Published On: mar, Dic 11th, 2018

Nuevos ofrecimientos proteccionistas de Macron podrían traer dificultades a su gobierno a nivel europeo.

¿Qué le espera a Francia después del discurso de Macron?

Los «chalecos amarillos» piden más poder adquisitivo y un cambio en la política francesa. Ahora, Macron parece actuar a favor de sus demandas. Pero no es probable que pueda calmar los ánimos a largo plazo.

«No es suficiente”, dijeron los manifestantes ante las cámaras de los reporteros, poco después del discurso televisivo de Emmanuel Macron. Después de cuatro semanas de protestas, los ciudadanos franceses comprobaron que el gobierno de París prestó oídos a sus demandas. Y parece que quieren más. Macron mismo dijo que asume «parte de la responsabilidad” y pidió disculpas a los franceses por las «palabras hirientes». Luego anunció una serie de medidas a fin de reducir la tensión, que podrían traer dificultades a su gobierno a nivel europeo. París había anunciado un nuevo endeudamiento del 2,8% del Producto Interno Bruto para 2019, y las nuevas promesas de Macron podrían costarle al Estado otros 10.000 millones de euros anuales. El déficit fiscal podría aumentar, de ese modo, hasta un 3,5%, con lo cual Francia dejaría de cumplir con los criterios de Maastricht, algo que Macron había prometido hacer al inicio su mandato.

Regalos caros para el electorado

En detalle, el gobierno francés prevé un aumento del salario mínimo de 100 euros a partir del 1 de enero de 2019. Es de remarcar que, con un salario neto de 1.185 euros por mes, el Estado francés garantiza uno de los salarios mínimos más altos entre los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Ya anteriormente, economistas advirtieron al gobierno de llevar a cabo otro aumento del salario mínimo. Ahora, Macron promete que las empresas no se verán perjudicadas por la clara subida del salario mínimo de cerca de 1,6 millones de trabajadores, y para eso hace un cálculo complicado. Hace pocos días, el gobierno francés prometió un aumento del salario mínimo del 1,8%, lo cual equivale a unos 20 euros por mes. Debido a la reducción del gasto social, se suman otros 20 euros. Y se adelanta al 1.1.2019 un incremento de la ayuda estatal para familias con sueldos muy bajos, que se planeaba poner en marcha en los próximos años, paulatinamente. De allí salen los 60 euros que faltan. Pero está por verse si este aumento, del cual, según la situación familiar, no se beneficiarán todos los ciudadanos que cobran el salario mínimo, logrará calmar los ánimos en Francia. Las primeras reacciones por parte de los «chalecos amarillos» no parecen afirmarlo.

Mensaje a los jubilados

Se supone que la clase media también se beneficiará de una nueva regulación sobre las horas extra. Según ella, en el futuro, las horas extra no estarán sometidas a gravámenes ni a gasto social. El presidente conservador Nicolás Sarkozy introdujo ese cambio, por primera vez, pero su sucesor, el socialdemócrata François Hollande, de cuyo gabinete era miembro Macron, lo anuló. Una tercera medida está dirigida a los jubilados, que también demuestran su ira desde hace meses debido al aumento del impuesto social (Contribución Social Generalizada, CSG). Para los jubilados que cobren menos de 2.000 euros, ese aumento no entrará en vigor. En Francia, un jubilado cobra, en promedio, 1.400 euros al mes.

La élite política francesa no se pone de acuerdo acerca de los planes de Macron. Mientras representantes de los republicanos y socialdemócratas abogan por el fin de las protestas, el gran opositor de Macron desde la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, no ve motivo para ello, y confía en que este movimiento ciudadano se haya transformado ya en uno político, que tiene por objetivo al presidente mismo. Mientras, al principio, se trataba de levantar el impuesto a los carburantes, ahora, sobre todo en la fracción más radical de los «chalecos amarillos», se trata de protestar contra Emmanuel Macron, al que llaman el «presidente de los ricos».

Dado que los «chalecos amarillos» no responden a ningún movimiento político unificado y coordinan sus acciones a través de las redes sociales, no es de esperar que sus protestas acaben de hoy para mañana. Esto diferencia a sus manifestaciones de otras anteriores, que eran controladas aún por los sindicatos.

¿La última chance de Macron?

Macron no solo tuvo que ofrecer, en su discurso, una respuesta a la pregunta, cada vez más acuciante, sobre la distribución de la riqueza. El movimiento de los «chalecos amarillos», analiza el experto en Francia Henrik Uterwedde, puso en la mira el estilo de gobierno de Macron. «La otra cara del sistema francés de gobierno y del presidente es que el poder está muy concentrado en las altas jerarquías, lo que a menudo da la impresión de que solo ellos saben lo que le hace bien al país. Una crítica con la que, según Uterwedde, se vieron confrontados todos los presidentes de la Quinta República. Sin embargo, la brecha entre la élite de París y la ciudadanía no se ha reducido hasta ahora.

Ahora, Macron promete más participación política para los ciudadanos, también independientemente de las elecciones parlamentarias y presidenciales, que tienen lugar cada cinco años. Para eso, planea buscar el contacto con ciudadanos de más de 35.000 ciudades y distritos para desarrollar, con su ayuda, un «nuevo contrato nacional». Claro que aún está por verse cuán lejos llegará el presidente francés en esta planeada reforma del sistema político. Y tampoco se sabe a ciencia cierta si esas reformas satisfarán los conflictos por la distribución de la riqueza, que se vuelven cada vez mayores. Existe el temor de que, si Macron fracasara en su intento, eso allane el camino al poder a la extrema derecha o a la extrema izquierda. Cuán grande es ese temor se refleja en el urgente llamado del ensayista liberal Nicolas Baverez: «¡Salven al soldado Macron!”

 

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