Published On: jue, Jun 28th, 2018

Mike Pence intentará persuadir a los países centroamericanos para que controlen el flujo de migrantes hacia el norte o enfrenten consecuencias


Vicepresidente Pence advertirá a líderes centroamericanos que enfrenten las causas de la emigración

Enfrentados a amenazas del gobierno del presidente Donald Trump de que les cortará la asistencia, se espera que funcionarios de Guatemala, Honduras y El Salvador se opongan con delicadeza a la política inmigratoria de Estados Unidos, pidan que los niños sean reunificados con sus padres y hagan promesas casi incondicionales de lealtad a Trump en todo lo demás.

El vicepresidente Mike Pence visitó la Ciudad de Guatemala el jueves como parte de un recorrido por tres países latinoamericanos que debía concluir con una reunión con víctimas de la erupción del Volcán de Fuego. Pero las fuertes protestas por la inmigración y la separación de familias en la frontera forzaron un cambio de planes.

En su lugar, Pence se unirá en la Ciudad de Guatemala con la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, para advertir a los presidentes de Honduras y El Salvador, y al vicepresidente de Guatemala, que enfrentan consecuencias si no controlan el flujo de migrantes hacia el norte.

“Estados Unidos no puede hacer esto solo”, dijo Pence desde Brasil. “Y yo voy a entregar personalmente este mensaje a los líderes de Guatemala, Honduras y El Salvador cuando nos reunamos en la Ciudad de Guatemala el jueves. Estas naciones tienen que tomar nuevas medidas para enfrentar el narcotráfico y la corrupción, y fortalecer sus economías para beneficio de sus pueblos”.

Funcionarios actuales y pasados del llamado Triángulo del Norte dicen que no saben con qué grado de seriedad deben tomar las amenazas de cortar la asistencia, pero están haciendo todo lo posible por no enemistarse con Trump y evitar cualquier escrutinio estadounidense de los problemas de corrupción y mala administración que han contribuido al problema de la inmigración ilegal. y no afectar su posición.

En el caso de Guatemala, eso significó inicialmente apoyar el derecho de Trump a separar a las familias en la frontera, antes de echarse atrás debido a las fuertes críticas. Y, junto con Honduras, significó, curiosamente, ser los primeros países en anunciar el traslado de sus embajadas en Israel a Jerusalén, la disputada capital.

“El presidente Trump viene a apretarles las tuercas a los gobiernos del Triángulo del Norte para que hagan más sobre la emigración”, dijo a McClatchy un funcionario de la región, que habló a condición de no ser identificado porque no estaba autorizado a discutir la visita públicamente. “Eso está bien. Ese es su derecho. Pero estas cosas son bilaterales. Estados Unidos también tiene alguna responsabilidad”.

Los funcionarios en cuestión dijeron que cortar la asistencia estadounidense llevaría solamente llevaría a más inmigración ilegal y se preguntaron por qué el gobierno de Estados Unidos apoyaría a líderes políticamente débiles que batallan con investigaciones de corrupción legítimas.

Trump ha amenazado varias veces con cortar la asistencia a la región, como cuando la llamada caravana de inmigrantes centroamericanos, casi todos de Honduras, viajó a la frontera con México, y durante una mesa redonda en Long Island sobre la presencia de la pandilla salvadoreña MS-13 en Estados Unidos.

Y en un evento de pequeños negocios en Washington DC la semana pasada, Trump dijo que “dentro de muy poco” solicitaría autorización para retener la asistencia al extranjero.

“Cuando los países se burlan de nosotros enviando a su gente —no a sus mejores ciudadanos— no vamos a dar más ayuda a esos países. ¿Por qué demonios debiéramos ayudarlos?”, dijo Trump.

Aunque la inmigración desde México ha bajado, la cantidad de personas que llega desde El Salvador, Guatemala y Honduras ha aumentado.

Es una posición difícil para las tres naciones que tendrán que abordar el asunto, [y también está] “la falta de recursos y capacidad”, dijo un alto funcionario del gobierno estadounidense. Las economías de esos países son muy dependientes de Estados Unidos debido a una combinación de asistencia, remesas y estabilidad política.

La cantidad de dinero que fluye de Estados Unidos al Triángulo del Norte es sustancial. Estados Unidos asignó $140 millones en asistencia a Guatemala en el 2017, $95 millones a Honduras y $72 millones a El Salvador.

El dinero que las personas envían desde Estados Unidos a sus familiares es incluso más. Las remesas enviadas a los países del Triángulo del Norte excedieron $17,500 millones en el 2017, un alza de 12 por ciento en comparación con el 2016, según Diálogo Interamericano, una organización de Washington centrada en América Latina.

“Estamos unidos por la cadera”, dijo el funcionario estadounidense.

Fernando Carrera, canciller guatemalteco en el 2013 y el 2014, quien trabajó con el gobierno del presidente Barack Obama cuando casi 70,000 niños centroamericanos llegaron solos a la frontera con Estados Unidos, dijo que la violencia es un problema real en la región, pero que ese no es el panorama completo.

“La política de disuasión es errada”, dijo. “Estamos tratando de detener un fenómeno que no puede detenerse”.

En una entrevista en su casa en la Ciudad de Guatemala, Carrera cuestionó a los grupos de defensa, organizaciones no gubernamentales y los medios nacionales de prensa de Estados Unidos por promover una narrativa de que todos los centroamericanos son solicitantes de asilo. Dijo que muchos huyen de la violencia real y merecen protección. La región es extremadamente violenta, pero dijo que los que piden asilo por temor fundado a la violencia son aproximadamente 20 por ciento de los casos.

La mayoría, dijo, vienen en busca de empleos y para reunirse con familiares que vinieron años antes.

No solamente los guatemaltecos escuchan a Trump hablar de deportar a los inmigrantes. Prestan atención cuando habla de la fortaleza de la economía y la cantidad de empleos en Estados Unidos. Y eso mismo lo escuchan amigos y familiares en Estados Unidos, que comparten la información de la cantidad de empleos disponibles.

“Nadie en su sano juicio va a dejar de tratar de reunirse con sus hijos porque lo amenacen con la deportación”, dijo Carrera “Es la naturaleza humana”.

Pero los tres gobiernos tienen que tener cuidado al abordar un tema tan sensible. Enfrentados a su propia volatilidad política, ven oportunidades de fortalecer su estabilidad acercándose al gobierno de Trump.

En Guatemala, el presidente Jimmy Morales y algunos de sus familiares son objeto de críticas por posibles infracciones a las leyes de financiación de campaña. El gobierno ha respondido buscando el apoyo de Trump a cambio de darle protección política después de convertirse en el segundo país en trasladar su embajada en Israel a Jerusalén a pesar del rechazo diplomático.

“Guatemala ha entregado su política exterior a la Casa Blanca y no está claro qué ha recibido a cambio”, dijo Benjamin Gedan, director para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de Obama.

En Honduras, donde el presidente Juan Orlando Hernández enfrenta alegaciones de fraude electoral, el gobierno también anunció planes de trasladar su embajada a Jerusalén. Estados Unidos reconoció oficialmente la victoria de Hernández pero también pidió una revisión de cualquier impugnación de los resultados.

Honduras y Guatemala tienen gran cantidad de cristianos evangélicos y lazos de muchos años con Israel, pero personas cercanas a los gobiernos dijeron que las razones reales para trasladar las embajadas a Jerusalén fue probar su lealtad a Estados Unidos bajo una fuerte presión internacional.

Y algunas veces llevan las cosas demasiado lejos.

El gobierno de Guatemala terminó despidiendo al portavoz de Morales después que expresó “respeto” por la política de inmigración de Trump y no criticó la separación de padres e hijos en la frontera. El gobierno dio marcha atrás en medio de las críticas del público y se unió a Honduras y El Salvador para pedir el fin de las separaciones familiares.

Los funcionarios entrevistados dijeron que no esperan ningún avance con la visita, pero quieren presentar una imagen positiva al gobierno de Estados Unidos para que la administración de Trump siga enviando asistencia, apoye a la comunidad empresarial y no se inmiscuya en sus asuntos internos.

“Son conservadores”, dijo Carrera. “Se ven como los Donald Trump de Centroamérica. Quieren que él [Trump] vea eso también”.

Fuente:elnuevoherald.com

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