Publicado el: Mie, Ago 24th, 2016

Misionero americano preso en Venezuela relata su odisea con la policía

Joshua Holt cuando es apresado
Un estadounidense que está encarcelado en Venezuela por cargos de ocultar armas describió el martes haber sufrido acoso por parte de la policía y haber sido obligado a dormir en una calurosa celda donde apenas cabe una cama pequeña.

Laurie Holt, madre de Joshua Holt, dijo que recibió una copia de una carta escrita por su hijo a través de su suegra, quien es venezolana, después de una visita reciente a prisión. Ella subió a Facebook una transcripción de la carta.

El ex misionero mormón fue arrestado hace dos meses, cuando la policía allanó el complejo de viviendas públicas donde él se estaba quedando con su novia venezolana mientras esperaban el trámite de visa estadounidense para ella. Las autoridades dijeron que durante el operativo hallaron un fusil de asalto.

Puede leer el mensaje completo aquí:

No tengo la oportunidad de expresarme a mí mismo aquí dentro del SEBIN [Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional] de Venezuela, pero puedo escribirlo. He recibido muchas noticias desalentadoras en mi vida, y algunas de ellas me han golpeado realmente el corazón. No obstante, la noticia que recibí ayer fue la peor noticia que haya recibido nunca antes. Mi corazón nunca se ha sentido antes de esta manera, me es muy difícil explicarlo. Siento como si la presión del mundo entero hubiera recaído sobre mi pecho. Mi corazón se siente como si se hubiera inflamado y estuviera a punto de reventar. Creo que esto se debe a una combinación de diferentes cosas.

Desde que llegué a este lugar horrible donde los demonios se pasean por los pasillos, y escuché las palabras abandonar la boca de mi adorada esposa, con quien sólo llevaba casado dos semanas, mi vida ha caído en la destrucción más absoluta. Con los ojos llenos de lágrimas, ella me miró a los ojos y me dijo: “Mi amor, están diciendo que encontraron un arma de fuego y una granada en nuestro apartamento”. Seguido por la pérdida de las emociones, no sólo de las del amor de mi vida, sino además de las emociones de mí mismo, cuando me pusieron las esposas. Las horas que siguieron estuvieron llenas de miedo y de terror, mientras ellos me amenazaban con hacerme cosas horribles, me tomaban fotos y se reían como si yo fuera un aborto de la naturaleza o un animal venido de otro mundo. Hasta el jefe principal de todos en SEBIN se tomó fotos conmigo como si yo fuera una especie de trofeo para él. Todavía recuerdo a mi bella esposa, de pie a mi lado, mientras ellos nos tomaban fotos, y ella lloraba y me rogaba que no la olvidara, que no la abandonara, y que no perdiera mi amor por ella. Lo único que quería yo era despertar de esta horrible pesadilla que seguro no podía estar sucediéndome de verdad.

Yo no soy una mala persona, no he hecho nada en mi vida que me haya causado problemas con las autoridades. Yo estaba seguro de que en cualquier momento me iba a despertar, y que vería la cara de mi amada, y que ella me daría los buenos días con un beso amoroso lleno de su afecto hacia mí. En lugar de eso, lo que me viene a la mente es cómo sucedieron las cosas en la realidad, cómo ella me despertó a las 6:00 de la mañana con el miedo y la preocupación reflejados en su cara. Mientras ella me habla oigo a gente que grita, bebés que lloran, y el ruido de personas tratando de entrar a la fuerza en los hogares donde las familias reposaban juntas, donde creían estar seguras. Mi esposa me dice que la policía nacional de Venezuela está yendo puerta por puerta, entrando a la fuerza en los hogares y preguntando por los hombres. Nos arrodillamos y rezamos una oración al Señor para que él nos bendiga y nos proteja. Voy a la sala y miro por la ventana y veo a cientos de agentes de la policía, que estaban juramentados a proteger a las personas, entrando a los apartamentos, persiguiendo a unas personas y disparándole a otras.

Mi esposa y yo tenemos la esperanza de que tal vez, a lo mejor, ellos no vengan a nuestra puerta. Ese pensamiento se desvanece en seguida cuando escuchamos cómo nuestros mayores miedos se convierten en realidad. BUM, BUM, BUM, ¡LA POLICÍA! Corro a nuestro cuarto y me meto en la cama mientras mi esposa abre la puerta. El agente le pregunta si hay algún hombre en el apartamento. Ella les dice que sí, mi esposo, yo y mis dos hijas. El viene a nuestro cuarto y me golpea en el pie con la mano para despertarme. El me hace algunas preguntas, mira mi visa, y después se va. Nos sentimos aliviados, hasta que escuchamos los mismos temores volver a la vida 40 minutos más tarde. Esta vez son unos 5 agentes de policía, y ellos entran por la puerta como si nosotros hubiéramos hecho algo malo. Ellos se me echaron encima, y empezaron a gritarme, me quitaron el teléfono y empezaron a destruir el apartamento en busca de algo que no estaba en ninguna parte. Me dicen que me vista porque tengo que acompañarlos. Me siento asustado y confundido. ¿Qué he hecho? ¿Habré hecho algo malo? ¿Me habré metido en un problema? Ellos me aseguraron que todo estaba bien, y que solamente querían verificar mi información. Mientras ellos me llevan hacia una vieja camioneta picop, otro agente de policía les pregunta por qué me llevan, y su respuesta de una sola palabra le da suficiente información al agente para que entienda: “Gringo”, y el agente respondió: “ah, okay”.

Esto tiene lugar una y otra vez. Mientras me retienen en la cama de una camioneta picop durante más de 5 horas, ellos le disparan a la gente, me dan golpes en la cabeza y hacen chistes sobre mí. Les pregunté por qué estaban haciendo esto, y la respuesta fue: “¿y cómo tratan a los latinos en Estados Unidos?” Empiezo a sentir miedo de que ellos van a matarme, y que no puedo hacer nada para evitarlo. Finalmente, me ponen en el asiento trasero de un jeep y me llevan a su oficina, pero por el camino paran y compran empanadas. Ellos me dieron dos, y me dijeron que ellos eran mis amigos, y que no hacía falta que yo tuviera miedo. Espero un par de horas en la oficina, mientras escucho a agentes que me dicen que estoy metido en un problema muy grande. Veo mi teléfono conectado a una computadora, mientras un agente está corriendo algún tipo de programa en mi teléfono. Estoy empezando a preocuparme de verdad. Es ahí que mi esposa entra a la habitación, y con los ojos llenos de lágrimas me dice: “mi amor, ellos están diciendo que encontraron un arma de fuego y una granada en nuestro apartamento”.

No fue hasta días después que averigüé que la policía había entrado en nuestro apartamento por tercera vez pidiendo $10,000, y que luego habían plantado estas cosas en nuestro apartamento porque no teníamos dinero. Ellos le hicieron y le dijeron cosas horribles a mi esposa tratando de que ella dijera cosas malas de mí, pero ella se negó a decir nada que no fuera cierto. Mi pobre esposa fue separada de sus dos preciosas hijas y traída aquí a SEBIN bajo acusaciones de que ella era mi cómplice. El tiempo que yo había pasado en Venezuela antes de que ellos me llevaran fue muy corto. Durante una semana nos preparamos para nuestra boda, y por otra semana estuvimos en nuestra luna de miel. Un momento que debería ser el más feliz en la vida de una persona ha sido convertido en el peor. Pasé una semana y media en una celda donde sólo cabía una cama personal, con dos ventanas a unos 12 pies de altura que sólo tenían alrededor de un pie de ancho y uno de alto. Hacía mucho calor allí, y yo pensé que este tendría que ser el lago de fuego y azufre.

Ya llevo 51 días en este lugar horrible. He sufrido una enfermedad tras otra, cálculos en los riñones, bronquitis, y ahora tengo algo que me da una picazón como nunca había sentido antes. He tenido momentos en que apenas podía respirar. El juez aprobó, no ya una vez, sino dos veces, que me llevaran al hospital, y sin embargo nunca he salido de la cárcel. Esta cárcel está llena de montones de personas inocentes que llevan aquí muchos años, lo cual me aterra, sabiendo que somos inocentes. Ya ha habido 10 ó 20 personas, presos y guardias, que me han dicho que estoy aquí porque soy estadounidense. Los guardias también me han dicho que aquí los estadounidenses no tienen derechos de ningún tipo.

Veo a mi esposa una vez al día cuando voy a buscar botellas de refresco llenas de agua para bañarme. Le doy un beso y le digo que la amo, y que algún día volveremos a ser una familia. Es difícil expresar el sentimiento que tuve ayer, cuando mi abogado me dijo que estábamos acusados, y que tendríamos que permanecer aquí hasta el 15 de septiembre. Se me rompió el corazón cuando ella me dijo que necesitamos más ayuda y apoyo de mi gobierno. Cuando se trata de quitarme mi dinero, mi gobierno se ha vuelto un experto y nunca falla, pero cuando se trata de salvar mi vida ellos me abandonan y me dicen que no pueden hacer nada.

Nunca he pasado tantas noches llorando hasta que me quedo dormido, y preguntándome por qué Dios ha permitido que nos ocurra esto a mí y a mi familia. Me rompe el corazón aún más ver que mi esposa piensa que mi familia está tratando de salvarme sólo a mí, y no a ella. He oído hablar de ‘‪#JusticeForJosh‬’ y me siento agradecido; no obstante, ese es sólo el 50 por ciento de la justicia que tiene que hacerse. JusticeForJosh hace que mi esposa y su familia y yo mismo pensemos que sólo se trata de mí, y nada de ella. La verdad es que, si yo pudiera, me quedaría aquí el doble del tiempo con tal de que mi esposa pudiera conseguir su libertad y reunirse con sus hijas.

Creo que sólo las palabras de un profeta pueden explicar cómo me siento en este momento. Estoy pasando mucha tribulación, arrepintiéndome casi hasta la muerte, hasta que el Señor en su misericordia ha tenido a bien arrebatarme de un fuego eterno… Mi alma ha sido redimida de la hiel de la amargura, y de los lazos de iniquidad. Porque me hallo en el más tenebroso abismo; atormentaba mi alma un suplicio eterno; no obstante, sé que seré rescatado, y que mi alma no sentirá más dolor. Yo me regocijo en mi Señor y mi Salvador. Sé que ellos están vigilando y escuchando cada oración. No sé cuándo él va a responder a mis oraciones, pero sé que él lo hará. Veo lo que tiene de cierto lo dicho por el élder Neil L. Anderson: “”.

A veces se hace difícil no sentir ira contra el Señor; pero yo sé que él me ama, y que él no me hará padecer algo que yo no pueda soportar, pero no sé cuánto más podré soportar. Pienso en dos versículos del Libro de Mormón que se avienen muy bien a mi situación. Están en el Primer Libro de Nefi, en sus versículos 16 y 17. Dice así: “Y me dijo: ¿Comprendes la condescendencia de Dios? Y le respondí: Sé que ama a sus hijos; sin embargo, no sé el significado de todas las cosas”. Yo sé que el Señor nos ama a mi esposa y a mí, y que tengo que enfocarme en eso y en la fe que tengo en Jesucristo y en su expiación. Ya no me queda otra cosa, y no puedo perder eso también. Venezuela no es tan peligrosa a causa de la gente como lo es a causa de la corrupción de la policía y del gobierno. He pasado 51 días aquí, y me quedan por lo menos otros 26 días, y por primera vez podremos demostrar y decir y probar nuestra inocencia. Sin embargo, con este gobierno, y con las cosas que he oído y que he visto, eso no significa nada.

Lo único que puedo hacer es rogarle al Señor que ablande los corazones de estas personas y los de los gobiernos, y si el gobierno está leyendo esto les ruego que me ayuden a ponernos en libertad a mi esposa y a mí, somos inocentes y lo único que queremos es estar juntos y crear una familia. Por favor, por favor, escuchen a sus corazones y ayúdennos. Hasta ese momento estaré aquí pensando en todos ustedes, y rezando con todo mi corazón para que se haga justicia. Como dijo una vez el élder Holland: “No se den por vencidos. Sigan andando, sigan esforzándose, hay ayuda y felicidad por delante. Algunas bendiciones llegan temprano, otras llegan tarde, y otras no llegan hasta que estamos en el Cielo, pero para aquellos que aceptamos el Evangelio de Jesucristo, ellas llegan. Todo estará bien, al fin y al cabo. Confíen en Dios, y crean que hay cosas buenas por venir”. (¡Gracias, Linds!) Y gracias a todos ustedes que nos han escrito cartas de amor y de apoyo. Yo no voy a perder mi fe. Yo estoy haciendo lo mejor posible para mantenerla, aunque hay días en que le pregunto a Dios como lo hizo José [Smith]: “Oh, Dios, ¿en dónde estás?”

Hasta que volvamos a vernos,

Joshua Anthony Holt

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/

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