Published On: mar, Feb 11th, 2014

Los partidos se alternan, los sistemas se reemplazan

-Las  revoluciones no se llevan a cabo para revocarlas luego en unas ridículas  elecciones burguesas. ¿A quién se le puede ocurrir semejante estupidez?
Por: Carlos Alberto Montaner

En Costa Rica la segunda vuelta será entre dos variantes de la  socialdemocracia. El profesor y diplomático Luis Guillermo Solís, a la  cabeza del Partido de Acción Ciudadana (PAC), se enfrentará al ingeniero  Johnny Araya, ex alcalde de San José, líder del Partido de Liberación  Nacional (Liberación). El PAC es un desprendimiento de Liberación.

 Solís  parece ser un keynesiano -más Estado para solucionar los problemas del  país-, mientras se supone que Araya sostiene una fórmula cercana al  mercado. Cualquiera de los dos que gane respetará la ley. Lo que está en  juego es la administración del gobierno y no el modelo político o  sistema económico. En eso fue contundente la sociedad costarricense. Más  del 80% rechazó decididamente al Frente Amplio, expresión local de la ruptura marxista con la democracia liberal.

En  El Salvador, en cambio, ocurrió algo muy diferente. Se disputarán el  poder el maestro Salvador Sánchez Cerén, comunista y ex comandante de la  guerrilla, quien casi obtuvo el 50% de los votos representando al FMLN,  y el dentista Norman Quijano, anticomunista y candidato de la Alianza  Republicana Nacionalista (ARENA). Los dos partidos fueron gestados  durante la sangrienta etapa de la Guerra Fría.

 Pero hay algunas diferencias. Sánchez Cerén fue una figura  destacada en el conflicto (lo acusan de ser el responsable directo o  indirecto de cientos de asesinatos), mientras Quijano no empuñó las  armas y se dedicó al deporte, al ejercicio de su profesión de dentista  y, llegado el momento, a la política municipal.

 Sánchez Cerén  aventajó a Quijano en diez puntos en la primera vuelta, pero hay dos  circunstancias que mantienen viva la esperanza de ARENA: un tercer  partido de derecha, el del ex presidente Tony Saca, obtuvo el 11% de los  votos, mientras se abstuvo de sufragar el 48% de los electores. Quijano  piensa que, si logra que los salvadoreños voten, puede ganarle al FMLN.  En todo caso, es una tarea enormemente difícil, aunque no imposible.

 No  obstante, las diferencias entre estas dos figuras son abismales. Si  Quijano gana, intentará frenar la inmensa violencia de las  maras,  reducir la pobreza y aumentar sustancialmente las inversiones privadas  para lograr más y mejores empleos, de manera que cientos de miles de  salvadoreños pasen a engrosar las clases medias.

 En el trayecto,  como sucede en los países más prósperos del planeta, numerosos  empresarios se enriquecerán, pero a Quijano no le importa que haya más  ricos. Él es un reformista que desea perfeccionar el sistema. Lo que  quiere es que haya menos pobres.

 Si gana Sánchez Cerén la historia  será otra. Actuará como un marxista convencido de la maldad intrínseca  de un sistema de explotación basado en la propiedad privada, en el que  los capitalistas se apropian de la plusvalía de los trabajadores, y  optará por una economía planificada, dirigida por los bienintencionados  burócratas de su cuerda política, en detrimento de un mercadoque, según Marx y él, conduce al enriquecimiento de los poderosos y a  la progresiva depauperación y alienación de los trabajadores. Ser rico  es malo. La propiedad es un robo.

 Para lograr el reino de la  justicia marxista, Sánchez Cerén, aunque le tome cierto tiempo, tendrá  que recurrir a la violencia y a la dictadura del proletariado, algo que  moralmente justifican todos los revolucionarios que en el mundo han  sido. ¿Qué importan unas cuantas vidas sacrificadas cuando está en juego  el destino glorioso de la humanidad? Pregúntenle a Stalin, a Mao, a  Castro, a Pol Pot.

 ¿Cómo lo hará? Seguirá los pasos del Socialismo del Siglo XXI, como han hecho Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador. Cambiará la constitución, prorrogará sinedie el mandato presidencial, controlará todos los poderes y se hará cargo  progresivamente del aparato productivo. El guión es muy conocido.

 Como  postulan los comunistas serios, y Sánchez Cerén es uno de ellos, las  revoluciones no se llevan a cabo para revocarlas luego en unas ridículas  elecciones burguesas. ¿A quién se le puede ocurrir semejante estupidez?

La  alternancia en el poder es entre partidos de una misma familia  política, no entre sistemas diferentes. Los partidos se alternan, los  sistemas se reemplazan. Una sociedad no puede mudar de piel cada cinco  años. El viejo símil es cierto: una pecera se puede convertir en una  sopa de pescado. Una sopa de pescado no se puede convertir en una  pecera.

 

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