Published On: vie, Ene 17th, 2014

La razón del partido por encima de la razón de estado

FERNANDO FACCHIN B.

Venezuela requiere de un gobernante que sea un verdadero estadista que aplique las reglas de la razón y la ética a su forma de gobierno. De esta manera se llegaría a concretar un equilibrio entre el poder y el pensamiento democrático, que devendría en una nación con mandatarios justos, honestos y conscientes de la necesidad de anteponer la reflexión a los deseos de poder que, tarde o temprano, terminan por corromper las buenas intenciones de los hombres.

El ordenamiento jurídico debe ser, de un lado, el cauce y la garantía del progreso y de la libertad política del pueblo; de otro, aseguramiento del respeto entre los ciudadanos, la continuidad de un régimen político democrático y la seguridad del orden constitucional y jurídico, que son, en definitiva, las condiciones indispensables para asegurar la estabilidad de la república, su gobernabilidad.

El SSXXI, desde sus inicios en 1999, ha creando un nuevo orden jurídico inconstitucional para lograr reconducir y legitimar la materialidad de los hechos violatorios de las libertades ciudadanas y del propio orden establecido en la carta magna. No hay ética ni moral política, hay imposición de criterios de actuación práctica. Estamos ante un sistema de gobierno que no admite ningún tipo de control, sin límite moral ni jurídico, y dirigido a la consecución de los fines que se propone: el poder por el poder mismo. La razón de Estado se convirtió en la estrategia para legitimar o excusar las acciones que se consideraban repugnantes o contrarias a la razón lógica, a la ética y a la moral.

La razón de estado ha servido para justificar al estado venezolano como producto de la fuerza y la ilegalidad. La fuerza se convierte en razón, y ésta sirve para mantener al estado, identificado con el gobernante, por encima, al margen y, muchas veces, en contra del ciudadano. La razón de estado ocupa el lugar de la política, transformó la manera de gobernar y la vía para justificar sus acciones. Dicho con otras palabras, se convirtió en el cómplice complaciente de los actos hechos y los futuros. El despliegue de tal lógica significa la degradación del estado convirtiéndolo en instrumento político del gobernante y su desordenado apetito de poder, luego de asaltado el poder se coloca al estado al servicio de una idea totalizadora.

La función de la razón de estado está en impedir todo acto que rompa el ordenamiento jurídico, que es la garantía de estabilidad  del orden social, dicho en otras palabras: la gobernabilidad, así, la función del falso socialismo es eliminar todo obstáculo que se interponga a los fines de mantener el poder por encima de toda legalidad.

De la imposición de la razón del partido por encima de la razón de estado, nació, para la presidencia, la idea equivocada de la “Autoridad Única”, sin tomar en cuenta el orden jurídico ni las competencias usurpadas  por dicha autoridad, la cual administrará el despojo  territorial que se le ha hecho al municipio Valencia.

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