Publicado el: Vie, Mar 14th, 2014

Nos alcanzó el caos

FERNANDO FACCHIN B.

 Nos alcanzó el caos. Vivimos días críticos de conmoción social y política, la cual crece exponencialmente. Es una conmoción moral, un gran desbarajuste de violencia física, una subversión sociopolítica creada por el régimen para aferrarse al poder.   Estamos en camino a una gran conmoción y caos. Tenemos  un títere de presidente con “Olor a mafia cubana” , donde  la insensata pero intencionada opinión de la “Ofensora del Puesto” justificando la tortura,  nos pone en situación de riesgo a todos. Sin sensibilidad social no hay gobierno legítimo.

EL  madurismo siguiendo las instrucciones de su legador, se ha declarado enemigo de la juventud y de la sociedad misma, por tal razón no tiene ninguna oferta para ellos, así lo entienden los jóvenes de hoy que no ven futuro  en  manos de la conducción del país por maduro y allí recordamos a Rómulo Betancourt: “Pero la desocupada creencia de que el cambio de decorado de la dictadura se realizaría en familia, con la regularidad con que en las viejas monarquías el delfín sucede al rey muerto, se desvaneció rápidamente.”;  resultó fácil convertir a los jóvenes  en víctimas propiciatorias y en receptores de la violencia institucionalizada, como en la figura temible del “enemigo interno” que transgrede, a través de sus prácticas disruptivas, las órdenes de sumisión social, contra quienes existe una campaña reaccionaria de criminalización y tortura al estilo de la “Misión Gabriela”.

Un régimen  que no cree en el futuro del país es una amenaza para el progreso y el bienestar de una nación, de allí deriva el empobrecimiento colectivo en todos los órdenes, lo  que hemos dado en llamar crisis social, la cual comenzó a fraguarse en 1999 y que ha dado definitivamente al traste con la estructuración de la sociedad venezolana, pero, afortunadamente, estamos ante el estertor apoteósico de un sistema político-económico que se cierra a gran velocidad, por falta de visión a largo plazo, responsabilidad y liderazgo 

Es difícil que un país gobernado por hombres que no tienen la estatura de estadistas, donde sus ejecutivos de alto nivel no tienen el talento necesario para enfrentar los retos dialécticos que plantea el desarrollo, pueda llevar desarrollo sostenible a sus gobernados. Nada descalifica más al personaje de Miraflores que elemental incapacidad de estatista, si n capacidad de diálogo serio, sincero y honesto; por el contrario ha demostrado ser un iracundo, gritón, insultante como matón de barrio, alérgico a la crítica y mentiroso compulsivo, generador de represión y destrucción colectiva.

Un país que vive a expensas de los préstamos onerosos que otorgan los organismos internacionales no es posible que pueda financiar la profunda crisis económica y social que vivimos, porque tales préstamos solo nos sirven para endeudarnos a corto, mediano y largo plazo, ya que esos dineros no se invierten en programas de desarrollo, sino que van a parar a los bolsillos de funcionarios corruptos. ¡Vaya la denuncia del Gobierno Argentino!

La situación exige el despertar de la conciencia ciudadana. Ese despertar debe tener en cuenta la realidad  de la pluralidad de nuestra sociedad, las condiciones   deshumanizante del heredero maldito, pues sin sensibilidad social no hay gobierno legítimo. Parodiando a Lenin podríamos decir: Maduro es la enfermedad infantil del chavismo…por inmaduro. Sin sensibilidad social no hay gobierno legítimo. Amigo lector, nos alcanzó el caos.

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