Published On: Lun, Dic 24th, 2012

La recesión en USA se inicia el primero de enero de 2013

   Las cumbres europeas han logrado exportar su modelo. En esta ocasión, el peligro para la economía global de que no haya acuerdo político no llega desde Bruselas, sino de Washington, a causa del enfrentamiento entre el partido demócrata y el republicano con vistas a llegar a un acuerdo sobre cómo recortar el déficit público de aquí a 2020. No obstante, en este caso la amenaza del desencuentro está cifrada en números rojos de recesión. A las 00:00 de la noche del próximo 1 de enero se rompe el hechizo y si no hay acuerdo la tijera irrumpirá sobre las cuentas públicas norteamericanas: un paquete de subidas de impuestos y recortes de gasto público estimado en 807.000 millones de dólares el próximo año que entrarán automáticamente en vigor el 1 de enero. Un ajuste equivalente al 4% del PIB estadounidense que de producirse llevará a una recesión del 0,5% a la mayor potencia económica del mundo. Y que golpeará de lleno a la débil recuperación mundial.

Esta batería de recortes a discreción, denominada «abismo fiscal», fue acordada por demócratas y republicanos en el verano de 2011, durante el acuerdo «in extremis» que se alcanzó entonces para elevar el tope de endeudamiento del país mientras estaba al borde de la quiebra. Entonces, como contrapartida, se pactó que antes de 2013 ambos partidos llegaran a un acuerdo para reducir la desviación fiscal durante la próxima década.

Fitch ya ha amenazado que rebajará la nota de EE.UU. si las negociaciones sobre el «abismo fiscal» continúan en 2013. Los precedentes no son halagüeños. Mientras en agosto de 2011 las diferencias entre demócratas y republicanos conllevaron la pérdida de la triple A del país por parte de Standard and Poor’s, un año y medio después, el «déjà vu» es evidente y las diferencias políticas preocupan.

Así, pasadas escasas semanas de unos comicios presidenciales plagados de promesas, las líneas rojas de cada partido parecen infranqueables. Mientras el Partido Republicano reclama restringir el gasto público y no subir los impuestos a las clases con mayor renta (un mantra de Romney), los demócratas proponen lo contrario y buscan reducir lo mínimo posible el recorte a prestaciones sanitarias y sociales. Además, Obama también busca elevar el tope de endeudamiento por un plazo de dos años.

No obstante, a medida que el país se aproxima a la fecha fatídica, se relajan las condiciones de los partidos. Asimismo, tras los acontecimientos de Newtown, en Washington el clima es más proclive a evitar las diferencias y llegar a un acuerdo cuanto antes. De esta forma, durante esta última semana, el presidente Obama y el presidente de la Cámara de Representantes de EEUU, el republicano John Boehner, han acumulado reuniones y planes alternativos, para conseguir una solución equilibrada ante la amenaza de recesión.

Hay concesiones de los dos lados pero aún no es suficiente. En el «plan B» que presentó el líder republicano, John Boehner, y que fue finalmente rechazado por su propio partido antes de llegar al Congreso, se admitía subir los impuestos a los contribuyentes que ganen más de un millón de dólares. En este punto, la Casa Blanca cedió al pasar de querer aumentar la presión fiscal sobre los hogares que ingresan 250.000 dólares anuales a elevar el límite a 400.000 euros. Pero ha insistido en que no pasará de ese umbral. Debido a ello, Obama se mostró en contra del «plan B» desde el principio y prometió vetarlo si conseguía al apoyo del Congreso. Algo que no llegó a suceder, ya que entre los republicanos el borrador tampoco cosechaba una aprobación unánime de los sectores más liberales, como al final se demostró. El Senado, dominado por los demócratas, lo hubiese frenado en cualquier caso. Pero ese escenario hubiese pasado la pelota al tejado de Obama al mostrarle como la parte inflexible de la negociación. Ha sido, sin embargo, Boehner, del ala más moderada del partido republicano, quien ha perdido el órdago sin ser capaz de jugarlo.

«El “plan B” nunca iba a suceder: no tiene sentido subir los impuestos solo a los que ganan más de un millón de dólares anual cuando los demócratas solo quieren subirles el IRPF del 35% al 39%. Los republicanos continúan poniendo el foco en la clase media y en un excesivo recorte del gasto», señala Cornelius K. Hurley, exconsejero de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal y director del Center for Finance, Law and Policy de la Universidad de Boston. El economista cree que debe haber mayores concesiones de los republicanos, pero que el programa de cobertura de seguridad social o «Medicare» aún tiene margen para ser recortado a pesar de la oposición demócrata. El riesgo de «cul-de-sac» político es evidente. «Uno de los escasos signos positivos de la economía global es la recuperación norteamericana. Y si no hay acuerdo, podemos acabar con ella», alerta.

Del lado demócrata también ha habido concesiones. Así, se acepta que las prestaciones a la Seguridad Social de los 56 millones de pensionistas se revalorizarán con un cálculo más restrictivo de la inflación, lo que según la CBO, supondrá un ahorro de 112.000 millones de dólares entre 2012 y 2021. También se contemplan recortes de gasto a partidas en defensa, en cobertura sanitaria y subsidios agrarios si bien Obama mantiene paquetes de estímulos como un plan de inversiones en infraestructuras valorado en 80.000 millones de dólares y una extensión de las prestaciones de desempleo. Además, después de que se esfumara «el plan B», la Casa Blanca recordó que la «prioridad» es evitar que los impuestos suban para el 98% de los ciudadanos y el 97% de los pequeños negocios. Una exigencia que mantuvo Obama en una comparecencia el viernes sobre el estado de las negociaciones. En ella, afirmó que ningún partido podrá imponer sus posiciones sin concesiones y se mostró optimista sobre la posibilidad de alcanzar el acuerdo. «Tenemos diez días. Nos vemos la semana que viene», se despidió el presidente.

Como fuere, todo parece indicar que si hay pacto, el equilibrio estará más cerca del lado demócrata que del republicano. En esta partida de póker con cronómetro, el tiempo corre del lado de Obama. Un sondeo realizado por el Pew Research Centre y el «Washington Post» apunta que el 53% de los votantes culparía a los republicanos si no hubiese acuerdo, mientras que solo un 27% haría lo propio con Obama. Los recientes resultados electorales explican la situación.

Los vaivenes de esta semana han demostrado que el acuerdo (y la economía del país) penden de una fina cuerda. Las Cámaras entrarán en receso hasta el jueves 27 de diciembre, a cuatro días del tiempo límite. La incertidumbre es lo único asegurado.

ABC

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