Publicado el: Vie, Mar 11th, 2016

Las vidas que penden de un puente entre Venezuela y Colombia

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Según ONG, 22 personas con graves enfermedades murieron al intentar pasar desde el estado Táchira.

La ONG Comunidad Naciones Unidas tiene una de las cuentas más infortunadas ocurridas a raíz del cierre de la frontera entre Venezuela y Colombia por el lado del Táchira. Según sus registros, 22 personas han muerto intentando cruzar el puente que une a ambos países buscando medicación o tratamiento.

El Gobierno colombiano endureció las medidas migratorias en la frontera con Venezuela para mantener la seguridad y el orden en los pasos fronterizos que cumplieron más de seis meses cerrados el 19 de febrero.

 Cuando se comenzó a sentir la falla en insumos y medicinas en Venezuela, los ciudadanos de ese país que residen en poblaciones fronterizas empezaron a trasladarse a Colombia en busca de tratamiento. Pero una vez que se inició el bloqueo, precedido de un cierre parcial nocturno que venía desde agosto del 2014, las restricciones se hicieron más fuertes.

En la “nueva etapa” de relaciones colombo-venezolanas a partir del bloqueo, en Venezuela comenzaron a otorgarse permisos de 24 horas para citas médicas y hasta por un mes en caso de intervenciones quirúrgicas, y permisos para pacientes oncológicos, con VIH, insulinodependientes o con compromiso renal que requirieran hemodiálisis.

El último fallecimiento de una persona en el intento de cruzar el puente, de acuerdo con la ONG, ocurrió por el manejo del paciente en el lado venezolano, dijo Jacinto Jaimes, representante jurídico de la organización y miembro de la asociación Abogados Sin Fronteras.

Jaimes señaló que los protocolos de salud establecen que las ambulancias deben contar con oxígeno y paramédico, y las que hay en la frontera del lado venezolano no tienen ni siquiera un cilindro de oxígeno. Así, un enfermo que venía de Colombia hacia Venezuela en condición crítica para ser entregado a sus familiares falleció en el transbordo de ambulancias.

Jean Carlos, de 3 años y nieto de Libia Omaña, padecía leucemia. Hacía siete meses se le practicaba quimioterapia en Cúcuta. El 11 de diciembre del 2015 tuvo fiebre y convulsionó. En Ureña le bajaron la fiebre, pero le recomendaron que lo llevara con urgencia a Cúcuta. La abuela relató que se dirigió a la Guardia Nacional para pedir permiso y se lo negaron. Desesperada, buscó al niño y a sus papás y se lo llevó a la 1 a. m. hasta el puente para que lo viera la Guardia.

Señor, mire que no es mentira, el niño tiene los labios morados, está convulsionando, se me está muriendo. Por Dios, déjeme pasar, se lo suplico. Fue imposible, me dijo que no podía, que tenía que cuidar el puesto que tenía, que por dejarnos pasar podían botarlo”, narró la mujer, recordando, con voz entrecortada.

Tuvieron que esperar en un ambulatorio en San Antonio hasta las 6 a. m. del 12 de diciembre, cuando llegaron los bomberos para pasar al niño a Cúcuta. Su condición había empeorado tanto que al ingresar al centro médico colombiano murió.

La mayoría de los pacientes que van a Colombia por atención tienen doble nacionalidad, lo que les permite acceder a servicios médicos en el vecino país.

Eleonora Delgado
El Nacional

 

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