Published On: Dom, Ene 28th, 2018

Muere el sueco Ingvar Kamprad, fundador de IKEA y el hombre que democratizó el diseño

A los 91 años, muere el fundador de IKEA,  Ingvar Kamprad

Ingvar Kamprad, fundador de IKEA, murió ayer rodeado por los suyos a los 91 años en su casa Småland, la comarca rural sueca desde la que creó uno de los éxitos comerciales más rotundos de la Historia. El niño humilde que con cincos años vendía cerillas a sus vecinos fundó la compañía que democratizó el diseño a los 17, en 1943. La bautizó con el acrónimo de sus iniciales, así como con las letras de la granja, Elmtaryd, y el pueblo donde creció, Agunnaryd.

Hijo de un inmigrante alemán, Kamprad no sólo destacó por sus tempranas dotes comerciales -después de las cerillas vendió pescado, decoración navideña así como lápices y bolígrafos-, sino por ser un visionario. Es cierto que su exitoso modelo de negocio se apuntaló en la tradición del diseño escandinavo. Éste, surgido en los años 50, fue la manifestación de la socialdemocracia con la asequibilidad, funcionalidad y simpleza como premisas indispensables. Pero sólo él supo hacerlo universal con algo tan simple como el embalaje plano y una llave alen.

Ikea comenzó siendo una compañía sin tiendas físicas que únicamente vendía por correo (de ese origen queda hoy su famoso catálogo) y hasta 1948 no comenzó a vender muebles, fabricados por los vecinos de la infancia de Kamprad. Fue el boicot de los proveedores lo que le empujó a fabricarlos. En 1958 abría una tienda en Älmhult de 6.700 metros cuadrados, la primera de las 412 que existen actualmente en el mundo.

En su manifiesto El Testamento de un fabricante de muebles, escrito en 1973, Kamprad resumió su receta para el éxito: la simplicidad como virtud, alcanzar buenos resultados mediante pequeños medios, hacerlo de un modo diferente, precios bajos con un significado… Y ello no sólo definía su negocio, sino a él mismo.

Envuelto en una leyenda enigmática, con luces pero también sombras -la más grave, sin duda, su flirteo juvenil con el nazismo-, Kamprad llevó una vida espartana que le dio proverbial fama de tacaño. Según un documental emitido hace un par de años por TV4 en Suecia, el multimillonario compraba ropa de segunda mano en mercadillos y confesó que ahorraba hasta en la peluquería. “Normalmente intento cortarme el pelo en países en vías de desarrollo. La última vez fue en Vietnam”, explicó. Pese a esa frugalidad, durante 61 años acudió a la fiesta de Navidad de la compañía, en su pueblo, vestido de Papa Noel con un millón de coronas suecas como bono para sus empleados.

Como ha reconocido hoy la ministra de Exteriores sueca, Margot Wallström, Kamprad “puso a Suecia en el mapa”. No deja de ser una paradoja, teniendo en cuenta que él mismo acabó viviendo en Suiza para evitar impuestos y que la compañía que fundó, pese a los colores y las banderas, tiene sus bases fiscales en los Países Bajos y Luxemburgo. Aun con todo, Kamprad pasará a la historia por ser el hombre que democratizó el diseño con una compañía que ha trascendido a las estanterías Billy. El anuncio de que a partir de este verano empleará a 200.000 refugiados en Jordania durante la próxima década como proveedores es una encomiable muestra de ello.

Fuente: El Mundo es

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