Publicado el: Lun, Ene 25th, 2016

Mi hijo me abandonó para unirse a la yihad en Siria

“Perteneces a un grupo, hacen contigo lo que quieren, entras en una especie de secta. Cuando abres los ojos, ya estás al otro lado, en Siria”.

“Les meten en la cabeza que morir no es grave”.

“No son marginados. No son jóvenes sin estudios. No son jóvenes problemáticos. En absoluto”.

Así hablan algunas madres que han perdido a sus hijos debido al extremismo islámico. Da igual si siguen vivos o no. Las abandonaron para unirse a la yihad en Siria y han perdido toda esperanza de volver a verlos. Una de ellas lamenta que no solo deban enfrentarse a ese drama, sino también a la falta de la comprensión por parte de la sociedad: “Hace falta que se nos reconozca como víctimas, no como familiares de terroristas”.

A pesar del estruendo causado por los atentados en Francia, las voces de estas madres empiezan a hacerse oir. Dominique Bons perdió a su hijo, muerto en Siria, hace dos años. Ha sido de las primeras en vivir este drama y contar de su historia.

Nos muestra imágenes de su hijo: “Esta es una foto que me gusta. Era un joven normal, le gustaban las chicas, vestirse bien. Esta otra es del año de su conversión. Aquí era al principio y aquí tres meses antes de que se fuese a Siria. Esta es la última foto”.

Su hijo Nicolas, de 29 años, ha aparecido en vídeos del propaganda de Dáesh junto a su hermanastro, que se fue con él.

Dominique consiguió mantener algo de contacto con él antes de que falleciese: “Decía siempre que todo iba bien. A veces le respondía “pero estas en un país en guerra Nicolas, no me digas que todo va bien, eso no es posible“”.

Según ella, su hijo fue víctima de una red de reclutamiento que actuaba fuera de la mezquita que frecuentaba en Toulouse: “Son buenos en lo que hacen. Consiguen borrar de la cabeza de los jóvenes su pasado. Como si hubiesen hecho una limpieza a fondo. Les meten en la cabeza que morir no es algo grave, que es su finalidad, que está bien morir. Estos jóvenes no tienen miedo de morir. Es una locura”.

Asociaciones de madres contra la radicalización

Dominique es la fundadora de la asociación Syrie Prevention Famille (Siria Prevención Familiar). Su objetivo es acabar con el aislamiento de las familias y actuar de manera preventiva. También pretende que las familias se unan para hacer oír su voz.

La acompañamos a Bélgica, donde va a reunirse en Bruselas con una madre con una historia similar, Saliha Ben Ali. “Su caso es aún peor, porque su hijo murió apenas tres meses después de haberse ido. También era joven, tenía 19 año -, nos cuenta Dominique -. Todo lo que hago actualmente es para sensibilizar a la opinión pública. Para que la gente sepa lo que pasa, lo que nos ha ocurrido y lo que estamos viviendo”.

Saliha es de origen marroquí. Su hijo, Sabri, radicalizado, falleció en Siria hace dos años. Desde entonces, su madre lucha contra el adoctrinamiento de las redes yihadistas. Ha creado una asociación SAVE Belgium(Society Against Violent Extremism / Sociedad Contra el Extremismo Violento).

“El trabajo de la asociación en Bélgica es la prevención y la sensibilización de los jóvenes y las familias. También brindo apoyo a las familias afectadas. Intento aportar cosas con las que me hubiese gustado contar cuando me vi afectada por este drama”, nos explica Saliha .

Desde los atentados de París, cree que se la escucha con más atención: “Antes iba a los colegios a pedir permiso para hablar, y dos o tres me recibieron. Pero desde el 13 de noviembre son los propios colegios los que me llaman para pedirme ayuda porque llevo dos años tratando este tema”.

¿Cómo afrontar que tu hijo está combatiendo en Siria?

Regresamos a Francia, en esta ocasión vamos a Narbona, donde nos encontramos con otra madre, Christine. Habla, pero con precaución. Su hijo sigue vivo. Tiene 29 años. Se convirtió al Islam en mayo de 2014 y nueve meses más tarde se fue a Siria. Mantiene contacto con esporádicamente, con mensajes de texto. No quiere dar el nombre de su hijo, ni su apellido. En cuanto a las fotos, solo quiere mostrar las de su infancia, ninguna de adulto.

Mientras nos enseña las imágenes, nos relata cómo su hijo cambió: “Estas son fotos de mi hijo. No era un chico problemático en el colegio. Era amable, muy reservado. Tenía mucha empatía respecto a los que sufrían. Era alguien que quería una sociedad diferente de la que tenemos. Después creció y se fue a vivir a París. Tenía una vida normal, le gustaba el hard rock. Era un joven de su tiempo. Pero más tarde conoció a la gente equivocada, se convirtió al Islam y se radicalizó muy rápidamente. Se radicalizó y desapareció”.

Además, desmiente la idea de que los reclutadores se aprovechan de los jóvenes marginados que creen no tener futuro o sitio en la sociedad actual para convencerlos de unirse a la Yihad: “Alcanza a todos los entornos. A las familias unidas, a las familias desestructuradas… Alcanza a las familias magrebíes, a las familias cristianas. A todas las categorías sociales”.

Dominique destaca además que una de las mayores dificultades para las madres es convencerse de que no ha sido culpa suya: “Siempre te reprochas algo. Piensas que se te ha escapado algo, que si hubieras actuado de otra manera, esto podría ser diferente. Pero cuando algo ya ha pasado es fácil pensar en como podrías haberlo cambiado. De todas formas, yo di todo mi amor a mis hijos”.

Christine defiende además que los verdaderos culpables no son sus hijos, sino aquellos que se se los llevan de su lado: “Tiene que ver con la forma de pensar de los jóvenes, con el modelo de sociedad, con la búsqueda de algo. ¿Pero eso es algo que sea malo de por sí? Porque de hecho, los criminales, la gente peligrosa de vedad, ¿dónde están? Son los que dirigen a estos jóvenes para que tomen este camino. Es a ellos a los que hay que perseguir”.

“La habitación vacía”, un documental sobre este sufrimiento

En el documental “La habitación vacía”, Saliha se ha dejado grabar en la intimidad de su día a día. Asistimos al preestreno con Domique en Bruselas. La película se une a su voluntad de romper su silencio, convencidas de que deben desempeñar un papel importante en la lucha contra la radicalización.

“Yo estoy dispuesta a intervenir, hablar con los jóvenes para darles a conocer el sufrimiento que pueden ocasionar a sus familias, y sobre todo a ellos mismos. Para decirles que la muerte es algo seguro si se van”, dice Dominique

“Los bombardeos se han intensificado, su vida es muy dura, muere mucha gente. Su vida pende de un hilo”, explica Christine, que no pierde la esperanza pero es consciente de que lo más seguro es que nunca vuelva a ver a su hijo: “No tengo muchas esperanzas. Espero que regrese, pero no creo eso que vaya a ocurrir”.

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