Publicado el: Jue, Mar 20th, 2014

Luis Ugalde sj: Zanahoria y Garrote

Por: Luis Ugalde*
Así pensó el gobierno: a estos niñitos  blanquitos y sifrinos los metemos en cintura con un poco de garrote y mucha  zanahoria; adelantamos el carnaval regalándoles dos días más de fiesta,  disfraces, papelillo y playa. Pero no resultó, pues fracasa quien infravalora al  adversario. Fracasó por demasiado infantil. Fracasó también el cuento del lobo  feroz del golpe de Estado, cocinado y dirigido por el Imperio y Uribe. La gran  mayoría no se lo cree, aunque es obvio que Uribe  y ciertas esferas  estadounidenses celebrarían la caída del gobierno venezolano.
Llama la atención que hasta sesudos analistas  cayeron en la simpleza de devaluar las protestas porque se limitaban a  estudiantes y clase media. Los marxistas saben que de esos sectores y actores  sociales se nutre la “vanguardia  del proletariado” y que Lenin y Trotsky  no eran vendedores ambulantes de Carapita. ¿Pero, acaso Bolívar, Sucre, Miranda  y José Félix Ribas eran peones de las haciendas de Panaquire, y el Che Guevara y  Castro guajiros cortadores de caña? ¿El carnaval de la Generación del 28 que  sembró el fin de la dictadura gomecista (aunque el desenlace tardara una década)  no fue obra de pocas decenas de jóvenes privilegiados acompañados con menos de  mil universitarios? Una cosa es quién activa el detonante, y otra qué malestar  encarna esa protesta y de qué esperanza nacional está preñada.
La táctica de que el agua y las bombitas de  carnaval son nuestras primeras necesidades “revolucionarias”, no apagó el fuego  de la protesta, y el gobierno decidió radicalizar la represión con el chorro  violento de la “ballena” y del “rinoceronte”, las bombas de lágrimas y las balas  de muerte con guardia, policía nacional y paramilitares juntos. La   disciplinada actuación de estos a las órdenes del gobierno mereció que  éste  se felicitara por el “comportamiento ejemplar de los colectivos”.  Pasados 40 días y 40 noches de desierto y penitencia, con una treintena de  muertos, con 300 heridos y más de 1.500 detenidos, el gobierno continúa  semiparalizado y deteriorándose por los cuatro costados.
¿Para qué reprimir? La Cuaresma no es solo ayuno  y privaciones, sino reflexión y cambio de vida. El gobierno tiene delante  opositores de tres tipos: los millones que son imprescindibles para que esto sea  una democracia y para producir soluciones a la gravísima y creciente emergencia,  cientos de miles que están legítimamente en la calle exigiendo cambio de  gobierno o en el gobierno y una minoría que ve la violencia como imprescindible  para el golpe de estado necesario. Si el gobierno convoca a “diálogo” a unos  líderes de la oposición para dividirlos, fotografiarse con ellos y despacharlos  vacíos y desprestigiados ante millones de irritados opositores, los demócratas  inteligentes no se prestarán a esa comedia. Con represión brutal, violaciones  permanentes y sistemáticas de la Constitución y la falta de respeto y  criminalización de la protesta, el gobierno bloquea toda posibilidad de diálogo,  sigue echando gasolina a la candela y fortalece a la minoría violenta. Mientras  hablan las armas, la represión y las violaciones de derechos humanos, disminuyen  los espacios de diálogo que el gobierno afirma querer abrir para trabajar  soluciones y quitar fuerza a la desesperación violenta.
En España, antes de la guerra civil, la falange  fascista, de jóvenes armados para el choque callejero, era una pequeña minoría  opositora y en el otro lado los comunistas tenían muy poco peso en el gobierno  de la República. Pero la guerra polariza, alienta los extremos y bloquea todo  diálogo, y a los dos años de guerra, los militares y la Falange dominaban en la  derecha y los comunistas con el apoyo de Moscú en el gobierno; en ese momento  dialogar con el enemigo era exponerse al paredón por traidor. Así fue hasta la  derrota total y rendición incondicional de la República, con medio millón de  muertos en la guerra y postguerra inmediata, otros tantos exiliados y 30 años de  dictadura con miseria. Todo por falta de visión en el inicio, de diálogo  tolerante y negociación madura con resultados.
Fracasó en estos días la táctica gubernamental  de “zanahoria y garrote” porque los estudiantes no son burros y en un mes han  logrado más que en los cinco años anteriores en inteligencia política,  movilización y solidaridad de la población, que los afirma cada vez más como  representantes de sus aspiraciones. También ha fracasado la  táctica de represión brutal, pues la “sangre de mártires es  semilla” multiplicadora de luchadores de todos los sectores  y edades por la libertad y la vida digna. Se quiera o no, solo el diálogo serio, respetuoso y urgido de logros concretos es vía para  empezar el cambio inevitable. Tampoco le sirve al gobierno  la táctica de ganar tiempo, pues éste juega contra él, a  causa de su iluso e insostenible modelo y de su política  económica suicida, que avanzan haciendo estragos. Cambiar democráticamente es de vida o muerte para el gobierno y para el  país.
*Sacerdote Jesuista



 

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