Publicado el: Dom, May 22nd, 2016

La pegada de Trump expone las debilidades de Clinton

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Nadie se ha enfrentado en unas elecciones a alguien como el republicano Donald Trump. No existe manual. Desgastada por las primarias, la demócrata Hillary Clinton se prepara con la inseguridad de entrar en tierra desconocida. No se disipa el caso por el uso de emails privados cuando era secretaria de Estado. La ventaja en los sondeos mengua. En noviembre Estados Unidos elegirá a la primera presidenta o se entregará a la retórica autoritaria de Trump.

Esta semana, Trump ha acusado deviolación al expresidente Bill Clinton, marido de la candidata demócrata, y a ella de querer sacar a criminales violentos de las prisiones. Ambas acusaciones, sin pruebas, revelan una de las novedades de esta campaña: Trump no conoce límites. Durante el proceso de nominación de su partido, insultó y denigró a políticos y periodistas, o alardeó del tamaño de sus genitales ante millones de telespectadores.

Los votantes escucharán de nuevo todo tipo de acusaciones sobre la vida sexual del presidente Clinton. Revivirán otros escándalos, reales o inventados, sobre una familia que lleva cuatro décadas en política. Nombres como Monica Lewinsky, Paula Jones o Whitewater, asociados a estos escándalos y exóticos para millones de jóvenes que votan por primera vez, volverán a ser familiares en los hogares de este país.

Antes, Clinton debe desembarazarse del senador Bernie Sanders, su rival en un proceso de nominación en el Partido Demócrata que empezó en febrero y que, salvo sorpresa, se alargará hasta las últimas primarias, en junio. Trump lleva dos semanas consagrado como el candidato republicano. Clinton, aunque matemáticamente es casi imposible que pierda, todavía no acumula los delegados necesarios para serla nominada. Sanders, un socialista que ha movilizado a las bases de izquierdas, se resiste a abandonar. Esto obliga a Clinton a mantener dos frentes: contra Sanders y contra Trump. En julio se celebrarán las convenciones de ambos partidos, que oficialmente proclaman a los nominados.

Las divisiones entre los demócratas —en una convención del partido en Nevada hubo altercados con seguidores de Sanders— erosionan a la candidata. Los sondeos reflejan que Trump acorta distancias. Hay que analizarlos con escepticismo, pero son una señal de alerta para los demócratas. Pese a la excentricidad de Trump y el rechazo que provoca en amplias capas del electorado, Clinton no puede confiar en una victoria arrolladora el 8 de noviembre. Sanders esgrime siempre que, según los sondeos, si fuese él el nominado, derrotaría con más ventaja a Trump que Clinton.

La impopularidad de Clinton —la impresión de que es un miembro de la élite desconectada de las preocupaciones del americano de a pie— es un lastre: sólo Trump es más impopular que ella.

“El mayor peligro es que no es excitante para los votantes”, dice Roger Hickey, codirector de la Campaña para el Futuro de América, una organización adscrita a la izquierda demócrata. Hickey apoya a Sanders. “Ha quedado definida como la candidata del statu quo, no la del cambio. Es muy cauta”.

En el año de los candidatos insurgentes, en la hora del populismo que pretende cambiar el sistema de arriba abajo, nadie se identifica tanto con el establishmentcomo ella, una pragmática que aboga por el reformismo de los pequeños pasos y no por la revolución. Trump, aunque sea un multimillonario de Nueva York más rico y elitista que Clinton, conecta mejor con este sentimiento. Apela a la clase trabajadora blanca que se siente abandonada por el Partido Demócrata en tiempos de inseguridad económica.

 Otro problema, para Clinton, es lo que el estratega republicano Karl Rove llama “las primarias del FBI”. Tras las primarias tradicionales, serían el último obstáculo antes de la nominación. El FBI investiga elservidor privado de emails que Clinton instaló en su residencia particular cuando era secretaria de Estado de la Administración Obama, entre 2009 y 2013. Los agentes han entrevistado a colaboradores de Clinton y podrían entrevistarla a ella. Se trata de saber si fue negligente en el uso del correo electrónico para transmitir información clasificada. Si, al final de la investigación, el Departamento de Justicia decidiese presentar cargos contra Clinton o algún colaborador, “provocaría un lío majestuoso para los demócratas”, se congratula Rove en The Wall Street Journal.El asalto a instalaciones de EE UU en Bengasi (Libia) en 2012, en el que murió el embajador estadounidense, también es munición para los republicanos. Otro flanco de ataque es la fundación filantrópica de la familia Clinton, bajo lupa de los medios de comunicación por la procedencia de algunos donativos o por los proyectos financiados, algunos dirigidos por amigos de Clinton. Un estribillo de Sanders es descalificar a Clinton por sus discursos a puerta cerrada a bancos de Wall Street —cobró 675.000 dólares de Goldman Sachs por tres— y por negarse a publicar los textos.

Aunque no se ha demostrado, en su larga carrera, que Clinton sea corrupta, y Trump oculta más sobre sus finanzas y en campaña miente como ningún otro candidato, a ella le cuesta deshacerse de la reputación de política manipuladora y opaca. Y afronta otra desventaja: la capacidad de Trump para monopolizar la atención de los medios de comunicación. Un día cualquier, es difícil que las cadenas de información continua presten atención a la campaña de Clinton. De 8 de la mañana a 12 de la noche el tema casi único es Trump y sus exabruptos. Trump inunda pantallas y redes sociales.

Clinton puede ser la primera mujer en gobernar el país más poderoso del planeta, pero en la campaña electoral hoy es el personaje secundario.

EL DIAGNÓSTICO DE UN ‘CLINTONIANO’ VETERANO

Chris Lehane es un veterano de la órbita Clinton. Estuvo en primera línea de las peleas épicas de la Casa Blanca de los años noventa, cuando Hillary Clinton, entonces primera dama, hablaba de una “vasta conspiración de extrema derecha” decidida a destruirla a ella y su marido, el presidente Bill Clinton.

Ahora es optimista sobre las posibilidades de Hillary Clinton de derrotar a Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre. En un correo electrónico se refiere, usando un término de la jerga económica, a los fundamentales, las corrientes de fondo que, en su opinión, favorecen a la candidata demócrata frente al republicano: la marcha de la economía, la valoración del presidente y la demografía. El crecimiento económico y la reducción del paro, la popularidad del demócrata Barack Obama y el creciente peso de los latinos en el electorado apuntarían a un tercer mandato, después de los dos de Obama, con un presidente demócrata. Es decir, Clinton.

Lehane cree que, en la campaña, Clinton, además de explicar sus políticas específicas, debería usar mejor su carácter y sus experiencias vitales para contrastarlos con los de Trump.

“El desafío al que ahora se enfrenta”, escribe Lehane, “es que todavía está embarcada en una primaria que ya ha terminado [porque su rival, el senador Bernie Sanders, no tiene casi ninguna posibilidad de ganar], pero todavía se encuentra expuesta. Si se mira la historia, en general hay una relación entre quién vence primero en las primarias [en este caso, Trump] y quién logra una posición más fuerte ante las generales. Porque el candidato que vence antes en las primarias tiene una ventaja competitiva en la carrera para definir a su oponente y establecer el marco de la elección general. En este momento decisivo, cuando los nominados y el relato de la carrera se definirán para la audiencia de la elección general, cada semana, cada ciclo noticioso, cada mensaje en Twitter que pasa sin que el foco esté en el nominado de facto del Partido Republicano son, para Hillary Clinton y los demócratas, un día perdido a la hora de conquistar el territorio más ventajoso desde el que lanzar la campaña para las generales, un día que nunca recuperarán.”

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