Publicado el: Jue, Ago 10th, 2017

La Venezuela Rural de 1965 hasta el  Nefasto Socialismo del 2017, por Dr. Rafael Tobías Blanco Vilariño


Dedicado a mis compañeros de la” Primera Promoción de Médicos Cirujanos Demócratas” de la Universidad de Carabobo- U.C (1958-1964), obviamente a mis alumnos y campesinos de Manuare.

Artículo que hago público, motivado a que algunos familiares, amigos, alumnos e incluso colegas, me han preguntado, cual es el origen de mis inquietudes político-sociales. Ellas siempre estuvieron en mi ego interno, sembrado por mis padres y cultivado al convivir en el Medio Rural Venezolano en Manuare, Edo Carabobo, al inicio de mi carrera profesional, donde su campesinado fue mi mejor maestro en lo que es el verdadero Humanismo; el cual es muy opuesto, al farisaico Socialismo del S.XXI, con su “Patria-Socialismo o Muerte”, lo cual cumplieron en 18 años, a cabalidad. Acabaron con la Patria, crearon a los Boliburgueses y sembraron la Muerte.

Por estas verdades vividas con mis campesinos, es por lo que no podemos los venezolanos tolerar ni admitir esta Fraudulenta Constituyente; cuando están proclamando a viva voz, trabajar por la Paz y acabar con el odio; pero están procediendo no pacíficamente con sus agresiones contras los Integrantes de nuestra Asamblea Nacional, con evidente odio contra la presidenta del Ministerio Público y contra el pacífico pueblo. Lo cual confirma la falsedad de sus” Farisaica< mea culpa>, con esos mentirosos Golpes de Pecho” de crear la Comisión de la Paz y de la verdad.

La Venezuela rural, petrolera y democrática que me tocó compartir como Médico Rural en la población de Manuare al Occidente de Carabobo en 1965; fue producto de mi obligación de cumplir con la Constitución Nacional, de prestarle mis Servicios al País en el Medio Rural durante un año. Tiempo que compartí alegremente, con los humildes ciudadanos de esos  fructificos campos, donde ellos convivían muy a pesar de su relativa pobreza, en verdadera paz y prosperidad laboral, que les permitían vivir satisfactoriamente de lo que ellos habían sembrado y de su ganado, a lo que le anexaban la miel salvaje y lo que la caza y pesca les ofrecía; modus vivendi del cual los citadinos de Valencia y otros Estados, en muchas oportunidades se beneficiaban por su bajo costo y su buena calidad, al comprarle la carne de sus animales sacrificados, sus huevos, sus granos de café y maíz, de sus deliciosos quesos y mantequillas caseras, así como de sus deliciosos frutos; o bien, nos tomábamos un suculento sancocho de gallina pica-tierra hervida a la leña y acompañado con arepas piladas y cocidas al rescoldo de las cenizas del fogón, de crocantes chicharrones, el  suero casero en tapara  y su respectivo ají chirel, lo cual culminaba con un oloroso guayoyo en totumita.

Sus casas eran humildes, mas no vulgares ranchos, ellas eran construidos con bambú y barro o adobos de barro y paja, techos de paja y zinc y en su interior abrigaban ese “olor sui generis que emana de la sana humildad. Así era la vivienda  de Doña Isabel, que era la humilde campesina que me preparaba mis criollas comidas (desayuno, almuerzo y cena) fuera de la Medicatura, ya que a mi esposa Elena Isabel Barela, la había dejado con nuestros dos varones en Valencia.  Por la noche, la luz de la planta de Manuare solamente nos nutría hasta las 12 de la noche y con tres cortos apagones, nos avisaba que ya no habría mas luz eléctrica, por lo que nos valíamos de lámparas de Kerosén o de Carburo, con la que yo tenía que alumbrarme para atender las emergencias nocturnas: fracturas, abortos, heridas, mordeduras de ofidios (mapanare) etc. Los domingos, como no había capilla ni prefectura, los ciudadanos se agrupaban luciendo sus mejores trajes, sombreros y alpargatas, para tomar la única camioneta que les llevaría a los servicios religiosos en Güigüe, otros se paseaban por el pueblo con sus muy adornadas bicicletas, allí comprendí el término:”!Andas mas adornado que bicicleta de pueblo¡” otros a caballo o en burro, para luego reunirse en la Casa Mayor, que era una Gran Pulpería, que les compraba sus productos y les vendía el kerosén y todo lo que es propio de estos establecimientos pueblerinos, estando incluido el cocuy y la caña blanca; otros se marchaban al patio de Bolas Criollas o a pelear gallos. Confieso que durante mi estadía, nunca atendí heridos por arma blanca o de fuego, como producto de alguna desavenencia entre ellos, ya que convivían en paz y verdadera confraternidad. Al declinar el Sol, oíamos el retorno de la camioneta de Güigüe, lo que me aportaba una gran tranquilidad, ya que en ese entonces esa vía era muy peligrosa y no estaba asfaltada, y los otros se volvían a sus humildes pero respetuosos hogares a dormir su mona, en chinchorros o a cenar unas muy deliciosas cachapas con queso y suero. Habitualmente yo me quedaba en la Casa Mayor a la luz de lámparas de carburo, en una agradable tertulia con mis campesinos, donde las sombras que ellas proyectaban aunadas al silencio campestre, en oportunidad roto por el canto de un ave nocturna o por el ulular del viento sobre los árboles, daba inicio a las conversaciones sobre aparecidos, fantasmas y brujerías, luego, todos partíamos a dormir y al oír el Quiquiriquí a las 4 am, ya los hombres tenían su “Morral”, especie de bolso que se usaba terciado a la bandolera; contentivo de arepas  rellenas con carne, un tolete de queso y de papelón, preparado por su compañera y una tapara de agua. Provistos con esta “Lunchera criolla”, después de tomar su guayoyo, partían raudo en cabalgadura, a pie o en su bicicleta, unos a ordeñar y otros a sembrar o a cosechar.

Afortunadamente para ese entonces, mi Medicatura estaba plena de todo lo requerido para el mantenimiento de su salud, y junto con mis dos enfermeras e Isidro mi chofer y  ayudante de farmacia, nos preparábamos para las consultas Materno-Infantiles, Medicina general y obviamente para las emergencia de nuestros hombres de campo, que siempre venían heridos accidentalmente por armas blanca, por fracturas al caer de un burro o mordidos por mapanares. Confieso, que en esa comunidad yo no solamente tenía que ser Médico, sino Prefecto y Cura, ya que estos servicios no existían, por lo que yo tenía que representarlos en todos sus actos. Bautizos, cumpleaños, fiestas escolares etc, lo cual me unía mas al pueblo y mejoraba mi Formación  Humanística; con ese convivir, también ellos me enseñaron el que la Igualdad social nunca ha existido ni existirá en ninguna escala de nuestra sociedad contemporánea, bien sean Capitalistas o Comunistas, pues entre estos humildes ciudadanos, inocentes de ambas filosofías si existe la diferencia social:” Don Pedro el pulpero, es mas rico que Juan el ordeñador, pero este es mas inteligente que el pulpero” términos populares campesinos, que  sociológicamente confirman de que la pobreza, la riqueza, la ignorancia y la incultura siempre ha de existir hasta el fin de los tiempos. Ellos, si saben lo que fue vivir y laborar en paz en aquella Venezuela de 1965, donde en su Medicatura tenían todos los servicios, estando incluido un laboratorio parasitológico que yo fundé y en la Casa Mayor tenían todo: papel toilette, aceite, azúcar y como hacer su económico plato criollo compuesto de “caraota negra- arroz-ñema y tajá” etc. Con ellos me mantuve, hasta que un buen día vi en el Carabobeño, el que la Universidad de Carabobo habría un Concurso de Oposición para ingresar a la Cátedra de Microbiología; al cual concurrí y lo gané: por lo que desde entonces,  laboro como Profesor en mi Alma Mater  Carabobensis.

Por ello, es que hoy día comprendo y defiendo los Derechos Humanos. Y estos humildes campesinos,  comprenden mejor el engaño del Socialismo del S.XXI; que les ofreció un mejor vivir, hoy  después de 18 años y en pleno  2017, ellos saben que no han mejorado en nada, saben que fueron producto del engaño y de sus falsos ofrecimientos; el que solamente les aportó, el divisionismo que en ellos no existía y el odio social que quebrantó su camaradería como laboriosos ciudadanos y sus campos están infecundos, donde hoy día, los enchufados Boliburgueses lo  tienen “TO” y ellos no tienen” NA” de lo que antes tuvieron: paz, trabajo, alimentos y salud en su Medicatura.

Hoy estos fariseos Socialistas tratan de encubrir su fracaso ante ellos, con su propaganda  de que todo fue producto de la IV República y del Capitalismo; lo cual es falso de toda falsedad, usada constantemente, para poder ellos encubrir su incompetencia de 18  años de corrupción y de incompetencia administrativa.

Esta Verdad Verdadera, la viví en carne propia y la percibí en la Casa Mayor en mi reciente visita que como turista efectué con mi esposa y nietos al pueblo de MANUARE, que en aquel entonces lo” tuvo-TO” y hoy en el 2017 “No tiene NA”. Se requiere tener ojos de vidrio y un cerebro adiposo, para admitir la Constituyente. ¡VOILÁ¡

Dr.Rafael Tobías Blanco Vilariño.
Médico Microbiólogo Clínico.
Universidad de Carabobo-Valencia- Venezuela.

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