Publicado el: Dom, Abr 28th, 2013

La Monarquía holandesa: un reinado popular

  Maxima, una bella argentina, será el próximo martes Reina Consorte de Holanda

Babette Dolfin, profesora de la Universidad de La Haya, recuerda los días en que estudiaba en la misma ciudad que Guillermo Alejandro, el hombre que este martes recibirá el trono holandés de manos de su madre Beatriz, convirtiendo a la argentina Máxima Zorreguieta en reina consorte.

“Hacía parte de una fraternidad y lo veía entrar a los bares y fiestas que organizaban. Para ser un príncipe era muy informal”.

No es la única de su círculo social que ha tenido algún contacto con la realeza holandesa, según le cuenta a BBC Mundo.

Su esposo estudió en un colegio público junto con los demás príncipes de la familia Orange-Nassau, y varias de sus amigas se han topado a Máxima mientras hacían sus compras en una tienda por departamentos.

Quizá sea esa accesibilidad que percibe la gente hacia su familia real parte de la razón por la cual el 75% quiere seguir viviendo en una monarquía constitucional, según una encuesta publicada en el diario holandés Trouw.

Basta con haber estado en Holanda en alguno de los cumpleaños de la reina para comprobar la importancia de la monarquía en la cultura e identidad del país.

Enormes coronas, pelucas anaranjadas y uno que otro disfrazado de león (símbolo de la realeza) invaden las calles y los canales de Ámsterdam y el resto del país.

Banderas tricolores adornan los conocidos “coffee shops”, mientras que niños, adultos y ancianos disfrutan del mayor festejo del año.

“Esta vez también festejaremos la investidura, y a partir del próximo año la fiesta será el día del cumpleaños del nuevo rey, el 27 de abril”, anticipa Saskia Roodenburg, estudiante de la Universidad de Ámsterdam.

“Tenemos que acostumbrarnos a la idea de tener un rey, después de tantos años de reinas”, bromea. Es la primera vez en más de 120 años que el soberano y jefe de Estado será un hombre.

La monarquía más cara de Europa

La misma monarquía que manda a sus hijos a colegios públicos y patina entre la gente, ocupa el puesto de “la más cara de Europa”.

De acuerdo a un informe divulgado en 2011, los gastos anuales de la realeza superaban los 39 millones de euros (US$50 millones).

Por la misma época se generó una gran polémica en torno a una mansión que pretendían construir la princesa Máxima y el príncipe heredero en la península de Machangulo, en Mozambique, así como al uso de paraísos fiscales –como la isla de Jersey– para evadir impuestos.

Los escándalos chocaron con la imagen de austeridad y “gente común y corriente” que la casa real busca proyectar para mantener su popularidad.

Esa es la razón de revelaciones de detalles como el que Amalia, la hija mayor de los futuros reyes, recibe a sus nueve años una asignación semanal de un euro para usar en el colegio, según cuenta Máxima.

A pesar de los escándalos mediáticos, el 59% de los entrevistados de la encuesta de Trouw dice que confía en la familia real, mientras que el 12% confía en los representantes políticos.

Para Jennifer Sies, experta en turismo, esto se debe a que prima un sentimiento de identidad y de tradición.

“Holanda es un país muy internacionalizado, y de alguna manera sentimos la necesidad de aferrarnos un poco a nuestra cultura y de no perder nuestra identidad”.

El pueblo del que no se quieren ir

A partir de este martes, los futuros monarcas deberían pasar de vivir en Wassenaar, un pueblo de 25.000 habitantes y uno de los suburbios más ricos de Holanda, al palacio real en Bosch, en La Haya.

Pero la familia decidió que, al menos por un tiempo, no se quiere ir. Prefieren estar los primeros años de su reinado en la Villa Eikenhorst, su residencia actual, un palacio más discreto que la residencia oficial de la realeza.

El motivo: quieren que Amalia y sus otras dos hijas, Alexia y Arianne, tengan una vida lo más parecida posible a la de cualquier chico holandés.

De hecho, la mayor de las chicas y próxima heredera del trono va, como hizo su padre, a un colegio público, el Bloemcampschool, en el que se intenta que sea una alumna más.

En el pueblo que no quieren dejar hay pocas pistas que indiquen que ahí habita la familia real. Una de ellas son dos vacas de tamaño natural pintadas de naranja.

Saskia, quien vive a pocos kilómetros del palacio, dice: “Así es Wassenaar, todos nos conocemos y vivimos tranquilamente. Nadie los acusa ni intenta desesperadamente hablarles cuando se los encuentra”.

“Somos vecinos de los reyes y nos gusta, pero tampoco es una gran cosa”.

BBC Mundo

 

 

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