Publicado el: Dom, Abr 24th, 2016

Nadal, también campeón por novena vez en Barcelona

rafael nadal
El balear supera a Kei Nishikori en la final (6-4 y 7-5) y se apunta otro éxito en el Trofeo Conde de Godó. Iguala a Vilas con 49 trofeos en tierra

Los domingos vuelven a ser de Rafael Nadal, impulsado después de dos semanas magníficas que se resumen con el chapuzón en la piscina del Real Club de Tenis de Barcelona. La tradición marca que el campeón del Trofeo Conde de Godó acaba en el agua y se bañó con gusto otra vez, feliz porque su nombre vuelve a imponer en el circuito. Después de Montecarlo, el balear se reboza por la tierra barcelonesa y también muerde ahí por novena vez, tremenda cifra que evidencia su poderío. En una final maravillosa, el zurdo controló el ímpetu del genial Kei Nishikori y se impuso por 6-4 y 7-5 en poco más de dos horas. Un domingo de puños cerrados y «¡vamos!» como los de antes.

Fue un partido estupendo entre las dos mejores raquetas del cuadro, expuestos a una tarde llena de alternativas. Hay pocos escenarios con tanto encanto como el de Barcelona y Nadal y Nishikori compensaron a las 8.000 personas con una pelea vibrante. La ganó Nadal por méritos propios y lo hizo a su manera, cien por cien reconocible en esta progresión hacia el pasado.

Con el sol se calentó el campeón de los catorce grandes, al que le benefició la efectividad en escenarios críticos. De hecho, lo mejor de este renacer es que Nadal tiene cabeza y confianza como para levantar cualquier imposible y lo bordó en la primera manga al aprovechar las dos bolas de break a favor de las que dispuso. Por contra, se salvó cuando le apretó Nishikori (1 de 8) y en 50 minutos dio el primer paso hacia la meta.

El inicio tuvo momentos notables, con dos tenistas golpeando a fuego en una interesante partida de ajedrez. El juego de Nadal en tierra no es de los que más molesta a Nishikori y de ahí que el balear buscara de entrada la derecha del asiático. Cuando le cogió la medida, pasó entonces a atacar el revés del nipón, que es una auténtica barbaridad y más cuando caza la bola en altura. El recital de puntos fue excelente.

En estos tiempos de reconciliación, a Nadal le delata la expresión de su cara, aliviado desde que hace una semana triunfó en Montecarlo. Llevaba meses anunciando una evidente mejoría en su tenis, pero lo que se hace en los entrenamientos vale de poco. Ahora, por fin, compite y encuentra recursos, cumpliendo con las expectativas y moviendo la bola como de costumbre. Abre ángulos, ataca cuando toca y no se viene abajo. Además, las piernas desvelan una frescura imprescindible en esta superficie y rescata el favoritismo de toda la vida. El verdadero examen lo marcará Novak Djokovic, pues las otras etapas ya las ha superado.

En la segunda manga se mantuvo la intensidad y el mallorquín frenó la reacción de Nishikori a las bravas hasta el punto se sacarle de quicio. El japonés rompió el saque a la primera y se pasó los cuatro siguientes juegos a remolque, incapaz de esquivar el huracán. Nadal se fue hasta el 4-1 después de levantarlo casi todo, magnífica puesta en escena con jugadas de diez, pero quedaba un arreón del asiático para volver a tener una mínima esperanza de optar a algo. Su reacción merece un aplauso, aunque se enredó después de haber hecho lo más difícil y de salvar una bola de partido con 5-4.

El resultado ofrece una catarata de datos y la evidente sensación de que Nadal está a punto. Iguala a Guillermo Vilas con 49 trofeos en arcilla, se va hasta los 69 títulos en su carrera y advierte al personal. Ya está aquí.

abc.es

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