Published On: dom, Jul 7th, 2019

Las lluvias se convierten en algo peor que los huracanes en la Florida


Huracanes y calentamiento global: El verdugo ya no es el viento, sino las lluvias imparables

Pregúntele a cualquiera el elemento más peligroso de un huracán, y le podrán mencionar el viento. Pueden mencionar la marea de tormenta. Pero es poco probable que mencionen al mayor asesino: la lluvia.

En los últimos tres años, a medida que el impacto del cambio climático en los huracanes se hizo más evidente, la lluvia ha dejado a un lado a la marea ciclónica para convertirse en la principal causa de muertes.

Según el Centro Nacional de Huracanes, alrededor del 75 por ciento de las 162 muertes en huracanes y otros ciclones tropicales que azotaron Estados Unidos entre el 2016 y el 2018 fueron causadas por la lluvia, y la mayoría de las víctimas se ahogaron en sus vehículos o cerca de ellos. El número excluye las cifras del huracán María, que arrojó enormes cantidades de lluvia en Puerto Rico, debido a la incertidumbres por el recuento de muertos.

Las muertes fueron causadas por una serie de huracanes particularmente húmedos que establecieron récords estatales y nacionales de precipitaciones. El huracán Harvey, una tormenta del 2017 que trajo más de 60 pulgadas de lluvia a partes del sureste de Texas, superó el récord de los sistemas meteorológicos tropicales en Estados Unidos. Los torrentes de agua arrastraron autos, se llevaron a los conductores que intentaban escapar a pie, y arrojaron vehículos de los puentes bajos.

Tales escenas pueden volverse más comunes a medida que lluvia más intensa acompaña a huracanes que se forman en un mundo más cálido.

“Creo que estamos en los comienzos de la nueva normalidad”, dijo Ben Kirtman, director del Centro de Ciencias de Computación del Clima y de Riesgos Ambientales de la Escuela Rosenstiel para Ciencias Marinas y Atmosféricas de la Universidad de Miami.

“Es bastante simple. Una atmósfera más cálida contiene más vapor de agua. Y así, cuando llega el momento de condensar todo ese vapor de agua y producir lluvia, hay más vapor de agua disponible. El segundo elemento es el motor de las tormentas tropicales. La fuente de energía para ese motor son las temperaturas cálidas de la superficie del océano, y esas han aumentado. A medida que el sistema climático se calienta, el océano se calienta. Eso significa que hay más combustible para estos huracanes, lo que puede llevar a una mayor precipitación”.

Varios estudios atribuyen la lluvia torrencial de Harvey, al menos en parte, al cambio climático. Un estudio realizado por científicos en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley en el 2017 encontró que el cambio climático probablemente aumentó las lluvias del huracán en el área de Houston hasta en un 38 por ciento.

Un estudio realizado por científicos del Centro Nacional de Investigaciones de la Atmósfera y otras instituciones encontró un vínculo directo entre la lluvia de Harvey y el calor inusual en el Golfo de México en ese momento, cuando el agua templada alcanzó los 86 grados.

El estudio, financiado por el Departamento de Energía de Estados Unidos y la Fundación Nacional para las Ciencias, relacionó la cantidad de lluvia directamente con la cantidad de agua que se evaporó del Golfo de México, mostrando que el calor perdido del océano se manifestó en la cantidad de agua que precipitó.

“Mientras que los huracanes ocurren naturalmente, el cambio climático causado por el hombre está sobrecargando y exacerbando el riesgo de un daño mayor”, dijo el estudio. “Harvey no podría haber producido tanta lluvia sin el cambio climático inducido por el hombre. Los resultados tienen implicaciones para el papel de los huracanes en el clima. La planificación proactiva de las consecuencias del cambio climático causado por el hombre no está ocurriendo en muchas áreas vulnerables, lo que empeora los desastres”.

Suzana Camargo, directora ejecutiva de la Iniciativa sobre Clima Extremo y Clima en la Universidad de Columbia, dijo que todos los estudios que examinaron las lluvias y el cambio climático de Harvey encontraron un vínculo, que difiere solo en el porcentaje de lluvia que atribuyen al cambio climático.

“Usted esperaría que una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, por lo que tendría más lluvias, de manera quye no sorprende que comencemos a ver eso también con relación a los huracanes”, dijo.

“Esa fue una de las proyecciones que deberíamos ver a fines del siglo XXI, pero ahora, en algunos huracanes específicos, estamos empezando a verla. Las proyecciones son para un aumento del orden del 20 por ciento para finales de siglo. Pero ya ves que puedes ver que la señal comienza a aparecer en estas tormentas”.

Como una esponja gigante, un huracán absorbe el agua que se evapora de la superficie cálida del océano. A medida que el huracán avanza en su camino, la esponja absorbe agua constantemente y se escurre, produciendo lluvia. En un clima más cálido, la esponja es más grande porque el aire caliente puede contener más vapor de agua. Y dado que el océano mismo sería más cálido, más agua se evaporaría en la esponja para regresar a la tierra como lluvia.

Con este clima más cálido, otras tormentas recientes también establecen récords de lluvia.

El año pasado, el huracán Florence estableció récords en las Carolinas, con casi 36 pulgadas de lluvia, y Hurricane Lane estableció el récord de Hawaii con 52 pulgadas.

El huracán María golpeó a Puerto Rico a fines de septiembre del 2017 e inundó la isla con hasta 38 pulgadas de lluvia, lo que provocó inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra.

Un estudio en la revista Geophysical Research Letters encontró que, debido al cambio climático, la severa lluvia de María era casi cinco veces más probable que hubiera tenido lugar de lo que habría sido en la década de 1950.

“Nuestro estudio concluye que las precipitaciones extremas, como la del huracán María, se han vuelto mucho más probables en los últimos años y que las tendencias a largo plazo de la temperatura de la superficie del mar y la atmósfera están relacionadas con el aumento de las precipitaciones en Puerto Rico”, dijo el estudio.

Estas fuertes lluvias provocaron que las inundaciones en el interior superaran a la marea ciclónica como causa de muertes por huracanes.

De 1963 al 2012, la marea ciclónica causó el 49 por ciento de las muertes por huracanes, y la lluvia representó el 27 por ciento, según el Centro Nacional de Huracanes. Pero en los últimos tres años, la marea ciclónica representó solo el 4 por ciento de las muertes.

A diferencia de la marea ciclónica, que afecta solo a las áreas cercanas al océano, las lluvias torrenciales pueden matar en las profundidades del interior.

La lluvia más fuerte en el huracán Florence cayó sobre Elizabethtown, N.C., a más de 50 millas del océano. La lluvia más intensa en Harvey cayó en la ciudad de Nederland, Texas, a unas 20 millas tierra adentro.

En Beaumont, al norte de Nederland, una mujer se ahogó después de escapar de su automóvil y ser arrastrada.

Un ministro [religioso] y su esposa trataron de manejar en su camioneta a través de una intersección inundada, se quedaron atascados y llamaron al 911. Cuando llegaron los rescatistas, encontraron sus cuerpos en el vehículo sumergido.

Una familia de seis personas murió después de intentar cruzar un puente inundado en una camioneta. El agua arrastró la camioneta hasta el pantano adyacente, donde comenzó a hundirse. El conductor escapó y les gritó a los niños que regresaran para salir por la puerta trasera, pero no pudieron hacerlo y se les escuchó gritar cuando la camioneta se hundió.

Un estudio realizado por científicos en el Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas analizó cómo 20 huracanes del Atlántico serían diferentes si se produjeran a fines de este siglo, si la proyección promedio para el calentamiento global se hiciera realidad. El estudio descubrió que generarían un promedio de 24 por ciento más de lluvias.

Daniel Brown, especialista en huracanes y meteorólogo de coordinación de advertencias, en el Centro Nacional de Huracanes, dijo que si bien el futuro podría traer huracanes más lluviosos, sería prematuro concluir, por algunas tormentas recientes, que ese futuro ha llegado.

“Hemos visto tormentas de movimiento lento en el pasado que han arrojado copiosas cantidades de lluvia, y lo veremos en el futuro”, dijo. “Se necesitan más que unas cuantas tormentas para ver una tendencia a largo plazo”.

Ya sea que el cambio climático sea responsable de las lluvias más intensas o no, los científicos dicen que hay pruebas de que los huracanes han disminuido su avance y continuarán haciéndolo. Eso significaría que otras partes del país podrían experimentar la tragedia de Texas con Harvey, que se estancó en el estado y lo castigó con lluvias durante cuatro días.

Un estudio en la revista Nature encontró que los ciclones tropicales han disminuido su velocidad de avance en un 10 por ciento desde 1949, y muchos científicos esperan que esta tendencia continúe.

“Los estudios han sugerido que los huracanes podrían ser más lentos”, dijo Brown, del Centro Nacional de Huracanes.

“Esa es una receta para huracanes muy fuertes que producen lluvias”.

El sistema familiar para clasificar los huracanes, donde la Categoría 1 representa una tormenta relativamente débil y la Categoría 5 representa un monstruo, se basa únicamente en la velocidad del viento.

Los expertos dicen que este énfasis en el viento se traslada al público, donde sigue habiendo una falta de apreciación por los riesgos planteados por la lluvia.

“La gente está muy centrada en el viento”, dijo Bill Johnson, director de administración de emergencias del condado de Palm Beach.

“Vemos el daño que hace el viento, y prestamos mucha atención a eso, pero desafortunadamente no le prestamos atención al verdadero asesino, y ese es el agua”.

Los conductores subestiman el poder y la profundidad del agua de inundación. De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, solo 6 pulgadas de agua en movimiento rápido pueden derribar a un adulto. Un pie de agua puede llevarse un coche pequeño. Y generalmente es imposible medir la profundidad del agua de la inundación.

“Después de una tormenta, el agua no parece profunda”, dijo Johnson.

“Cuando las señales de tránsito están bajas, es aún más difícil determinar dónde termina la carretera y dónde comienza la cuneta”.

Esta historia fue producida por Florida Climate Reporting Network, una iniciativa de redacción que incluye a South Florida Sun-Sentinel, Orlando Sentinel, The Palm Beach Post, Miami Herald, WLRN Public Media y Tampa Bay Times.

Fuente:elnuevoherald.com

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