Published On: mié, Ene 9th, 2019

LA REALIDAD RURAL Y CONSTITUCIONAL VENEZOLANA EN EL 2019, por Rafael Tobías Blanco Vilariño por


Iniciaré este artículo, con la Realidad Nacional Venezolana para el 2019, que no es otra, que recordarle al Obrero de Miraflores, que la única institución Democrática del país electa Constitucionalmente por el pueblo con su votación del 6-12-2015 es nuestra Asamblea Nacional y que la toma de poder el día 10-1-2019, es totalmente violatorio de nuestra vigente Constitución, ya que la Constituyente y el TSJ son totalmente anticonstitucionales.

Continuando ahora con la realidad Rural, la cual no es un cuento, si no una verdad verdadera obtenida personalmente el día 7-1-2019, producto de un breve viaje efectuado a la zona rural de Manuare próxima a GÜIGÜE; donde en 1965 me desempeñé como su médico rural. Allí el azar me llevó a conocer al simpático campesino Gumersindo, quien desde el inicio de la conversación me daba sus folklóricas respuestas, propias de la inteligencia innata de nuestros campesinos; donde me daba a entender, cómo él lograba mantener a sus generosa familia de seis hijos y a su compañera en tan compleja situación del país; respuesta que me daba, colocándose el dedo índice en la “sien izquierda” diciéndome >A mi entender> todo está en la madre tierra y en el amor familiar. La madre tierra nos aporta los nutrientes y el agua para mantener en nuestros Conucos lo que en el sembramos: yuca, plátanos, caraotas, maíz y también los gusanos y lombrices con los que se alimentan nuestras gallinas ponedoras pica tierra y el salvaje gamelote nutre a nuestra vaca mariposa, de la que obtenemos leche, suero, queso y natilla casera. ¡Mire usted ¡, mi hijo Panchito, de vez en cuando, vuelve con una bolsa llena de recortes de verduras, zanahorias, repollo, tomate etc, que son descartados en la Bodega de Doña Felipa, los cuales usamos par una sopa, igualmente mi nieta Juanita en oportunidades me llega toda picada de hormigas, abejas y avispas, al tratar de rescatar el azúcar que queda en las bolsitas que los viajeros descartan al tomar café en la Bomba-Café de la carretera; Nelson el mayor, en oportunidades nos llega con un poco de huesos y costillas de la carnicería- matadero de Don Julio, pero para ello debe pelear con los hambrientos perros callejeros.

Algunas tardes visitamos a la Casa Grande o Abasto de Don José, donde tratamos de comprar o de hacer un trueque por sal, azúcar, café, aceite etc y también aprovechamos para poder ver en su Caja de Madera donde se ven imágenes y voces que ustedes llaman Televisión, donde vemos algunas películas, interrumpidas frecuentemente por imágenes del Gobierno, ofreciéndonos como de costumbre, sus grandes mentiras. En ese momento Gumersindo se sube su muy remendado pantalón, se quita su alpargata y me dice con voz de reclamo, el que las mentiras que diariamente salen de esa “Caja de Madera”, son iguales a que él me dijera que en su pié no hay callo, Juanetes y uñas con hongos, luego me señala a uno de sus hijos y me dice: este barrigón o tripón esta preñado de lombrices, pues las defeca por paquetes, pero no lo he podido tratar debido a que en la Medicatura nos hay remedios; ayer sepultamos el pie del topochal al Abuelo Jacinto, quien amén de su Chagas era diabético, de lo cual murió por no haber insulina; los otros críos no van a la Escuela, por tener mas de tres años con el techo, las paredes y los baños dañados y la pobre maestra, tuvo que abandonar el cargo, por que el sueldo no le permitía mantener su familia; aquí los servicios religiosos se hacen en GÜIGÜE, cuando la camioneta de don José puede hacer el viaje. Lo interrumpí diciéndole: ¡Bueno¡ don Gumersindo, siempre que salgo a pasear por los pueblos, cargo en la maleta de mi carro algunos pequeños paquetes preparadas por mi esposa Elena, contentivos de ropa usada limpia: pantalones, camisas, franelas, medias, zapatos etc, para donarlos en el pueblo donde logro hablar con algún necesitado; costumbre humanística adquirida de mi padre Don Luis Blanco Gásperi, quien a la postre termino fundando en Valencia el Hospital de la Cruz Roja Valenciana, el cual lleva su nombre.

Aspiro que este paquete, le sea tan útil como esta conversa con usted me ha sido productiva para mi: luego de un caluroso abrazo, volví a mi hogar pletórico de felicidad de lo que había aprendido de este laborioso campesino, quien como última frase me dijo: “Durante estos duros tiempos, en el campo nos hemos acostumbrado, a tener la paciencia vegetal de los árboles, cuando se oye venir el hacha del leñador asesino”. ¡VOILÁ¡

Dr: Rafael Tobías Blanco Vilariño.
Médico Microbiólogo Clínico.
Universidad de Carabobo- Valencia- Venezuela.

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