Published On: vie, Sep 27th, 2013

Las preferencias del papa Francisco

Las aficiones culturales y literarias mas desconocidas del Papa Francisco
«En pintura admiro a Caravaggio: sus lienzos me hablan». «En música amo a Mozart». «La Strada de Fellini es quizá la película que más me haya gustado». «Amo muchísimo a Dostoievski y Hölderlin»… La reciente entrevista revela también los gustos literarios y culturalesde un Papa fuera de lo común. Un Papa que jugaba a las cartas, que sabe cocinar desde que su madre quedó paralizada, que disfruta con elfútbol y que adora el tango.

Jorge Bergoglio, una persona muy reservada sobre susgustos personales, había comenzado a levantar el velo en el libro-entrevista «El Jesuita» del 2010. Cuenta, por ejemplo, que «De joven practicaba el básquet, pero me gustaba ir a la cancha a ver el fútbol». Es un hinchade verdad. Al cabo de toda una vida sigue siendo socio –con pago de las cuotas- del San Lorenzo de Almagro, cuyos directivos le visitaron hace unos meses en el Vaticano».

En ese libro contaba que le gusta «muchísimo» el tango: «Es algo que me sale de adentro. Creo conocer bastante bien sus dos etapas». No sólo conoce las piezas sino también los creadores, hasta niveles personales: «A Azucena Maizani le di la extremaunción».

Sus escritores favoritos

En su entrevista con «La Civiltá Cattolica», publicada el 19 de septiembre simultáneamente en 16 revistas de los jesuitas, el Papa explica sus gustos literarios y artísticos. «He sido aficionado a autores muy diferentes entre sí. Amo muchísimo a Dostoievski y Hölderlin. Me gusta recordar aquella poesía tan bella para el cumpleaños de su abuela, que me ha hecho tanto bien espiritual…».

El Papa comenta que «he leído ‘Los Novios’ tres veces, y ahora lo tengo sobre la mesa para volverlo a leer. Manzoni me ha dado mucho». Otros autores favoritos son Dante (“La Divina Comedia”), Leopoldo Marechal y Gerard Manley Hopkins, un jesuita británico muy innovador del siglo XIX. Aparte de clásicos como Calderón o Lope, entre los escritores españoles cita a Jose María Pemán.

Cuando Jorge Bergoglio era un joven profesor de literatura en Santa Fe, invitó a Jorge Luis Borges a leer las composiciones de los alumnos. El resultado fue un libro prologado por el escritor. ¿Cómo conoció a Borges? «Conocía a su secretaria, que me había dado clases de piano».

Devoción por Mozart

Había comenzado a amar la música de niño, escuchando con su madre las óperas en la radio. Pero las primeras canciones las aprendió de un tío abuelo materno, «que era un viejo pícaro, y que nos enseñaba a cantar cantitos medio subiditos de tono en dialecto genovés. Por eso, lo único que sé en genovés son cosas irreproducibles».

Aunque daría cualquier cosa por cantar bien, el Papa desafina, y por eso no canta en las ceremonias. Eso no le impide apreciar la buena música: «Amo a Mozart, obviamente. Aquel ‘Et Incarnatus est’ de su Misa en Do es insuperable: ¡te lleva a Dios! Me encanta Mozart interpretado por Clara Haskil. Mozart me llena: no puedo pensarlo, tengo que sentirlo». También le gustan Beethoven, Bach y Wagner.

En cuanto a cine, «’La Strada de Fellini’ es quizá la película que más me haya gustado. Me identifico con esa película en la que hay una referencia explícita a San Francisco. Luego creo haber visto todas las películas de Anna Magnani y Aldo Fabrizi cuando tenía entre 10 y 12 años. Otra película que me gustó mucho fue ‘Roma Cittá aperta’. Mi cultura cinematográfica se la debo sobre todo a mis padres, que nos llevaban muy a menudo al cine».

Sus cuadros preferidos

Le encanta el neorrealismo italiano y también «El festín de Babette», una historia de generosa humanidad en medio de un exagerado calvinismo puritano, que tiene miedo al amor y desconoce la felicidad.

En pintura, admira un cuadro de Marc Chagall, la ‘Crucifixión Blanca’, en que Jesús aparece vestido de judío y rodeado de símbolos judíos. El artista ruso lo pintó después de la ‘Kristallnacht’ de 1938, el preámbulo a la increíble persecución del pueblo judío en Europa hasta 1945.

Pero su pintor favorito es Caravaggio. Y su cuadro preferido, ‘La vocación de Mateo’, en la iglesia de San Luis de los Franceses, que acudía a contemplar cuando venía a Roma. El joven Jorge Bergoglio recibió inesperadamente su vocación sacerdotal el 21 de septiembre de 1953, fiesta de San Mateo y comienzo de la primavera en el hemisferio sur.

Sesenta años mas tarde, el cuadro le recuerda aquel momento: «Ese dedo de Jesús apuntando así…a Mateo. Así estoy yo, así me siento. Como Mateo. Se aferra a su dinero como diciendo: ‘¡No, no a mí! No. ¡Este dinero es mío!’ Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada…».

ABC

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