Publicado el: Mar, Ene 12th, 2016

La hermana del rey de España se sienta en el banquillo de los acusados

infanta crsitina sonreindo
La hermana menor del rey, la infanta Cristina de Borbón, se sentó en el banquillo junto a otros 17 acusados por el llamado caso Nóos
La infanta hizo historia al convertirse en el primer miembro de la Familia del Rey que se enfrenta a la Justicia
En los próximos días, las tres magistradas del tribunal decidirán si se juzga o no a la infanta

El retrato de Felipe VI presidía el lunes la sala de la Audiencia Provincial de Baleares, en Palma de Mallorca, donde la hermana menor del rey, la infanta Cristina de Borbón, se sentó en el banquillo junto a otros 17 acusados por el llamado caso Nóos. La fundación Nóos da nombre a esta trama supuestamente orquestada por el marido de la infanta, Iñaki Urdangarín, y su socio, Diego Torres, para lograr contratos de administraciones públicas y particulares por trabajos total o parcialmente ficticios, cuyos beneficios tampoco declaraban al fisco.

Despojada en junio pasado del título de Duquesa de Palma por el rey Felipe, Cristina de Borbón, que vive en Ginebra junto a su marido, hizo historia al convertirse en el primer miembro de la Familia del Rey (ha dejado de formar parte de la Familia Real) que se enfrenta a la Justicia. La Fiscalía, Hacienda y sus abogados se empeñaron en la primera sesión del juicio en intentar que no sea juzgada invocando la llamada doctrina Botín. El tribunal, presidido por la magistrada Samantha Romero, habrá de dilucidar si puede aplicarse esta doctrina, según la cual los delitos contra la Hacienda pública no podrán juzgarse si sólo se sustentan en la acusación particular, como es el caso de la infanta Cristina. Es el sindicato Manos Limpias, que pide ocho años de cárcel para la hermana del rey Felipe por cooperación necesaria en dos delitos fiscales, como propietaria al 50% de Aizoon, una sociedad instrumental que servía para desviar fondos del Instituto Nóos, la fundación de Urdangarín y Torres que recaudó más de seis millones de euros entre el 2004 y el 2009 de instituciones públicas.

Para defender a la infanta, el fiscal Pedro Horrach incluso recurrió a una cita de Manuel Azaña, presidente de la II República: “Lo que importa es tener razón, y después de tener razón, importa casi tanto saber defenderla; porque sería triste que, teniendo razón, pareciese como si la hubiésemos perdido a fuerza de palabras locales y de hechos reprobables”. Hasta un presidente de la República al servicio de la operación para salvar a la infanta de España. Este argumento retórico fue secundado por los abogados de la infanta, encabezados por Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución, que esgrimieron hasta una decena de sentencias, incluidas tres del Supremo, para fundamentar que Cristina de Borbón ha de dejar el banquillo de los acusados, ya que ni Hacienda, ni la Fiscalía del Estado ven indicios de delito.

La doctrina lleva el nombre del fallecido banquero Emilio Botín, a quien se le aplicó en el 2007. De acuerdo con esta doctrina, ha de acordarse el sobreseimiento de la causa cuando así lo solicitan el perjudicado por el presunto delito, en este caso la Abogacía del Estado y la Fiscalía, que sostiene que tras las investigaciones sólo se deduce que la infanta “pudo conocer” las actividades de Aizoon, lo que a su juicio la sitúa en posición de indefensión.

La representante de la Hacienda pública en la causa, Dolores Ripoll, llegó a decir que el lema “Hacienda somos todos”, que esgrime la acusación de Manos Limpias, es un mero eslogan publicitario. Según Ripoll, “ha de circunscribirse al ámbito para el que fue creado: el de la publicidad, exclusivamente como forma de concienciación del país”.

Juristas como Enrique Gimbernat aseguran que en este caso la doctrina Botín no niega la legitimidad de la acusación. Un editorial de El Mundo, el diario que destapó el caso Nóos en febrero del 2006, decía el lunes que sería “un verdadero escándalo que Doña Cristina no tuviera que sentarse en el banquillo por cuanto se trata de un delito contra la Hacienda pública, lo que supone un perjuicio para el Estado y para todos los ciudadanos”.

En los próximos días, las tres magistradas del tribunal decidirán si se juzga o no a la infanta. En la sesión del lunes , el abogado de Diego Torres, socio de Urdangarín, pidió que comparecieron como testigos “el cuñado del señor Urdangarín y su suegro”, es decir, el rey Juan Carlos, y el actual rey Felipe VI. Argumentaba el letrado que su defendido creía estar “blindado” por la relación de Nóos con la Corona.

La implicación del yerno del rey Juan Carlos I en este caso de negocios ilícitos y corruptelas, símbolo de una época en la que unos pocos privilegiados con contactos en el mundo de la política y de las finanzas hacían dinero fácilmente, dañó seriamente a la Monarquía. También el secretario de las infantas, Carlos García Revenga, tenía un papel activo en el Instituto Nóos.

A finales del 2011 el juez Castro imputó a Urdangarín, el ex jugador de balonmano que se había casado con la infanta en 1997 tras conocerla en unos Juegos Olímpicos. Primero conquistó a la infanta y luego al rey Juan Carlos. Incluso se sostiene que el rey medió con su amiga “especial” Corinna zu Sayn-Wittgenstein para que Urdangarín lograra un trabajo con la fundación deportiva Laureus. En abril del 2012 el rey Juan Carlos sufrió un accidente en Botsuana, donde se encontraba cazando elefantes, acompañado entre otros por su amiga Corinna. En ese momento, los españoles padecían uno de los peores momentos de la crisis económica. El rey pidió perdón por su desliz. Apartó a Urdangarín de las actividades oficiales y pidió a su hija que tomara distancia. La infanta se mantuvo firme junto a su marido.

El deterioro de la imagen del rey Juan Carlos derivó en su abdicación en junio del 2014. Según Casimiro García-Abadillo, ex director de El Mundo, “el caso Nóos ha puesto en riesgo la estabilidad de uno de los pilares del Estado de Derecho establecido por la Constitución de 1978: la Monarquía”. Las encuestas revelan que los españoles asocian el caso a la época de Juan Carlos I.

Como explicaba el historiador Santos Juliá en El País, “el escándalo implicaba al conjunto de la Monarquía pero Felipe VI lo resolvió muy bien al alejarse del padre y de la hermana. Y pagó un precio muy alto”. No se habla con su hermana Cristina, a quien reclama, sin éxito, que renuncie a los derechos sucesorios. La infanta es la sexta en la línea sucesoria. Según ha publicado en El Español la periodista Ana Romero, autora del libro Final de Partida sobre los últimos años del reinado de Juan Carlos I, Cristina de Borbón ya no tiene pasaporte diplomático, y ni siquiera en Navidades ha tenido contacto telefónico con su hermano el rey. “Es muy duro que la familia te abandone”, se lamentaba antes de sentarse en el banquillo.

El Nuevo Herald

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