Publicado el: Lun, Nov 6th, 2017

La reestructuración de la deuda de Venezuela, una colosal operación de lavado de dinero

Por qué la reestructuración de la deuda de Venezuela es en realidad una colosal operación de lavado de dinero

Por Javier Ruiz/Infobae

El pasado jueves fue un día que los mercados financieros estuvieron esperando/temiendo desde siempre. Apenas pasadas las 18 horas, Nicolás Maduro se paró frente a las cámaras y anunció que Venezuela no podía seguir pagando sus deudas, y necesitaba una reestructuración.

La elección del momento del anuncio fue extremadamente insólita. La semana anterior PDVSA había apenas pagado, con dificultades, la amortización de sus bonos hasta el 2020. ¿Por qué dijeron adiós a 800 millones de dólares apenas una semana antes si sabían que el cese de pagos no podría socorrerlos a partir de la siguiente?

Aún más extrañamente, Maduro anunció que el gobierno pagaría por completo los 1200 millones de de dólares por la liquidación del bono de la petrolera PDVSA 2017, el mayor pago que se debía hasta ese momento.

A simple vista, no tiene sentido.

No hay ninguna ventaja en pagar la semana anterior si de todas formas declararás el cese de pagos en la siguiente. Y tiene aún menos sentido anunciar que harás un nuevo pago el día siguiente si te enfrentas al default inmediatamente después. ¿Por qué no robar directamente los 1200 millones?

Pero aún si Tareck no fuera radioactivo y las sanciones no prohibieran la reestructuración, ésta misma sería poco realista sin reformas de gran alcance, algo que Maduro ciertamente no está prometiendo
Maduro presentó su anuncio como un llamado para reestructurar la deuda de Venezuela. Pero nadie fue engañado. Reestructuración significa default, porque “reestructurar” -una salida negociada con los tenedores de bonos- es totalmente imposible en las circunstancias actuales. No puede pasar, por muchas muchas razones.

Para empezar, Maduro encargó al vicepresidente Tareck El Aissami, identificado como un jefe del narcotráfico por la lista de las sanciones de la Oficina para el Control de Bienes Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC), para que lidere la reestructuración. No es ni siquiera legal para los tenedores de bonos reunirse con este señor, mucho menos negociar con él… tampoco es para ellos legal reestructurar, ya que fueron dictadas sanciones que lo prohíben.

Este discurso sobre “reestructurar” es sólo ruido. No pueden reestructurar. Están simplemente incumpliendo los pagos
Pero aún si Tareck no fuera radioactivo y las sanciones no prohibieran la reestructuración, ésta misma sería poco realista sin reformas de gran alcance, algo que Maduro ciertamente no está prometiendo. Sin estas reformas, terminarías por ofrecer el 30 por ciento de interés o un número similar, insensatamente alto. Este, simplemente, no es el modo en el que las finanzas internacionales funcionan.

E incluso si Maduro hubiera prometido reformas neoliberales de gran envergadura, la reestructuración seguiría siendo inviable, porque los bonos de PDVSA no tienen cláusulas para las acciones colectivas, lo cual hace prácticamente imposible para el gobierno negociar con los fondos tenedores de bonos. ¿Recuerda qué pasó con la deuda argentina? Bien, multiplique eso por tres.

¿Por qué dejar exenta la liquidación del bono de la petrolera PDVSA 2017 el viernes? ¿Por qué pagar ese bono si ya se anunció el cese de pagos?
Resumiendo, este discurso sobre “reestructurar” es sólo ruido. No pueden reestructurar. Están simplemente incumpliendo los pagos.

Una de las maneras de verlo es que se trate de una medida de marketing político de un default ya esperado: un intento de endulzar a la opinión pública una medida que era inevitable. Pero si fuera así, ¿por qué dejar exenta la liquidación del bono de la petrolera PDVSA 2017 el viernes? ¿Por qué pagar ese bono si ya se anunció el cese de pagos? Es una decisión especialmente difícil de explicar racionalmente según parámetros universales.

Así que volvemos al rompecabezas inicial. ¿Por qué anunciaron que dejarán de pagar después de hacer este último pago, por el PDVSA 2017?

Una posibilidad es que sea un engaño bien elaborado. Un poco de manipulación de mercado de alto riesgo pensada para impulsar el precio de todos los bonos venezolanos que se están desplomando. Sé como suena esto, pero hay un precedente: Ecuador hizo públicamente algo muy parecido en 2009, con considerable éxito.

Hay que considerar que Ecuador no es una comparación apropiada por las considerables diferencias en el monto del que estamos hablando (una sola emisión de 3200 millones contra más de 60 mil millones de deuda financiera y dios sabe cuántos otros esqueletos en el ropero). Si es un engaño, es un engaño enormemente de alto riesgo. Sin embargo, el bono PDVSA 2020 apoyado por Citgo podría ser un objetivo de recompra en este escenario.

La semana pasada, el intercambio del PDVSA 2017 tuvo un volumen sin precedentes. El tipo de volumen que uno se esperaría si unos pocos muy ricos, muy bien conectados, contaran con información fiable de que el PDVSA 2017 era el último bono que Maduro iba a pagar
En la misma línea, tal vez el plan es para que China y/o Rusia puedan comprar bonos y regatear el precio más bajo: un premio al que accederían a cambio de más acuerdos petroleros, refinerías, guisos y el estado de Delta Amacuro. ¿Por qué no?

Mi suposición es que, hey, esto es Venezuela… un lugar en el que paga estar en ciertos círculos. Y la gente que está “en esos círculos” muchas veces necesita alguna solución para lavar altos montos de dólares.

Es el tipo de volumen que podría ser interpretado como una operación masiva de lavado de dinero, con toneladas de dinero sucio usado para comprar un bono seguro. El último de los bonos seguros
Piensa mal y acertarás, solía decir mi abuela.

La semana pasada, el intercambio del PDVSA 2017 tuvo un volumen sin precedentes. El tipo de volumen que uno se esperaría si unos pocos muy ricos, muy bien conectados, contaran con información fiable de que el PDVSA 2017 era el último bono que Maduro iba a pagar.

Es el tipo de volumen que podría ser interpretado como una operación masiva de lavado de dinero, con toneladas de dinero sucio usado para comprar un bono seguro. El último de los bonos seguros. Porque el proceso del pago de bonos es visto como limpísimo. ¿Por qué robar 1200 millones y dejarlos varados en la ciudad del dinero sucio cuando puedes tan fácilmente lavarlos?

La sola cosa de la que podemos estar seguros es que a la vuelta de la esquina se vislumbra la peor y más larga batalla legal en la historia de Venezuela.

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