Publicado el: Jue, Nov 17th, 2016

Narcosobrinos dicen que tenían el control para enviar la droga desde el hangar presidencial

 

 

 

Attorney Eridania Perez (L) sits beside Efrain Antonio Campo Flores as Attorney John J Reilly talks with him, in federal court in Manhattan, New York, December 17, 2015, in this courtroom sketch. Assistant U.S. Attorneys Emil Bove and Brendan Quigley (front L-R) sit as defendant Franqui Francisco Flores de Freitas sits at right. The two nephews of Venezuela's first lady pleaded not guilty on Thursday to U.S. charges that they conspired to import cocaine into the United States. REUTERS/Jane Rosenberg ATTENTION EDITORS - THIS PICTURE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. REUTERS IS UNABLE TO INDEPENDENTLY VERIFY THE AUTHENTICITY, CONTENT, LOCATION OR DATE OF THIS IMAGE. EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. NO RESALES. NO ARCHIVE. THIS PICTURE IS DISTRIBUTED EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS TPX IMAGES OF THE DAY TPX IMAGES OF THE DAY

Uno de los sobrinos del gobernante venezolano Nicolás Maduro, acusado de conspirar para entrar 800 kilogramos de cocaína en Estados Unidos, prometió que la droga podría llegar a Honduras antes del anochecer, ya que el avión que la transportaría despegaría nada menos que del hangar presidencial en el Aeropuerto Internacional de Caracas. Todo ello se escuchó en una grabación que presentó la Fiscalía Federal el miércoles en una corte de Manhattan.

El Nuevo Herald/FRANCO ORDOÑEZ

“No hay que preocuparse, yo tengo todo el control”, se puede escuchar decir a Francisco Flores, quien se refiere a la droga como “mercancía”.

La grabación es la evidencia más reciente que vincula a los dos sobrinos, Flores y Efraín Campo, con su influyente tío y tía Cilia Flores, esposa de Maduro. Con la prueba de la grabación, la Fiscalía busca demostrar que los sobrinos participaron activamente en el complot para entrar cocaína a Estados Unidos.

De acuerdo con las grabaciones de audio y video, Flores aprobó los planes que habían hecho los presuntos narcotraficantes en Honduras para recibir el avión y se jactó de que la llamada “mercancía” se empacaría adecuadamente en maletas nuevas.

De igual modo, la Fiscalía llamó a declarar al controlador de tráfico aéreo, que dijo haber ayudado a organizar el plan para que las drogas llegaran sin problemas a Honduras, donde se bajarían y a su vez se transportarían a México para desde allí ser enviadas a EEUU. Hubo otro testimonio de un informante confidencial, quien declaró estar presente en la reunión donde Flores confirmó el plan.

El testimonio le permitió a la Fiscalía concluir la presentación de su caso de una forma más sólida de lo que hizo el martes, cuando la defensa echó por tierra la credibilidad de un testigo clave del gobierno, José Santos Peña, cuando presentó una grabación donde se oye cómo el testigo realizaba negocios de drogas desde la propia prisión donde se encuentra. Las grabaciones obligaron a que los fiscales abandonaran a Santos Peña, miembro del Cartel de Sinaloa, en México.

El miércoles, la Fiscalía Federal presentó todos los detalles del caso luego del testimonio de la parte hondureña de la supuesta confabulación.

Flores, de 31 años, y Campo, de 30 años, están acusados de hacer entrar la enorme carga de cocaína a EEUU en un caso que le ha añadido más tensión a las ya dañadas relaciones entre EEUU y Venezuela.

Carlos González, el controlador de aéreo hondureño, testificó y dijo que él y otro empleado del Aeropuerto Internacional Juan Manuel Gálvez en la isla de Roatán, localizada en la costa norte de Honduras, organizaron un plan el 5 de noviembre del 2015, para recibir el envío, que debía llegar allí diez días después.

La drogas, dijo González, se descargarían y llevarían a una embarcación rápida que esperaba para llevarlas a la costa de Honduras. Posteriormente se suponía que la carga se transportaría a México y, por último, a Estados Unidos, dijo González. Ni Flores ni Campo estaban en esa reunión.

La defensa objetó el testimonio de González, tras argumentar que era irrelevante toda vez que González nunca se reunió ni se comunicó con los acusados. González admitió en el estrado ante el abogado defensor John Zach que la primera vez en su vida que vio a los acusados fue el miércoles en el tribunal.

Zach, que a representa Campo, y David Roday, que representa a Flores, dijeron que González tenía suficientes motivos para ayudar a que los fiscales hallaran culpables a los acusados, ya que así tenía la esperanza de que le reducirían la sentencia. González encara una sentencia de entre 10 años a cadena perpetua por su participación en el negocio y en otros complots de narcotráfico que se remontan al 2008. Gonzalez admitió haber ayudado a que más de 50 aviones cargados con droga aterrizaran en el aeropuerto de Roatán. Por lo general se le pagaba $10,000 por nave, dijo.

Juan Gómez, otro informante confidencial, subió al estrado para ayudar al asistente de la Fiscalía Emil J. Bove III a describir las grabaciones de una reunión celebrada el 6 de noviembre a la que Gómez y Flores asistieron. González no estaba en ese encuentro, pero otro empleado del aeropuerto, Roberto de Jesús Soto García, sí estaba.

Soto García, que fue nombrado coacusado, también enfrenta cargos de conspiración para meter cocaína en EEUU y las autoridades están buscando su extradición.

En la reunión del 6 de noviembre, Soto le explicó a Flores que el avión tenía que llegar entre las 4:30 p.m. y las 5:15 p.m. del domingo 15 de noviembre. Resultaba importante que fuera un domingo, ya que es un día de la semana con pocos vuelos y muchos de los funcionarios de seguridad de alto nivel no trabajan ese día. Además, tenía que ser después de las 4:30 p.m. debido a los turnos de trabajo, pero antes de la 6 p.m. cuando ya ha oscurecido.

Soto presionó a Flores de que no podía llegar tarde, y señaló que el aeropuerto no tenía luces debido a un problema de electricidad. Fue en ese momento que Flores le aseguró que no se preocupara, qué él mismo personalmente estaría controlando la salida desde el hangar presidencial.

Soto dijo que él y sus cómplices esperarían por ellos al final de la pista. Sólo les harían falta 20 minutos para bajar la carga y reabastecer al avión para que volviera a despegar.

Soto le sugirió a Flores que llevara cuatro personas que podrían hacerse pasar por turistas. De esa forma, el avión no despertaría sospechas y podría traer otra carga de drogas cuando regresara a buscarlos. Roatán es un popular lugar turístico de Honduras para bucear y disfrutar de la playa.

Flores le hizo varias preguntas sobre cualquier posible problema que pudiera surgir, pero Soto le aseguró que siempre que llegara en el tiempo establecido todo estaría bien. Soto le dijo a Flores que cualquiera que se pusiera en contacto con él, inclusive las autoridades, estaría participando en el complot. Los únicos problemas, dijo Soto, que podrían aparecer era la inclemencia del tiempo, un “acto de Dios” o la llegada inesperada de agentes de la DEA. El Plan B, dijo Soto, contemplaba que el avión aterrizara en una pista en las montañas. Pero solamente en caso de emergencia.

La defensa acusó a Gómez de ayudar a orquestar la llegada de los narcóticos así como de educar a los inexpertos acusados en la entrega de las drogas. El abogado defensor Michael Mann trató infructuosamente de que Gómez dijera que los trabajadores del aeropuerto eran realmente empleados por los informantes confidenciales. Gómez dijo que según su experiencia, cualquier persona que tenga control de un aeropuerto es alguien experimentado.

Está programado que los alegatos finales comiencen el jueves por la mañana.

fordonez@mcclatchydc.com; Twitter: @francoordonez.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/venezuela-es/article115287168.html#storylink=cpy

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