Published On: mar, Jun 11th, 2019

LOS GORRIONES DE NICOLÁS, por Eugenio Montoro

Los regímenes comunistas son admirables por su capacidad de tapar las peladas de bola. Por eso, es responsabilidad de los que no nos gusta ese absurdo y peligroso sistema el ponerlas sobre la mesa para que las personas eviten caer en los engaños de estos predicadores del mundo feliz pero que, en la realidad, y tercamente demostrada, son patíbulos preñados de palabrería.

Mao Zedong fue un líder fundamental en la historia de China. Una vez que tomó el poder empezó a implantar medidas para su nación de copiando el modelo comunista ruso pero adaptado a su realidad.

A un conjunto de decisiones las denominó “el gran salto adelante” que trataba de animar la producción metal mecánica. Se prohibieron las siembras privadas y se crearon miles de comunas, formadas por unas cinco mil familias cada una, muchas direccionadas a la fabricación de acero.
También el “gran salto” incluía el detalle de eliminar algunas plagas como las ratas, las moscas, los mosquitos y (sorpresa) a los gorriones. La razón de incluir a los pajaritos fue una cuenta que demostraba que cada uno se comía 4,5 kilos de granos al año y que eso representaba la comida de unas 60.000 personas así que eran una plaga que había que eliminar.

A los pocos años fue claro que la fabricación de acero en hornos caseros era un fracaso gigantesco pues el material que se producía era malo y prácticamente inútil. El campo se descuidó por la pérdida de interés a consecuencia de la colectivización. Por su parte la eliminación de los gorriones, rompiendo sus nidos y envenenando a las aves casi los extinguió, pero su ausencia hizo que los insectos se multiplicaran exponencialmente afectando fuertemente a las cosechas. China entró en una hambruna general donde murieron (30,40 ¿?) millones de personas.

A lo callado se trajeron luego centenares de miles de gorriones desde Rusia tratando de recuperar el equilibrio ecológico y de taparear “la gran pelada de bola hacia delante”.
Los inventos comunistas de “mejoras” son usualmente anunciados como grandes soluciones y con gritos de entusiasmo y propaganda, pero como no parten de una lógica serena usualmente se convierten en un desastre. Son ejemplos locales el control de cambio, las expropiaciones de fábricas y haciendas, los motores económicos fundidos y prácticamente todo lo útil convertido en inútil.

El fanatismo comunista de creerse poseedores de la verdad y el camino para lograr un mundo mejor, los hace justificar casi cualquier atrocidad y la eliminación de los enemigos es una de ellas. Por supuesto las cosas han cambiado y ahora hay de disimular. Ya no se puede fusilar tan fácil o enviar a lo contarios a los archipiélagos para que se mueran como lo hacía Stalin, ahora se meten presos, los empujas a irse al exilio o simulas un suicidio.

Los gorriones venezolanos son los millones que forman la oposición al régimen de Nicolás. Sobre ellos, también está la orden de exterminio. La primera acción es enmudecerlos y limitar la prensa, la radio y la TV. La segunda es amenazarlos o apresarlos. A los que hacen bulla, primero se les amenaza para que se tengan que marchar del país o, si no, los ponen tras las rejas.

Si hay inflación mejor, si no hay fuentes de trabajo mejor, si los servicios de electricidad y agua funcionan mal mejor, si no hay medicinas, mejor, eso hace que millones de gorriones crucen las fronteras y se marchen a otros lugares para salvarse del hambre. Ellos no son importantes. Son el éxito del plan de exterminio. Lo importante es mantener en el poder a los adoradores de Mao y Stalin a fin de salvar el “proceso” con el que se creará “el hombre nuevo”. Las locuras del fanatismo en acción. Si salvar al proceso requiere delinquir, también eso es aceptable.

Al igual que Mao algún día entenderán que hacer desaparecer a los gorriones venezolanos es matar la esencia de Venezuela. Con ellos se va el talento, la juventud y el futuro de una Nación entera. Por ello este régimen debe terminar para que nuestros gorriones vuelen de regreso a casa a reconstruir un desastre creado por unos fanáticos apátridas cegados de poder. Si yo fuese militar también ayudaría a que esto sucediera.

Eugenio Montoro
montoroe@yahoo.es

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