Publicado el: Jue, May 16th, 2013

No hay razones para celebrar el primer mes de gobierno de Maduro

  Venezuela no celebró el primer aniversario de la cuestionada victoria electoral de Nicolás Maduro el 14 de abril. El chavismo tampoco. El país no está para fiestas.

“Hay representantes de la oligarquía venezolana que salen a aplaudir y a proclamar el odio contra su propio pueblo, contra su patria, y llaman a que nos intervengan, se nos aísle, se nos destruya”. Las palabras de Maduro en la inauguración anoche del Mausoleo de Simón Bolívar en poco se diferencian a las proferidas hace un mes en el Balcón del Pueblo. Palabras sometidas a un vendaval político y económico, que también ha triturado la “luna de miel” del primer presidente “obrero y chavista” de Venezuela.

Las promesas de la noche electoral, como auditar voto a voto una polémica elección que ganó sólo por el 1,49 por ciento, se las llevó el viento huracanado de la política. Nada se sabe de las pruebas que iba a aportar “de la guerra eléctrica contra nuestro pueblo”, “el sabotaje del abastecimiento” o “la guerra psicológica”. Maduro, incluso, anunció aquella noche que “hemos capturado unos colombianos con unos equipos supermodernos”. Nada se conoce tampoco de esos peligrosos “paramilitares”.

Lo que sí siente Venezuela es que se enfrenta a una de las peores crisis económicas de la última década, con el país al borde de la recesión tras romper la barrera de la inflación con una subida de 4,3 por ciento en abril. “A un mes del robo del ‘enchufado mayor’ (Maduro), nuestra lucha por la verdad y el futuro sigue intacta. La ilegitimidad le acompaña todos los días y a eso súmenle el desastre del Gobierno. ¡Metió un paquetazo y está destruyendo la economía!”, atacó Henrique Capriles haciendo referencia a la última sorpresa económica: la subida del 20 por ciento de los precios intervenidos de la carne, el pollo, la leche y los quesos.

El incremento, junto a la importación de 700.000 toneladas de alimentos procedentes del Mercosur, pretenden paliar el enfado generalizado por la escasez de productos básicos y las largas colas que se forman cuando éstos aparecen en distintos puntos del país.

La misma estrategia se acometerá con el papel higiénico: 50 millones de unidades serán compradas en el exterior “para saturar el mercado”, anunció el Gobierno.

En este contexto se sitúa las reuniones mantenidas entre el gobierno y la empresa Polar, la mayor del país. Su presidente, Lorenzo Mendoza, acusado por el oficialismo de acaparar alimentos, se defendió como ningún empresario lo había hecho en la última década. Incluso acusó al gobierno de ser incapaz de producir harina de maíz precocinado, pese a poseer el 40 por ciento de las fábricas.

Una polémica que va más allá de las habituales diatribas del Gobierno contra los empresarios para convertirse en un pulso entre dos modelos económicos. Mendoza se atrevió a retar al oficialismo: “Queremos comprar, o que nos alquilen, una planta (del gobierno). Y en 12 meses la ponemos a producir”.

La respuesta oficial de Maduro: “Le voy a decir cuatro verdades” al burgués “altanero”.

Muy distinta fue la negociación alejada del foco de las cámaras. El gobierno no está en condiciones económicas de atacar al único que abastece “a ‘full’ producción” el mercado nacional en tiempos de crisis aguda.

Mendoza resumió al país: “Lo importante es que se produzcan alimentos a plena capacidad. Dejemos de lado todo lo que tiene que ver a veces con ataques infundados y malintencionados, envidias, complejos que se presentan en situaciones como ésta”.

En el plano político, la oposición se quejó ayer de que el chavismo no había convocado el habitual pleno de los martes, pese a que las negociaciones de los últimos días habían acercado las posiciones tras la emboscada chavista de hace 15 días.

No obstante, la mitad opositora del país no observaba ayer el Parlamento. Sus miradas se dirigían, con más incertidumbre que nunca, a Globovisión, único canal crítico con el Gobierno y la única televisión que emite en directo los actos de Capriles. La sorprendente dimisión de Vladimir Villegas, su nuevo director, en la noche de su primera jornada de trabajo confirmó los peores augurios.

“Agradezco la oportunidad, pero no podría ser un director silencioso y decorativo. Las diferencias (con los nuevos dueños) eran imposibles de superar. Implicaba asumir una dirección limitada en la toma de decisiones en programación y en líneas de trabajo”, declaró Villegas fuera del canal.

La oposición teme que los nuevos dueños, conocidos testaferros del chavismo, aprieten el acelerador para tomar informativamente el canal, con una línea complaciente con el Gobierno.

La gran duda es saber si en la nueva Globovisión se darían a conocer realidades como las que envuelven la inauguración del Mausoleo, una metáfora del chavismo. Cuando en 2010 Chávez se empeñó en exhumar los restos de Bolívar, convencido de que le habían asesinado (nunca se demostró), apostó por construir una nueva obra faraónica.

Tres años después, casi 100 millones de dólares gastados y cuatro inauguraciones postergadas, el Mausoleo, muy criticado por historiadores y arquitectos, es otra prueba de corrupción, según demostró “Últimas Noticias”. El ministro Farruco Sesto otorgó la obra a dedo a una constructora amiga y sin concurso público.

“Qué pensaría nuestro Libertador de estos ‘enchufados’ corruptos rodeados de ‘espalderos’, ‘camionetotas’, rindiéndole tributo”, sentenció Capriles desde su Twitter.

Diario de las Americas

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