Published On: mar, Ene 21st, 2014

Manuel Corao: Capriles en la mira

 -El desplazamiento de Capriles
-No insistio ante el CNE el reconocimiento de sus votos
Por: Manuel Corao*
El ex candidato presidencial Henrique Capriles Radonski, jefe de la unidad opositora, enfrenta grietas en la unión. Si de algo puede servir para superar tales escollos, he aquí el pensamiento que sobre las incisiones políticas expresó el Libertador Simón Bolívar: “La anarquía destruye la Libertad y la unidad conserva el orden”.
La historia contemporánea de Venezuela y especialmente la democracia plena de libertades a partir del derrocamiento del hombre de armas Marcos Pérez Jiménez en 1958, está punteada por la discordia en los partidos políticos. Estos movimientos de masa están amparados bajo la constitución nacional de la década del sesenta.
Quien o quienes no aceptaron los lineamientos de manejo de las filas de base o consideraban que las autoridades partidistas se apartaban de la ideología que inspira su creación, procedieron a formar tienda aparte no sin antes intentar tomar los símbolos de la agrupación ante la autoridad electoral.
Acción Democrática y Unión Republicana Democrática, partidos de raíz y tendencia centro izquierda, agrupan en su seno para la mitad del siglo XX gran parte de la generación de 1928 que adversó al dictador Juan Vicente Gómez. Rómulo Betancourt y Jovito Villalba con corrientes de pinceladas diferencias marcan la historia política venezolana.
El primero llega de nuevo al poder por votación popular y el subsiguiente a pesar del entusiasmo que su verbo despertó en plazas públicas y medios de comunicación social vería languidecer su continua aspiración, luego de su irresoluto triunfo del 52.
El partido social cristiano Copei (Comité de Organización Política Electoral Independiente) con una mezcla de fe religiosa y dogmas clasistas irrumpe en la escena dirigencial con fuerza a partir del pacto de Punto Fijo, acuerdo que garantizó la conducción del país en paz y respeto por los resultados electorales.
Betancourt y AD sufrirían hasta nuestros días seis fracciones. La primera de orden ideológica, conformada por un capítulo de la juventud adeista que los conduce al Movimiento de Izquierda Revolucionaria –MIR–. También el fundador Luis Beltrán Prieto Figueroa, luego de una jornada interna de liderazgo, sintiéndose despojado, excluye los mandos y funda el Movimiento Electoral del Pueblo –MEP– de izquierda demócrata. En la senda de la distancia del MIR, el Grupo ARS, de Raúl Ramos Giménez, impulsa el PRIN.
Estos constituyen los desplazamientos de mayor relevancia histórica. Entre Henry Ramos Allup, Secretario General, y la incisión ABP del alcalde Antonio Ledesma, están cifradas las esperanzas de los adecos para retomar los espacios estelares de la política local.
Rafael Antonio Caldera, reincidente postulante de la derecha, conduce a Copei al poder en Venezuela. Luego de su encumbramiento, hombres y mujeres reclaman para sí la congruencia de mantenerse en el poder constitucionalmente.
Los enfrentamientos intrínsecos y las luchas solapadas conducen a escuchar la conseja de la Iglesia venezolana para evitar divisiones formales. Caldera ningunea a Luis Herrera Campins al imponer a Lorenzo Fernández. Luego Caldera Rodríguez fue vencido interiormente por su delfín Eduardo Fernández en una nueva pretensión. El ex presidente anunció pasar a la reserva del cristianismo beligerante.
Igual suerte corre el mismo Fernández cuando Herrera Campins sentencia que Irene Sáez Conde, independiente, triunfa para ser candidata por mayoría de convencionistas. Fernández se ausentó de la vida proselitista en esa etapa. Los jóvenes abandonan Copei y enrumban sus ideales en Primero Justicia.
El Movimiento Al Socialismo (MAS) asimila la izquierda revolucionaria derrotada en los 70 y pacificada por la democracia. La juventud comunista abandona el modelo soviético uniéndose a la izquierda pro elecciones.
Con el tiempo y ante la llegada de Chávez, reverdecen en el MAS pasiones por la política cubana y auspician la llegada al poder con la intención de nunca más dejarlo, por cualquier vía. Esto produce la división entre ellos y los dirigentes, quienes creen en las libertades individuales y colectivas, la alternabilidad democrática y el pluralismo ideológico.
Varias propensiones advertimos en la Mesa de la Unidad Democrática.
Henrique Capriles junto a Primero Justicia, apoyados por los gobernadores Henry Falcón y Liborio Guarulla (Lara y Amazonas respectivamente) junto a un considerable caudal de votos que lo ubican como el líder. Sus críticos lo atacan por negarse a ir ante el CNE con el pueblo a exigir el reconocimiento de su palmarés.
Leopoldo López, conductor de ascendencia en la juventud y con un buen número de alcaldes y concejales, se prepara a sustituir a Capriles. El bien apoyado dirigente ha expresado que no hay por qué esperar seis años para actuar. Tales expresiones críticas han caído bien en un sector cansado de esperar y de otros que piden renovar el liderazgo.
Antonio Ledesma, apoyado por los partidos tradicionales, espera pacientemente un desenlace entre otras organizaciones ya que cuenta con apoyo el de AD y Copei. Entretanto, Capriles pide ideas a quienes claman sangre.
*Director de Venenoticias

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