo porque hay muchos republicanos que están a favor de votar un presupuesto limpio que no incluya menciones a otras disposiciones”, ha señalado el presidente en un acto en la sede de una constructora familiar en Rockville (Maryland). “Pero el presidente de la Cámara de Representantes no va a permitirles que digan sí o no, simplemente porque no quiere enfadar al ala extremista de su partido”.

El presidente de la Cámara de Representantes no va a permitir una votación de unos presupuestos limpios porque no quiere enfadar al ala extremista de su partido”

Barack Obama

Hasta ahora, Obama había insistido en que su país estaba siendo rehén de la “cruzada ideológica” encabezada por el Tea Party contra su reforma sanitaria, la moneda de cambio que han empleado los republicanos en la cámara Baja para aprobar la financiación de las arcas públicas del Gobierno. En esta ocasión, y sólo horas después de haberse reunido con él y con el resto de los líderes del Congreso en la Casa Blanca para debatir el cierre del la Administración, el presidente ha nombrado a Boehner en varias ocasiones para responsabilizarlo expresamente de la situación. La sintonía entre ambos mandatarios no es buena, pero a lo largo de las crisis fiscales de los últimos meses -abismo fiscal y secuestro-, el presidente nunca había puesto al presidente de la Cámara de manera tan directa en la diana de sus críticas como hasta este jueves.

Obama ha denunciado que tras la posición republicana no se encuentra “un problema de déficit o de deuda, sino la obsesión de una fracción de ese partido por desmantelar la reforma sanitaria”. De acuerdo con varios diarios estadounidenses, cada vez es mayor el número de republicanos en la Cámara de Representantes que apoyaría, como ha defendido el presidente, una votación sobre una legislación presupuestaria que no incluya enmiendas referidas a la ley de salud de Obama. Boehner ha insistido este mismo jueves en que no permitirá que se vote una ley “limpia”, que no contemple una demora de la puesta en marcha de la reforma sanitaria.

Tan insensato como un cierre de la Administración sería un cierre de nuestra economía. Los resultados de una suspensión de pagos serían muchísimo peores”

Barack Obama

 El presidente, no obstante, ha querido centrar su discurso en alertar sobrelas graves consecuencias si los republicanos mantienen esa misma actitud en el debate sobre el techo de la deuda. “Tan insensato como un cierre de la Administración sería un cierre de nuestra economía. Los resultados de una suspensión de pagos serían muchísimo peores”, ha advertido Obama, horas después de que el Departamento del Tesoro emitiera un informe muy pesimista sobre los efectos económicos en el caso de que el Congreso no acuerde elevar antes del 17 de octubre el actual techo de deuda de 16,7 billones de dólares. “La falta de consenso nos llevará a la recesión y si nosotros la fastidiamos, todos se fastidian. La economía mundial tendrá problemas y eso sería la mayor de las irresponsabilidades”, ha señalado el mandatario.

Obama ha adelantado que en el debate para eludir la suspensión de pagos no va a aceptar ningún tipo de negociación y menos en condiciones similares a las que ahora está imponiendo el ala más reaccionaria del Partido Republicano. “Yo estoy dispuesto a dialogar, pero no cuando tengo una pistola sobre mi cabeza, y mucho menos cuando esa pistola apunta a los ciudadanos estadounidenses”, ha denunciado. Horas después, Boehner ha reconocido a varios colegas de partido que hará lo que sea necesario para evitar la suspensión de pagos, de acuerdo con The Washington Post.

Mientras el presidente defendía la posición de la Casa Blanca en esta crisis presupuestaria y fiscal, la Cámara de Representantes debatía varias propuestas de ley para abrir la subvención a determinadas áreas del Gobierno afectadas por el cierre. El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, y la propia Casa Blanca han dejado claro que no respaldarán una financiación parcial de los servicios públicos.”

 

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