Published On: jue, Nov 28th, 2013

Los tsunamis cambiarios de Venezuela

  Por: Asdrubal Oliveros*

 Los controles cambiarios que se han implementado en Venezuela durante los últimos treinta años, si bien tienen sus características propias, muestran también muchas similitudes en cuanto a su estructura y evolución, por lo que puede resultar muy útil analizar las experiencias pasadas con el fin de establecer por qué estos controles se hicieron insostenibles, cómo se eliminaron y cuáles fueron las consecuencias económicas que se derivaron de sus desmantelamientos y sustitución por esquemas cambiarios alternativos.

En el siguiente informe vamos a reseñar el documento realizado por nuestro director el Dr. Pedro Palma que publicará la Academia Nacional de Ciencias Económicas, en el que se explica entre otras cosas, el aumento desproporcionado de los precios en los meses que siguieron al desmantelamiento de los controles de cambio, hecho que se asemeja a unas grandes olas y se define en el informe como los “tsunamis cambiarios”.

Los dos últimos controles cambiarios del siglo pasado, es decir, el que se implementó entre 1983 y 1989 (Recadi) y el del Gobierno del expresidente Caldera entre 1994 y 1996 (OTAC) tuvieron una serie de similitudes, entre las que se pueden mencionar las siguientes:

1. Tipos de cambio oficiales fijos mantenidos por períodos prolongados.

2. Materialización de mercados cambiarios paralelos.

3. Presiones inflacionarias crecientes.

4. Severos controles de precios.

5. Apreciación real de la moneda y problemas de sobrevaluación creciente.

6. Florecimiento de la corrupción e insostenibilidad de los controles.

De todo lo anterior puede observarse que a lo largo de la implementación de los controles cambiarios de Recadi y de OTAC, y particularmente en sus etapas avanzadas, se materializaron y profundizaron una serie de desequilibrios macroeconómicos en el ámbito cambiario, externo, fiscal, productivo, monetario y financiero que vinieron acompañados por un fuerte repunte inflacionario. Todo ello desembocó en situaciones económicas muy problemáticas que exigían atención inmediata, razón por la que, en ambos casos, se implementaron programas de ajuste que buscaban la corrección de aquellos desequilibrios y adversidades.

Estos programas de ajuste generaron consecuencias muy adversas para la población, ya que tuvieron efectos recesivos e inflacionarios muy intensos. En efecto, la masiva devaluación que se producía al unificar los tipos de cambio en niveles similares a los existentes en el mercado libre, combinada con la elevación de las tarifas de los servicios públicos, el ajuste de precios de productos fundamentales y la eliminación de subsidios gubernamentales como parte de la política de austeridad fiscal dispararon los precios, particularmente en los inicios de los programas de ajuste y en los meses que siguieron al desmantelamiento de los controles cambiarios.

Al graficar los aumentos porcentuales de los precios que se produjeron en los meses que siguieron a la unificación del tipo de cambio y al desmantelamiento de los controles cambiarios, se observa un símil con una gran ola, o tsunami, que arrasa con todo lo que se encuentra a su paso, razón por la que hemos llamado a esos devastadores fenómenos “los tsunamis cambiarios”.

En los siguientes gráficos pueden observarse no sólo los violentos ajustes de los precios que se produjeron en los meses que siguieron al desmantelamiento de los controles de cambio de Recadi y de OTAC, sino las aceleraciones inflacionarias que materializaron en los meses previos ysu  atenuación  en  los  períodos  siguientes  a  la  materialización  de  los tsunamis cambiarios.

Las consecuencias que acarrearon estos tsunamis cambiarios fueron devastadoras para la población, sobre todo para los segmentos más desposeídos y para los asalariados y jubilados, ya que el violento aumento de los precios implicó una pérdida masiva de poder de compra de sus ingresos nominales, cuyos aumentos o ajustes fueron inexistentes o muy inferiores al aumento de los precios.

El control de cambios actualmente existente en Venezuela,  conocido como Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), tuvo sus inicios el 6 de febrero de 2003, y su estructura y desenvolvimiento ha tenido muchas similitudes con los de Recadi y OTAC. En efecto, los tipos de cambio oficiales son fijos y se han mantenidos inalterados por períodos prolongados, durante los cuales se han materializado procesos de apreciación real de la moneda por existir una inflación interna persistentemente mayor que la externa. Los esporádicos ajustes de los tipos de cambio nominal han corregido parcial y temporalmente la sobrevaluación acumulada, para luego volver a crecer ésta de forma ininterrumpida hasta el próximo ajuste de la tasa oficial.

Después de estar fijo por cuatro años y diez meses el tipo de cambio oficial en un nivel de VEB $2,15/US, a comienzos de enero de 2010 éste fue ajustado a VEB4,30/US$. Durante los siete primeros años de vigencia del control cambiario eran lícitas las operaciones en el mercado paralelo, al que acudían los agentes económicos para adquirir divisas libremente, pero a un precio establecido por el libre juego de la oferta y la demanda.

Sin embargo, a comienzos de mayo de 2010 el Gobierno consideró que el tipo de cambio imperante en el mercado de permuta era muy elevado y producto de acciones especulativas, por lo que decidió declarar ilegal ese mercado y pasar las operaciones de permuta de títulos valores al Banco Central de Venezuela (BCV). A tales fines se creó el Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme), a través del cual se podían adquirir con bolívares títulos de deuda pública en moneda extranjera a una tasa fija muy baja, para luego ser vendidos en el exterior con la finalidad de obtener divisas.

En los meses que siguieron a la declaración de ilegalidad del mercado paralelo, el tipo de cambio libre, ahora negro, se mantuvo muy estable. Esto se debió, por una parte, a la reducción de la demanda de divisas, al prohibírsele a las empresas seguir acudiendo a ese mercado y, por la otra, al mantenimiento de una oferta relativamente fluida por parte de algunos entes oficiales y de empresas extranjeras contratistas del Estado.

Sin embargo, a partir de agosto de 2012 se comenzó a observar un repunte del tipo de cambio paralelo como consecuencia de aumentos sostenidos de la demanda de moneda extranjera. Esto se debió a diversos factores, tales como la incertidumbre política creciente producida por la cercanía de la elección presidencial del 7 de octubre, el aumento notable de la oferta monetaria debido al incremento del gasto público de ese año y, por último, a la creciente escasez de dólares preferenciales para importar como consecuencia de los retrasos cada vez mayores en la liquidación de divisas por parte del BCV.

Para corregir la creciente sobrevaluación de la moneda que se venía observando, el 8 de febrero de 2013 el Gobierno anunció un nuevo ajuste de los tipos de cambio oficiales. Por una parte, pasó la tasa preferencial de VEB4,30/US$, vigente desde enero de 2010, a VEB6,30/US$ y, por la otra, eliminó el Sitme, anunciando que sería sustituido por el Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad), un sistema de subastas periódicas a través del cual se ofrecerían divisas que serían asignadas en función de las ofertas de los distintos participantes.

A pesar de los esfuerzos, el tipo de cambio paralelo continuó en un intenso y sostenido aumento durante el primer semestre de 2013 (1S2013), ensanchándose aún más la brecha entre el tipo de cambio paralelo y el nuevo tipo de cambio preferencial de VEB6,30/US$, que se ubica actualmente en 831,9%. Entre estos factores se pueden mencionar los siguientes:

• Los persistentes atrasos en la liquidación de divisas preferenciales.

• El mermado financiamiento por parte de los proveedores externos a  los  importadores  venezolanos  debido  a  los  considerables  y

crecientes atrasos en los pagos por los despachos previos.

• La elevada liquidez existente y la alta capacidad de otorgamiento de créditos de la banca.

• La incertidumbre política creada por la gravedad del presidente Chávez, su fallecimiento a comienzos de marzo, las elecciones de

abril y el poco liderazgo del nuevo Gobierno.

• Los  severos  problemas  de  desabastecimiento  de  productos básicos.

Durante buena parte del año 2012 se observó una desaceleración inflacionaria, a pesar del intenso aumento de la oferta monetaria a raíz del incremento desproporcionado del gasto público. Esa desaceleración se debió, por una parte, a la importación masiva de bienes de consumo con divisas artificialmente baratas por la alta sobrevaluación del bolívar y, por la otra, al recrudecimiento de los controles aplicados ese año.

Pero al  igual  que  en  los  períodos que  precedieron  a  los desmantelamientos de los controles de cambio de Recadi y de OTAC, en los últimos tiempos se han materializado múltiples desequilibrios en la economía venezolana que tienden a agravarse con el paso del tiempo, debido en buena medida a la inacción gubernamental o a la falta de decisión en la implementación de una serie de medidas correctivas que se requieren para afrontar esos problemas.

Todo lo dicho anteriormente, combinado con los agudos problemas de escasez que se materializaron, la alta disponibilidad de liquidez y la elevada capacidad crediticia de la banca, contribuyó a generar un repunte inflacionario de grandes proporciones. De hecho, durante el 1S2013 los precios aumentaron en promedio un 25,0%, y la inflación interanual en junio fue de 39,6%.

En el siguiente gráfico se puede observar cómo la inflación intermensual a nivel de consumidor aumentó desde fines de 2012, y con particular énfasis en los meses de abril, mayo y junio de 2013, asemejándose mucho a lo sucedido en los meses previos a la materialización de los tsunamis cambiarios de 1989 y de 1996.

Si bien los voceros gubernamentales insisten en mantener sin mayores alteraciones el control de cambios vigente y la política económica orientada a la implantación del socialismo del siglo XXI, sobran razones para concluir acerca de la inviabilidad de esos objetivos. De allí que sea válido preguntarse qué debería hacerse para evitar una crisis que se podría materializar en la forma de un nuevo tsunami cambiario. En ese sentido hay una serie de recomendaciones:

Un primer grupo de medidas tiene que orientarse a la corrección del trabamiento cambiario y las profundas distorsiones que caracterizan al control cambiario vigente, antes de pensarse en su desmantelamiento y sustitución por un esquema cambiario dinámico y más racional. Para ello es necesario mejorar el flujo de caja de Pdvsa con el fin de posibilitar una mayor y más fluida venta de dólares de esa institución al BCV.

Es preciso legalizar el mercado paralelo y hacer que el BCV participe activamente en él. También debe permitírsele a Pdvsa vender parte de sus dólares en el mercado paralelo, lo cual ayudaría no sólo a bajar el tipo de cambio libre, sino también a mejorar substancialmente el flujo de caja de dicha empresa. También es necesario, como ya se dijo, continuar los esfuerzos para ponerse al día en la entrega a productores e importadores de las divisas preferenciales aprobadas pero no liquidadas.

Hay que corregir los desequilibrios fiscal, monetario y financiero a través de una racionalidad del gasto, el ajuste de múltiples tarifas de servicios públicos, el aumento del precio de diversos productos generados por el Estado, la eliminación del financiamiento del gasto público deficitario por el BCV, la limitación del endeudamiento gubernamental tanto  interno como externo, la eliminación de los presupuestos paralelos y la implementación de un sistema efectivo y eficiente de control de los manejos de los recursos públicos.

Se hace indispensable eliminar —o por lo menos suavizar— los controles de precios que hoy condenan a productores y comerciantes a trabajar a pérdida, así como desregularizar la economía —eliminando múltiples trabas a la producción y a la distribución de productos—, e implantar políticas de estímulo a la producción y a la inversión reproductiva, para así elevar la capacidad de producción, desarrollar nuevos productos, diversificar la producción y elevar la eficiencia y productividad de las empresas.

Para concluir, evitar un nuevo tsunami cambiario o al menos reducir las probabilidades de que se materialice, al tiempo que se maneja con éxito la delicada situación por la que atraviesa la economía, dependerá en buena medida de la implementación de unas políticas públicas muy diferentes a las que se han venido aplicando en los años recientes. No tomar consciencia de la gravedad de los males que nos aquejan y no realizar el cambio de rumbo necesario para corregirlos, nos condenaría a padecer, de nuevo, una crisis con consecuencias muy adversas.

Infolatam

*Ecoanalitica

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