Publicado el: Mar, Sep 15th, 2015

Llegan 12 balseros a Miami en una precaria balsa

Doce cubanos llegan en precaria balsa a la playa de Miami Beach
El grupo de 11 hombres y una joven mujer salieron de Villa Clara y pasaron seis días en el mar
Los inmigrantes estaban deshidratados pero en buen estado de salud, aunque pasaron dos días sin comer. Enfrentaron mal tiempo en su travesía por el Estrecho de la Florida

Una docena de cubanos arribaron el martes a los exclusivos hoteles Delano y Ritz-Carlton de Miami Beach, pero no con la intención de registrarse sino en busca de la libertad.

El grupo de balseros, 11 hombres de entre 18 y 34 años de edad, una joven de 16, y una perra, tocó tierra cerca de la concurrida Lincoln Road alrededor de las 11:00 de la mañana ante la mirada de decenas de bañistas para culminar una odisea de seis días en altamar.

“El viaje fue muy malo, hubo mucho viento, mucha turbonada, mucha marejada … apenas ayer pudimos ver el alumbrado porque nos habíamos tirado al abandono ya. No teníamos comida, solamente agua,” dijo Carlos Alberto Braña García, de 22 años, en declaraciones a el Nuevo Herald.

Los cubanos partieron desde Caibarién, en la provincia de Villa Clara, el jueves pasado en una precaria embarcación metálica de unos nueve pies de largo propulsada por una vela improvisada y remos de madera.

Braña García dijo que planearon la travesía por mas de un mes, tuvieron una salida en falso y luego volvieron a intentarlo cuando mejoraron las condiciones climáticas.

Ellos dicen que sobrevivieron los últimos días del viaje solo con un puñado de maní y agua.

“Nos veíamos casi muertos, rezándoles a todos los santos, orando, con tremendo mal tiempo, pero cuando abrimos los ojos estábamos viendo las luces de los Estados Unidos”, cuenta Pedro Campos Armas, agregando que anteriormente había intentado hasta 19 veces escapar de la isla.

Aunque llegaron un poco deshidratados y pasaron dos días sin comer, los cubanos están en buen estado de salud, según indicó el oficial de la Patrulla Fronteriza Brett Overton.

“Todos están bien, los llevaremos a la estación para empezar el proceso, estuvieron en el agua por algunos días pero están bien”, dijo Overton. “Ahora tomaremos sus huellas para identificarlos y los pondremos en el sistema”.

El hecho de haber alcanzado las blancas arenas de South Beach sin ser interceptados por la Guardia Costera significará que se acogerán a la ley de pies-secos, pies-mojados y podrán permanecer legalmente en el país para eventualmente convertirse en ciudadanos estadounidenses.

Unos 612 cubanos han llegado al territorio estadounidense en lo que va del año fiscal, de acuerdo con datos de la Patrulla Fronteriza. El año pasado, el número fue de 814 refugiados.

Una persona que estaba en la playa captó la celebración de 12 inmigrantes cubanos que llegaron a Miami en una precaria balsa, el martes en la mañana. Los inmigrantes salieron de Villa Clara, Cuba, y tardaron seis días en llegar a tierra firme.

Fred Mehr, quien trabaja en la caseta de playa del hotel Delano, presenció la llegada de los balseros.

“Primero pensé que una de las cabañas se había volado al agua”, dijo Mehr. Pero cuando se acercó a la orilla vio la embarcación artesanal y un grupo de personas saltando de ella.

“Ellos salieron corriendo del bote con los ojos bien abiertos”, dijo. “Cuando se dieron cuenta que estaban a salvo, se abrazaron, se sentaron y empezar a rezar”.

De repente, uno de los hombres volvió a la balsa. Se agachó y sacó algo de ella, era “Chiquitica”, la perrita mixta que acompañó a los viajeros en la travesía.

Los balseros — curtidos por el sol — se mostraron contentos de haber alcanzado su objetivo, y algunos ya están haciendo planes a futuro.

“Quiero trabajar y disfrutar de la libertad”, dijo Laudel Borges, de 21 años.

Añadió otro miembro del grupo, Eduardo Manso Vita: “Vine para poder ayudar a mis hijos porque se están muriendo de hambre allá”.

Para Braña García, la felicidad inmediata se ve reflejadas en 12 onzas líquidas y un control remoto.

“Ahora quiero tomarme una buena cerveza, poder ver buena televisión, ver a las amistades que tengo acá que no he visto y esperar a que Dios me dé un buen futuro”, dijo el muchacho, con un rostro cansado que dejaba entrever una sonrisa.

El Nuevo Herald

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