Publicado el: Jue, Feb 4th, 2016

Mauricio Macri podría sacar a Argentina del modelo kirchnerista

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El Gobierno de Macri es tierra fértil para el liberalismo en Argentina
Sin poder ser una fuerza dominante en la política en el corto plazo, el liberalismo está ingresando, no obstante, en nuevas áreas de la sociedad

El plan de Gobierno del presidente Mauricio Macri consiste en sacar a Argentina del modelo kirchnerista del modo menos traumático que sea posible. Aún aquellos que tenemos una mirada crítica hacia la gestión de Macri estamos obligados a ser comprensivos. Después de haber pasado por un ciclo como lo fue el kirchnerista, seguramente no es posible “apagar todos los incendios” con la máxima prolijidad.

Esta tolerancia no significa que las “desprolijidades” de la gestión de Macri deban ser calladas y ocultadas desde una posición liberal. Hay aquí un matiz que no se suele entender con claridad en Argentina.

Los antecedentes de “política salvaje” que han sido la constante a lo largo de casi toda la historia del país hacen perder de vista ciertas posibilidades que se presentan en el marco de las democracias estabilizadas. Veamos entonces en qué consiste este problema.

El hecho de ejercer la oposición no implica, necesariamente, tratar de desestabilizar al Gobierno. Es verdad que en Argentina, usualmente, es así como han funcionado las relaciones Gobierno-oposición, y por eso la historia política del país ha sido tan convulsionada.

Pero una de las virtudes del Gobierno de Macri es que está influyendo para que el clima político cambie y pase de ser una confrontación despiadada y sin reglas, a una convivencia competitiva dentro de los parámetros de un sistema republicano consolidado. En este contexto, el liberalismo encuentra tierra fértil para germinar.

En efecto, dado que el debate político ha dejado de ser confrontativo (a pesar de que el kirchnerismo residual se empeña en sostener esa metodología, razón por la cual pierde persistentemente adhesiones populares), sobreviene un creciente espacio para el ejercicio de la argumentación racional, precisamente el marco que más favorece el desenvolvimiento político del liberalismo.

Evidentemente, si el debate político sale de la estigmatización ideológica que practicaba el kirchnerismo y se centra en el abordaje de problemas concretos y la búsqueda de soluciones eficientes, el liberalismo está en condiciones de ofrecer propuestas más válidas y sustentables que cualquier otra corriente política. Este enfoque propositivo, constructivo y enriquecedor es el perfil por medio del cual la presencia de una corriente liberal encontrará un cauce apropiado para desenvolverse.

Es utópico esperar que Macri, o quien sea, se haga eco de las inquietudes de una corriente que no se valida a sí misma en las urnas

Como se ve, estos criterios no implican que la presencia de una fuerza liberal independiente represente “ponerle palos en la rueda” a la gestión de Macri sino, por el contrario, realizar aportes con vistas al enriquecimiento de la calidad del debate político. De hecho, uno de los rasgos positivos del Gobierno de Macri radica, precisamente, en que tiene una amplia disponibilidad para el diálogo y se muestra muy permeable para considerar planteos provenientes de otras corrientes.

Sucede, sin embargo, que es utópico esperar que Macri, o quien sea, se haga eco de las inquietudes de una corriente que no se valida a sí misma en las urnas. En democracia, el derecho a tener influencia política depende, irremediablemente, del caudal de votos.

No tiene ninguna importancia la precisión técnica de una propuesta si no cuenta al menos con algún respaldo popular. Un país no es una empresa, donde solo cuenta la opinión de los accionistas, sino que es necesario obtener la aprobación de, al menos, un segmento de la comunidad.

No hay posibilidades reales de que una fuerza liberal se convierta en opción de Gobierno dentro de un plazo previsible. Pero hay áreas claves de la vida política, particularmente en el campo de la economía, donde una visión liberal representaría una “brisa de aire fresco” en medio de la confusión intelectual reinante en Argentina. Para que esa influencia sea susceptible de ser ejercida, es condición sine qua non, que exista una fuerza que exprese políticamente al liberalismo y que esa corriente obtenga algún tipo de adhesión electoral.
Solo el pueblo legitima las iniciativas políticas en el contexto de la democracia. No tiene ningún sentido “tener razón” en el campo de la vida académica o en los claustros universitarios, si luego esa “razón” no se proyecta, siquiera marginalmente, a los guarismos electorales.

Es posible, eventualmente, tener, en virtud de la calidad de las propuestas presentadas, una cuota de influencia que sea mayor que el caudal electoral obtenido. Es altamente imaginable que un partido liberal consiga un efecto de este tipo en Argentina.

Si corrientes mayoritarias (como el macrismo, por ejemplo) perciben que hay una fuerza liberal con cierto peso electoral, aunque sea minoritario, es posible que, ante la necesidad de superar los obstáculos que se le presenten, se haga eco de propuestas provenientes del liberalismo. Pero esto no podría ocurrir si no hay una fuerza liberal que esté presente con un caudal siquiera mínimo de votos que le den visibilidad.

Esa es la misión que al liberalismo le compete cumplir en el actual contexto político argentino.

es.panampost.com/Alejandro Salas

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