Publicado el: Mar, Jun 9th, 2015

Los grandes recursos de la Fundación Clinton le causan problemas a Hillary

Desde que Hillary Clinton se lanzó a la carrera de las presidenciales de 2016, la prensa estadounidense no ha parado de hurgar en la Fundación Clinton. Sus enormes cuentas y su abultada lista de donantes millonarios han obligado a la candidata a tener que dar explicaciones en varios momentos. La Bill, Hillary & Chelsea Clinton Foundation no paga la campaña electoral de la candidata demócrata, ni nada ha salido sobre la entidad que haya zarandeado su apuesta electoral. Pero informaciones sobre el elitismo social de los Clinton contribuyen a dar a Hillary una imagen de persona rica y muy bien conectada con los poderosos, precisamente el perfil que ella intenta combatir, pues su estrategia se está basando en procurar aparecer como una persona común, que comparte los problemas de la calle.

Pero la Fundación Clinton no es nada común ni corriente. Desde su creación en 1997 ha recaudado un total de 2.000 millones de dólares para sus once iniciativas -desde la lucha contra el sida en África hasta la reconstrucción de Tahití-; emplea a unas 2.000 personas, y tiene un presupuesto anual de 223 millones de dólares.

Ni Bill ni Hillary han cobrado salarios de la Fundación, pero algunos de sus elevados ingresos por discursos (25 millones de dólares entre 2014 y 2015) se han debido a intervenciones relacionadas con asuntos de la entidad. En ese conglomerado el gran protagonismo lo tiene la Clinton Global Initiative, un club de multimillonarios y gobernantes a los que Bill Clinton reúne para solicitar fondos para fines filantrópicos. Lo que ha generado la sombra de tráfico de influencias, sobre todo cuando Hillary fue la jefa de la diplomacia estadounidense (2009-2013) y ante la posibilidad de que ella -y su marido- llegue de nuevo a la Casa Blanca.

Todo ello ha perjudicado la popularidad de la candidata. Según el último sondeo de la cadena ABC, la opinión favorable acerca de Hillary se encuentra en el nivel más bajo desde abril de 2008, en su primera carrera presidencial. El 41% de los estadounidenses creen que es honesta y digna de confianza, frente al 52% que dicen que no lo es. Con todo, las encuestas son más positivas para ella que para cualquiera de sus rivales republicanos.

Algunas informaciones de prensa han sembrado dudas sobre la disciplina de Hillary Clinton a la hora de separar lo público y lo privado. El hecho de que, como secretaria de Estado, gestionara desde un servidor personal tanto su correo electrónico privado como el oficial, contraviniendo lo estipulado por la Administración, y borrara al final de ese periodo correspondencia que debía haberse almacenado por mandato federal indica una confusión de esferas que también ha afectado a asuntos de la Fundación.

Así, aunque dejó el consejo de la entidad cuando pasó a dirigir el Departamento de Estado, la Fundación pagó un segundo salario a su jefa de gabinete, Huma Abedin, como consultora. La Fundación contrató también como consultor a Sidney Blumenthal, quien al mismo tiempo actuó de consejero de la secretaria de Estado enviándole informes sobre asuntos del departamento, como en la crisis de Libia.

«Si ha estado mezclando una cosa y la otra, ¿quién nos dice que no hará lo mismo en la Casa Blanca», ha apuntado el senador Linsey Graham, quien el pasado fin de semana su sumó a la crecida lista de candidatos presidenciales republicanos. Además de esa criticada confusión de intereses, sus detractores apuntan a dudas sobre la influencia que grandes donantes de la Fundación, especialmente gobiernos extranjeros, pueden tener sobre las políticas defendidas por Hillary.

Cuando su esposa fue nombrada secretaria de Estado, Bill Clinton prometió a Obama que la Fundación renunciaría a recibir donativos de gobiernos que no estuvieran ya colaborando financieramente. Los que lo hacían podrían seguir con sus aportaciones, sin incrementarlas. Sin embargo, en una ocasión se rompió la regla, al producirse una aportación de Argelia destinada a paliar los efectos del terremoto de Haití. En ese momento, según «The Washington Post», los argelinos buscaban un acercamiento a la Administración Obama y estaban pagando a «lobbies» para influir en el Departamento de Estado en materia de derechos humanos.

ABC DE ESPAÑA

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