Publicado el: Vie, May 10th, 2013

Mitos, miedos y mentiras

Por : Fernando Facchin B.

 

 

 

“Hay un arma más terrible que la calumnia: La verdad”. Talleyrand

En el aberrante proceso político que vive nuestro país, existe un uso perverso de las  técnicas y antiguas formas de aglutinamiento de masas, donde los mitos, miedos y mentiras arrastran al “soberano” y lo congregan ante una falsa visión de un mañana mejor, concepción que ha tomado lugar preponderante en consolidar al extinto presidente en un falso mito casi religioso, producto de la incapacidad y la mediocridad del usurpador y su cohorte, quienes carecen de personalidad política propia y requieren convertir al antecesor en una figura mítica que le sirva de respaldo político y mediático, de allí el bochornoso espectáculo que nos ofrecen día a día los personeros del Gobierno y la Asamblea Nacional, todo con un contenido visceral, sin ideología ni dogmática, pero con muchísimo mito, miedo y mentiras, se exaltan masas que no se reconocen con la democracia ni con la sociedad misma, sin cuadros naturales y sin valores comunes, sin  formación político-social.

Pero, el tiempo pasa rápidamente, el país se desmorona, la gobernanza está ausente, entendiendo por tal “El arte o manera de gobernar para el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la Sociedad Civil y el Mercado de la Economía” (DRAE). La situación política planteada conduce al enrarecimiento de las relaciones del Estado con la sociedad y repercute en la falta de una política definida, clara y precisa para combatir la pobreza, la marginación, la intolerancia y demás ingente problemática que vive el país. En la ignorancia conceptual, el usurpador cree haber vencido a sus opositores sólo porque, “por ahora”, administra la vida política y las rentas gubernamentales, pero no logra construir la gobernanza para encauzar una visión estratégica de desarrollo sostenible. La gobernanza es un concepto más amplio que el de gobernabilidad, incluye la reciprocidad de las relaciones entre la ciudadanía y el Estado, dentro del marco del respeto y reconocimiento de todas las partes de la sociedad, para construir un proyecto de país.

Con la ayuda del mito, el miedo y la mentira se alimenta y amplifica la “acción” del Gobierno  como en un sueño, donde se llega a lo absurdo y se alimenta del odio entre el mismo pueblo. Tal suerte de ensoñación, inescrupulosamente estimulada, termina en pesadilla. Toda esa habilidad castro-maquiavélica lleva a los más desposeídos a creer que el usurpador, en nombre del legador, les representa, les defiende,  asume sus pasiones, sus preocupaciones y sus esperanzas, lo cual, es definitivamente falso, a ellos les gusta soñar, pero igualmente le llega el momento en que no quiere más circo, entonces comienzan a exigir soluciones, creando el clima psíquico para el estallido social, producto de situaciones de exaltación sin reflexión, de un sobrexcitar en lo más profundo de las masas, el odio, la venganza y el delito.

De allí que hagan uso de la deformación de la realidad de los hechos, de la descalificación violenta explotando la lástima, se arenga a la violencia contra la oposición en forma desconsiderada y abusiva, táctica perversa de mentes enfermas, medio de persuasión en algunos casos y en otros de provocación, tal y como sucedió en la AN.

La promoción política del usurpador y sus acólitos se reduce a tres expresiones fundamentales, el mito, la mentira descalificatoria y la voz de mando, el predominio de la violencia frente a la razón, de lo sensiblemente brutal a lo irracional, la exaltación de las zonas más oscuras del inconsciente colectivo con la sola idea de “¿orientar al soberano?” en la perspectiva del momento, todo dentro de un discurrir irracional y discontinuo. Por tal razón el desgobierno nacional es prisionero de sus propios mitos, miedos y mentiras.

ffacchinb@gmail.com

 

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