Publicado el: Jue, May 16th, 2013

La peligrosa ignorancia de Nicolás

  Por: Rubens Yanez

 

Muchos se han mofado de los dislates verbales del actual Presidente. Se ha hecho parte de cotidianidad burlarse de detalles en su discurso como confundir estados con ciudades, estetoscopios con telescopios, o leer un tuit en cadena nacional donde le dicen que “nadie te está parando b…, pana”.

En una estrategia defensiva, Maduro se ha empaquetado ante la opinión pública como el “Presidente Obrero”, aludiendo a los tiempos en que fue chofer de Metrobús. No pareciera ser una forma directa de disculparlo por su ignorancia, pero de una u otra forma, cumple con el objetivo de darle sustento social a su gestión.

Más allá de la autodescalificación que le pueden significar estos errores, y de las ventajas que le brindan a la oposición en la diatriba política cotidiana. La ignorancia de Maduro es preocupante por lo que podría implicar al momento de tomar decisiones.

Venezuela no ha sido tradicionalmente gobernada por grandes intelectuales. Más bien, la mayoría de sus líderes han sido de extracción popular o de una clase media emergente: Carlos Andrés Pérez, Hugo Chávez, Luis Herrera Campins, el mismo general Gómez -quien inauguró la modernidad- eran tipos fogueados en la vida.

En nuestra historia los nombres de José María Vargas, Rafael Caldera, Carlos Delgado Chalbaud, o Rómulo Gallegos son quizás los más “burgueses” que se pueden registrar.

El hecho cierto es que hemos tenido básicamente dos fenómenos: el Presidente venido de un origen popular que se ha educado, formado y forjado como líder político a través de la lectura y el debate. Tal es el caso de Páez, Chávez, Betancourt.

El líder bien educado que ha venido ganando sabiduría popular, maña callejera, o como lo llamaba Jorge Roig en sus tiempos de la Causa R: “ha venido ganando burdel”, en el mismo roce con el poder. Henrique Capriles, Ramón J. Velásquez, o el mismo Jóvito Villalba.

En todos los casos ha habido, previo a la conquista del poder, un enorme trabajo de autoformación. De contraste de ideas, de solidificación de posturas que permitieron a nuestros líderes afrontar los retos del liderazgo.

Cuando esto no ha sido así, el país ha sufrido. De hecho, los gobernantes más débiles en su capacidad intelectual y en su formación han sido quienes tuvieron las peores gestiones, al menos en la IV República.

Pareciera que estamos entrando a una etapa similar. Cuando oigo a Maduro referirse a un “CDI en el estado Maracay”, más allá de reírme por la equivocación, no puedo dejar de pensar que esas mismas lagunas, esa misma confusión, las debe tener cuando analiza las relaciones con Colombia o Estados Unidos, cuando le explican los detalles de la situación económica, o cuando tiene que tomar decisiones sobre planes de inversión.

El Universal

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