Published On: mar, Sep 11th, 2018

La ministra Carmen Montón dimite por el escándalo de su cuestionado máster


La responsable de Sanidad abandona el puesto para que la polémica de las irregularidades de sus estudios “no influya” en la labor del Gobierno

Pedro Sánchez intentó hasta el final, en contra del clamor de su partido, proteger a Carmen Montón. Pero la ya exministra de Sanidad no aguantó el último golpe por la tarde, cuando La Sexta reveló que había plagiado buena parte de su trabajo de fin de máster. Montón ha dimitido en medio del alivio del PSOE y la incomprensión que se extendió durante todo el día por la decisión del presidente de respaldar a la ministra pese a que ya se sabía que sus notas habían sido alteradas. Es el segundo ministro de Sánchez que cae en poco más de 100 días. Maria Luisa Carcedo, hasta ahora alta comisionada para la lucha contra la pobreza infantil, ocupará la cartera de Sanidad.

A la tercera fue la vencida. Primero, tras la noticia del eldiario.es sobre las irregularidades de su máster, ella aguantó. Después, cuando el mismo medio reveló que se habían alterado las notas, algo aún más grave, ella también decidió resistir. Y contaba para ello con el apoyo del presidente. Pero el remate del plagio de su trabajo —un texto que ella se había negado a entregar a la prensa, precisamente para que no lo pudiera analizar— ha llevado a Montón a rendirse.

La URJC confirma que hubo cambios en las notas del máster de Montón

“He sido transparente y honesta. No he cometido ninguna irregularidad. Lo he defendido con toda convicción y la conciencia muy tranquila”, ha insistido la exministra en su despedida, este martes por la noche, después de alabar a Pedro Sánchez y asegurar que dimite para no perjudicar al presidente.

Montón ha hecho una breve comparecencia sin preguntas en la que ha reivindicado su gestión en estos 100 días. “Hemos recuperado la asistencia sanitaria universal. Hemos sentado bases para la aprobación de una ley de protección integral contra la violencia en la infancia. Es un buen balance para los primeros 100 días”, ha asegurado. “Estoy orgullosa y agradecida porque el presidente haya contado conmigo en el Gobierno. He sentido la calidad humana, el apoyo y el afecto del presidente. Los españoles tienen un magnífico presidente y, para que esta situación no influya, le he comunicado mi dimisión”, ha insistido.

Una crisis para el Gobierno
La dimisión supone una crisis para el Gobierno muy superior a la de Màxim Huerta, que dejó su cargo por sus problemas con Hacienda, una semana después de ser nombrado. Montón era una ministra importante y la imagen de perder a dos miembros del Gobierno en 100 días es especialmente dura para un Ejecutivo que solo cuenta con 84 diputados. De rebote, la crisis tiene un efecto positivo para el PSOE: pone en una situación difícil a Pablo Casado, líder del PP, que tiene problemas similares con su máster —y un proceso legal en marcha— y se ha negado a mostrar su trabajo de fin de carrera, que ahora se convierte en más sospechoso todavía. Esta es una derivada, pero en cualquier caso la situación supone una crisis de Gobierno inesperada para un Ejecutivo que afronta en los próximos días votaciones clave que pondrán a prueba de nuevo su resistencia parlamentaria.

Para cuando llegó la dimisión, varios dirigentes del PSOE y algunos ministros estaban muy inquietos por la decisión de Sánchez. No solo de apoyarla de forma discreta, como hizo el lunes, sino de mojarse expresamente en el Senado y comprometer así su imagen.

El presidente se cuidó de no hablar en ningún momento del máster, solo de la gestión de Montón al frente de Sanidad. Pero a esas horas daba igual, nadie entendía por qué se arriesgaba así cuando todos veían claro que el final era inevitable.

Sánchez escuchó desde el lunes muchas voces que le pedían que dejara caer a la ministra de Sanidad por la polémica de su máster, pero decidió respaldarla públicamente — “ha hecho un trabajo extraordinario y lo va a seguir haciendo”— y ordenó al PSOE que frenara la presión.

Sin embargo, lejos de lograrlo, fue creciendo y explotó cuando se supo que además de todas las irregularidades que ya estaban encima de la mesa, el trabajo de fin de carrera, al que ella se aferraba como prueba de su esfuerzo, había sido plagiado en buena parte, lo que demuestra que hizo muy poco para sacar un título para el que otros estudiantes debieron trabajar con mucha más rigidez.

Poco antes de este final que muchos auguraban para los próximos días y que finalmente se precipitó, una pregunta sin respuesta clara, más allá de las hipótesis, recorrió ayer durante todo el día el PSOE y el Gobierno. ¿Por qué se empeñaba Pedro Sánchez, un hombre con fama de frío y que suele tomar decisiones radicales de forma rápida, en mantener a la ministra de Sanidad después de que se confirmara que las notas de su máster fueron manipuladas? Nadie lo acababa de entender bien.

Las especulaciones iban desde el compromiso personal con ella —Montón se negó a dimitir de la ejecutiva del partido en 2016, cuando se organizó una operación para destituir a Sánchez, y se enfrentó por ello a Ximo Puig, líder de su federación— a la complicación política de ver dos dimisiones de ministros en los primeros 100 días o la estrategia de no querer meter ahora toda la presión sobre Casado, al que Sánchez está cuidando como un líder de la oposición que puede beneficiar al PSOE indirectamente con su batalla con Ciudadanos.

El presidente dejó pasar el lunes con un apoyo tímido, trasladado por sus portavoces pero sin mojarse. Sánchez habló varias veces con la ministra, con quien le une ese vínculo de lealtad. Le trasladó su respaldo y le mandó ánimos, pero no la apoyó en público. Llegó el martes y las cosas empeoraron con la confirmación de que las notas fueron manipuladas a posteriori. El PSOE era un auténtico clamor.

Los ministros eran más discretos y en muchos casos solidarios con su compañera, de la que todos valoran la gestión, aunque varios temían que las cosas acabarían mal. Incluso Pablo Iglesias, el socio principal de Sánchez, dijo que le producía “mucho pesar” la situación porque Montón “es una defensora de la sanidad publica muy competente”. Pero al igual que Iglesias, que en público dijo que si no explicaba todos los agujeros que ha dejado su historia debía dimitir, muchos dirigentes del PSOE y del Gobierno en privado concluían que no quedaba mucha más salida que la dimisión.Sin embargo, cuando el silencio oficial empezaba a desatar los rumores, Sánchez ordenó a dos de sus personas de máxima confianza, primero Adriana Lastra, portavoz parlamentaria, y después José Luis Ábalos, secretario de organización del PSOE y ministro de Fomento, a mostrar un claro respaldo a la ministra. Pero como no era suficiente, porque las especulaciones y la presión seguía, salió el propio Sánchez a media tarde, después de la sesión de control del Senado.

“En menos de 100 días se ha recuperado la universalidad de la sanidad pública. El pasado viernes, incluso, se puso en marcha la tramitación de una ley muy importante para este Gobierno, que es la ley de lucha contra la violencia infantil. Lo que está haciendo los últimos meses es lo que se le pidió: revertir los recortes en la sanidad pública, recuperar y avanzar en derechos vinculados con la sanidad pública. Y lo único que puedo decir como presidente del Gobierno es que la ministra está haciendo un trabajo extraordinario y lo va a seguir haciendo. He sido bastante claro”, trasladó Sánchez a los periodistas a la salida del Senado, tras la sesión de control.

Muchos habían maniobrado para que la ministra dimitiera antes de que Sánchez fuera al Senado, para no manchar así al presidente, pero ella no quiso y él decidió concederle algo más de tiempo. Al final fueron solo unas horas. Sánchez mandó a su gente a controlar al partido, entonces en armas. Aunque algunas fuentes del Gobierno insistían en que este tampoco es un asunto que pudiera “provocar rebeliones”. Sánchez ordenó calma y los ministros obedecieron, aunque algunos insistían “la orden hoy es esta, mañana ya veremos”, porque sabían que todo podía cambiar en horas.Las explicaciones de Montón durante la mañana, en una entrevista en la Cadena SER, reforzaban la opinión de quienes planteaban, en Ferraz y en el Ejecutivo, que la renuncia tenía que producirse lo antes posible para no perjudicar la imagen del Gobierno. “Ya sabemos cómo va a acabar esto, la cuestión es cuándo”, mantenían responsables socialistas. Al final solo fueron unas horas.

Fuente:elpais.com

------

------

Leave a comment

XHTML: You can use these html tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>