Publicado el: Sab, Ago 17th, 2013

Maduro y su síndrome Quaker

  Por: Ricardo Escalante

Escuchar y ver a Nicolás Maduro en sus atormentadas exposiciones produce sentimientos encontrados.  Es, por un lado, mirar a un hombre con cara de bueno y destino enigmático, que intenta personificar a un torpe comediante en el papel de mandamás en un país subdesarrollado.  Por el otro, es entrar en un inevitable estado de desazón.

Maduro sonríe como aquel hombre de peluca blanca de la etiqueta de los potes de avena Quaker, que hace mucho tiempo aparecía de cuerpo entero, alto, con otro pote de avena Quaker en sus manos, que a su vez… Nadie sabía por qué ese individuo usaba peluca blanca, apretados pantalones a media pierna y mostraba ese potecito de avena que se repetía ad infinitum.  Así es Maduro. Nadie sabe por qué intenta imitar o usar la misma chaqueta tricolor sudada de Hugo Chávez, ni para qué la usa, como tampoco se sabe qué piensa o si en realidad piensa.  Se limita a copiar al mentor hasta en las amenazas y en la mirada.

Ese drama del presidente Maduro es nuestro drama porque no atinamos a imaginar adónde o para qué conduce ese país descarrilado que es hoy Venezuela.  Pero, lectores, no se rían porque la cosa no es para eso.  Ese  “señor avena Quaker” -con el perdón de la empresa procesadora del beneficioso cereal- está empujando a los venezolanos hacia un catastrófico despeñadero, frente al cual  todavía estamos a tiempo para pensar en una solución que abra el camino a la rectificación.

Ahora acaba de anunciar que va a solicitar poderes especiales para combatir la corrupción, es decir, alguien le hizo ver que además de jefe del Ejecutivo, debe transformarse en policía, fiscal acusador y juez supremo.  Eso no está mal si se piensa que la pretensión última es quitarse la careta para actuar a lo Idí Amín, Gaddaffi o Fidel Castro, o sea, como aquellos atrabiliarios dueños del poder total, tarea en la cual Diosdado Cabello ejercerá de verdugo.  Pero lo que el pobre Maduro no sospecha es que el maligno Diosdado solo cree en sí mismo.

El Presidente dijo con tono solemne: “Nosotros no vamos a permitir el surgimiento supuesto de una boliburguesía que reproduzca el metabolismo diabólico del poder político del capital, y que más temprano que tarde, de esta revolución, desde adentro, surjan sus propios diablos para traicionar al pueblo. Eso puede suceder”…  ¿El “señor Quaker” querría decirnos algo al utilizar una frase de hermenéutica autobusera?

Bueno, tal vez se devanaba los sesos tratando de insinuar que prepara una investigación sobre la enorme cantidad de empresas de maletín que defrauda al Fisco. No es tarea fácil, porque tendrá que armarse con todas las armas que le da el Estado –las legales y las compradas en Rusia y China con precios abultados-.  Si no fuera así pues él solito, a lomo de burro, estaría arremetiendo contra un molino de viento frente a la tumba del Comandante Supremo.

La propia Edmée Betancourt, ex presidenta del Banco central, denunció una enorme madeja de miembros del PSUV y de testaferros que han esquilmado la riqueza nacional y, como si fuera poco, todo el mundo sabe cómo se manejan los dineros de PDVSA y de dónde proviene la descomunal riqueza de Diosdado Cabello, contra quien han sido formuladas múltiples denuncias.

¿Al hablar de boliburguesía, Nicolás estará pensando en Rafael Ramírez y Diosdado Cabello?  Tal vez sí, porque Pudreval  y los casos de Diosdado en el ministerio de Infraestructura son inolvidables.  No obstante, debemos conceder el beneficio de la duda a unos cuantos escépticos que sostienen que Maduro no se percata de sus interminables ridiculeces, y ni siquiera de que hasta su mujer tiene rabo de paja.

www.ricardoescalante.com

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