Publicado el: Sab, Jul 15th, 2017

Muguruza gana el Wimbledon tras exhibirse en la final contra Venus Williams


Muguruza, campeona sin discusión
La española levanta el trofeo de Wimbledon tras exhibirse en la final contra Venus Williams

Era un duelo desde las miradas, desde la rueda de prensa y desde el no verse al pasar por las pistas de entrenamiento. Y se trasladó a la Pista Central, cerrada para la ocasión por la lluvia y para que la pelota retumbara más que de costumbre. También para que las lágrimas, la emoción y la sonrisa de Garbiñe Muguruza se quedara para siempre en sus paredes. El ojo de halcón certificó que el golpe de Venus Williams se había ido fuera. Certificó lo que había mostrado durante estas dos semanas: Muguruza es una campeona sin tacha y sin discusión. Por el tenis, por el resultado y por la exhibición. Frenó a Williams en el primer set y la atropelló en un segundo parcial impecable, extraordinario, para ver reflejada su sonrisa en el trofeo de campeona.

Hace dos años puso un tímido pie entre la realeza del tenis femenino, pero para confirmarse necesitó evolución, de mejoras físicas, técnicas, profesionales. Volvió a Wimbledon ya con la experiencia de un Roland Garros y con las ganas por todo lo alto. Rebajó la tensión de los grandes momentos y firmó dos semanas de un tenis descomunal. Faltaba el examen final. Donde había tropezado en 2015 pero de donde había sacado conclusiones y soluciones para llegar a 2017 en una versión mejoradísima de sí misma. Y lo sacó todo, sin paliativos, en una final de altísimo nivel por su parte.

No podía hacer menos, ante una leyenda como Venus Williams que le exigía todo y más, a pesar de que la estadounidense ya supera los 37 años y que su cuerpo nota el paso del tiempo y de las emociones. Como en rondas anteriores, Muguruza tenía un plan claro desde el inicio. Especial para la estadounidense, que no es Serena por mucho que en su historial luzcan ocho Grand Slam. Igual de concentrada que siempre, pero con más empuje que nunca, Muguruza aceptó el reto y se lanzó a por todas. Ni siquiera se dejó intimidar por un calentamiento apático por parte de su rival.

El partido exigía sus mejores armas y sabía que, ante un tenis parecido al de Williams, no podía ceder nada de terreno. Ni lo cedió ni dejó que los nervios asomaran demasiado en su mano, a pesar de que su primer turno de saque lo inició con una doble falta. Sacó su tenis, defendió los ataques de Williams con más entrega todavía y quiso dominar desde su propio juego: agresivo, desde el fondo, desafiante su mirada. Apenas subió a la red porque la pelea se construyó desde el fondo.

Allí mantuvo el pulso que le propuso la veterana jugadora, que lleva dos finales de Grand Slam y dos derrotas. Y en su carrera solo su hermana y Martina Hingis le habían arrebatado el título. Ahora también lo ha hecho Garbiñe Muguruza porque su tenis y su fe fueron superiores.

Tanto como para aguantar los ataques de Williams, que logró dos juegos en blanco y siempre inquietó a la española con el resto. El punto clave de la mentalidad de Muguruza llegó en el 5-4. Con su servicio, la estadounidense logró dos opciones de rotura.

Muguruza levantó la primera después de un intercambio brutal, el más largo del partido, con el que se defendió y acorraló al final a Williams. Un buen servicio arregló el segundo susto. Fue el impulso de fe que necesitaba la española, porque se levantó de una situación más que comprometida y se elevó hacia el cielo.

A partir de ese momento, el partido fue suyo. Logró romper el saque a Williams cuando tocaba para ganar el primer set y allí se acabó el encuentro. Solo hubo una tenista. Destrozó a su rival con los ganadores que la habían llevado hasta la final: demoledores, dirigidos a conciencia al desgaste de Williams, sin fuerza ni para estirar un poco otra final de un grande que se le escapa.

Al otro lado, una Muguruza soberbia, imperial, brillante e impecable. Arrebatadora hasta el último instante, con tres bolas de partido en su poder y que el ojo de halcón decidió en última instancia. Lo tenía claro la española, que tumbó a la leyenda con un 6-0 inapelable. Un recreo, pura exhibición. Una Muguruza magistral que enterró a la Muguruza de 2015 y a las lágrimas bajo las manos para levantarse radiante, deslumbrante, con una sonrisa que brilló en su plato de campeona. Serena Williams le dijo hace dos años que algún día lo ganaría. Ya lo tiene. Suyo es Wimbledon para siempre.

Fuente:ABC

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