Published On: lun, Feb 3rd, 2014

La defensa de los Seahawks destrozo a los Broncos en el Superbowl

 El pasado verano, durante una de las concentraciones de los Seahawks de Seattle, su quarterback, Russel Wilson, les contó a sus compañeros cómo su padre, fallecido hace cuatro años por una complicación derivada de la diabetes, siempre le decía: “¿Russ, por qué no tú?”, para animarle cuando sus esperanzas de poder jugar en esa posición flaqueaban. Esa misma pregunta se la trasladó al resto de los jugadores: “¿Por qué no nosotros?”, de cara a sus metas para la temporada. Este domingo, la consigna se hizo realidad y los de Seattle se alzaron con su primera final del Super Bowl, arrasando a los Broncos de Denver. Su victoria 43-8, no solo escenificó el triunfo de la mejor defensa de la liga sobre el mejor ataque, sino que cerró a Peyton Manning, el mariscal de campo de los de Denver, el paso franco hacia el Olimpo de la NFL.

El origen de la debacle de los Denver estuvo en los instantes iniciales del encuentro

La carrera de Manning y los impresionantes números de esta temporada, fijando nuevos récords de pases en la historia de la liga de fútbol profesional de EE UU- 55 de touchdowns y 5.477 (casi cinco kilómetros) yardas avanzadas con sus lanzamientos-, eran, a priori, los principales factores de presión para que el quarterback de Denver no pudiera apuntalar definitivamente su leyenda con una nueva Super Bowl –ya ganó otra con los Colt de Indianápolis es 2007-. El domingo, en el estado MetLife de Nueva Jersey, a la presión interna de Manning, los Seahawks sumaron la intimidación de su avasalladora defensa. La trayectoria del quarterback de 37 años es irreprochable pero un currículum con dos finales perdidas y una sola ganada es una sombra embarazosa.

El origen de la debacle de los Denver estuvo en los instantes iniciales del encuentro. Manning no alcanzó a atrapar el pase de snap del centro Manny Ramírez. El quarterback de los Broncos, un estudioso incansable del equipo rival, que devora vídeos, escudriña jugadas, las crea y las gestiona, nunca previó un comienzo así, quizás porque nunca hasta entonces una final del Super Bowl se había inaugurado con una jugada de Safety. El error no sólo le costó a los Broncos los dos primeros puntos del partido, sino la entrega del balón a los Seahawks, un revés inesperado que anquilosó los ánimos del equipo y del que no se recuperó.

El error no sólo le costó a los Broncos los dos primeros puntos del partido, sino la entrega del balón a los Seahawks, un revés inesperado que anquilosó los ánimos del equipo y del que no se recuperó

Pete Carroll, el entrenador de los de Seattle, tenía muy claro que la clave para anular a Manning, el eje sobre el que pivota el ataque de Denver, era hacerlo sentir incómodo, impedirle pensar antes de dirigir el pase. Sus jugadores ejecutaron la estrategia a la perfección. El quarterback de los Broncos es un jugador frágil físicamente al que no le gusta el contacto con las defensas rivales. La de los Seahawks interceptó varios de sus lanzamientos y llegaron a rozarle en más de una ocasión. -Manning ha sido presionado en 72 ocasiones a lo largo de esta temporada y solo en 20 de ellas fue capturado por un contrario-.

Los de Seattle salieron al campo a aprovecharse de los deslices que su presión provocara en los Broncos, más de que a desarrollar su propio juego, y se ciñeron a ese guión durante la primera mitad. En la segunda, la desesperación de los de Denver les permitió disfrutar, además, de sus propios aciertos.

Ni los aspavientos característicos de Manning, ni sus gritos ordenando jugadas con nombres en clave que varían de significado en cada jugada, permitieron arrojar un poco de claridad al ataque de los Broncos. La Defensa del Boom de los Seahaws, como ellos mismos han dado en llamar al muro compacto y sincronizado que forman Kam Chancellor, Richard Sherman, Earl Thomas y Byron Maxwell, impidieron a Denver poder jugar a través de pases aéreos, que es como han cimentado su temible ofensiva esta temporada.

Los de Seattle salieron al campo a aprovecharse de los deslices que su presión provocara en los Broncos, más de que a desarrollar su propio juego

Si la línea de ataque de los Broncos fue poco menos que un espectro, durante los dos primeros cuartos del encuentro, fue su defensa la que mejor se acompasó en el campo. Los de Seattle se fueron al descanso ganado, pero la mayoría de sus tantos fueron goles de campo y no touchdowns, una muestra de la incomodidad a la que sometieron a su línea ofensiva los de Denver, durante buena parte de la primera fase de la final. Hasta el segundo cuarto, cuando Marshawn Lynch anotó el primero de los touchdowns de Seattle. Casi al filo del intermedio, su linebacker Malcolm Smith interceptó un pase de Manning dirigido hacia el corredor de los Broncos, Knowshon Moreno, y se lanzó a una carrera de más de 60 metros para anotar, dejando el marcador en un 15-0 para los de Seattle.

La actuación en el intermedio de Bruno Mars y los Red Hot Chili Pepers no sirvió para conjurar el juego errático de los de Denver, que comenzaron el tercer cuarto cediendo un nuevo touchdown a los Seahawks, anotado por Percy Harvin. Esa jugada, con los ecos del pitido del tercer tiempo aún audibles, unida al error de los primeros instantes del inicio del partido, apuntilló definitivamente las esperanzas de los Broncos,

La actuación en el intermedio de Bruno Mars y los Red Hot Chili Pepers no sirvió para conjurar el juego errático de los de Denver, que comenzaron el tercer cuarto cediendo un nuevo touchdown a los Seahawks

La efigie en la que se transforma Manning durante los partidos, no logró ocultar su frustración, ni la incomodidad a la que le sometieron los primeros hombres de la defensa de los de Seattle. Cliff Avril, Red Bryant o Chris Clemons fueron muy superiores a Manny Ramírez y Louis Vázquez, la línea hispana de los Broncos que había protegido con mano de hierro a lo largo de esta temporada a su mariscal de campo.

Manning, sin embargo, no tuvo toda la responsabilidad del desastre de los Broncos. Cuando su brazo comenzó a entonarse, fueron los receptores los que estuvieron torpes y desacompasados con la recepción. La precisa coordinación que el quarterback había demostrado con Eric Decker, Julius Thomas o Demaryius Thomas, se diluyó y, con ellas, las posibilidades de una improbable remontada por parte de Denver.

En el otro lado, Wilson, en su segundo año en la NFL y libre de la presión interna de Manning –más allá del apremio que supone dirigir a un equipo en la final del Super Bowl con solo 25 años-encontraba con facilidad a sus receptores y corredores. El quarterback encontró con facilidad a sus receptores, quienes tampoco tenían demasiados problemas para fajarse de sus defensores. En el tercer cuarto, Wilson conectó con Jermaine Kearse para el cuarto touchdown de los Seahawks. En el cuarto, Doug Baldwin recogió un pase a menos de 10 yardas de la zona de anotación del rival. La puntilla para una estrategia que, en esta ocasión, demostró que el mejor ataque comienza por una buena defensa.

El Pais

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