Published On: lun, Oct 14th, 2013

Marchas y contramarchas en la “apertura economica” de Raul Castro

-El veto para vender ropa importada molesta a los “cuentapropistas”

-Raúl Castro decretó que la venta de estos productos constituirá una infracción

-La prohibición de vender ropa importada en Cuba ha encendido la polémica y desatado un visible malestar entre comerciantes privados que desde hace algunos años se dedican a ese negocio y que ahora parecen abocados de nuevo al mercado negro.

-Con el desarrollo del trabajo privado -“cuentapropismo” en jerga cubana-, en los últimos años proliferaron multitud de pequeños comercios y tenderetes de venta de ropa, calzado o complementos, y hasta algunas “boutiques” en La Habana que casi pueden considerarse de lujo en un país agobiado por la escasez.

La mayor parte de esas prendas llegan a la isla en abultados equipajes de particulares, muchos de ellos cubanos, que la compran en países como México, Panamá, Ecuador o Perú e incluso en naciones europeas como España o Italia.

Los comerciantes que venden esa mercancía en la isla lo han hecho al amparo de la licencia de “modisto” o “sastre”, que, en rigor, no contempla la comercialización de ropa comprada en el exterior, si bien la actividad se había tolerado hasta el momento.

Pero a finales de septiembre el Gobierno de Raúl Castro decretó que la venta de esos productos adquiridos fuera del país constituirá una infracción, medida que también afecta a artículos del hogar o ferretería importados o comprados en tiendas minoristas estatales.

Las autoridades argumentan, según medios oficiales, que la prohibición quiere evitar “deformaciones” de determinadas licencias para ejercer el “cuentapropismo” y aseguran que se explicarán a los afectados los argumentos que han motivado la medida.

“¿Y por qué no pararon esto desde que empezó? Hace como dos o tres años que ‘dieron cordel’ (permitieron) y nunca pusieron un ‘stop’. Y ahora hay gente que ha hecho hasta boutiques y todo, hay mucho dinero invertido (…) No sé realmente qué va a pasar pero estamos molestos con esto”, se queja Yaumara, empleada de una de esas tiendas en la habanera calle Zanja.

Solo en media manzana de esa zona de La Habana se concentran al menos doce tiendas de ropa, que siguen abiertas a pesar de la prohibición pero donde los ánimos están “en candela”, como dicen los cubanos, por el malestar e incertidumbre que ha provocado el decreto.

“¿A estas alturas vienen con ese cuento? Tienen que reflexionar: esto no es para enriquecerse, esto nada más es ‘pa comer’ porque la vida está durísima”, dijo a EFE, Mabel, de 56 años, a la puerta de su pequeña casa en cuyo interior se ven, colgadas de precarios percheros, diversas prendas de ropa que su hijo le manda desde España.

La mayoría de estos comerciantes privados están indignados por las pérdidas de empleos que provocará la prohibición, por el dinero que han invertido en su negocio y por las cantidades que ya han desembolsado al Estado en impuestos y en una licencia que ahora no sirve.

“La cuenta es sencilla: solo Centro Habana tiene más de 14.000 ‘cuentapropistas’. Si lo multiplicas por dos empleados son casi 30.000 personas que, de la noche a la mañana, mandan a la calle, a ‘delincuenciar’. No nos están quitando la ropa, lo que están quitando son puestos de trabajo”, denuncia Yasmani, un joven de 26 años que regenta junto a su madre, Maura, uno de esos comercios plagados de coloridas camisetas, “jeans”, zapatos o bisutería.

Algunos de estos comerciantes llegaron al negocio de la venta de ropa tras abandonar o quedar desempleados en sus puestos de trabajo estatales, a consecuencia del plan de reducción de plantillas públicas puesto en marcha en el país.

Es el caso de Dunia, ex trabajadora social de 38 años, que tiene un puesto de ropa en un espacio arrendado por el estado en un solar de la calle Galiano.

“Yo quedé excedente porque hicieron reducción de plantilla. Y me metí en esto para ir resolviendo y no quedarme en el aire. Este negocio no da para mucho pero se vive un poquito mejor, gracias a eso pude arreglar mi casa”, explica.

Expectantes ante la posibilidad de que cualquier día llegue la orden definitiva de cerrar el negocio, son muchos los que están dispuestos a seguir vendiendo ropa, aunque sea ilegal: “¿Qué vamos a hacer? Seguir vendiendo, hay mucho dinero invertido aquí”, señalan casi al unísono tres veinteañeros que trabajan en una tienda familiar.

Otros como Dunia no descartan incluso protestar: “A salir (a la calle) con las cazuelas sonando, porque es la comida de mis hijos. (…) Ya una vez me dejaste desempleada y lo mismo por segunda vez. Dan cordel y cordel, después jalan (tiran) y te tumban (el negocio)”.

La ampliación del trabajo por cuenta propia en Cuba es una de las principales reformas acometidas por el Gobierno de Raúl Castro para “actualizar” el modelo económico socialista de la isla.

De acuerdo a las últimas cifras oficiales, más de 436.000 cubanos ejercen el empleo autónomo en alguna de las 200 actividades u oficios permitidos para el “cuentapropismo”.

Diario Las Americas

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