Publicado el: Mie, Oct 12th, 2016

NYT: Alicia Machado, una adversaria de cuidado por Milagros Socorro

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Alicia Machado, una adversaria de cuidado

Cuando Alicia Machado se montó en una báscula y comprobó que había ganado alrededor de 18 kilos mientras era la Miss Universo 1996, comprendió que estaba en problemas. Pero no debe haber pensado que el mundo se le venía encima. Para ese momento, aunque apenas tenía 20 años, ya había salido airosa de muchos desafíos.

Claro que no se había topado con nada parecido a Donald Trump, el millonario que se estrenaba como dueño del concurso de belleza que ella había ganado en mayo de 1996. Pero Trump quizás no sospechaba que aquella muchacha latinoamericana, a quien llamaba “Miss Piggy” y a la que humilló llevándola a un gimnasio donde había citado secretamente a un batallón de fotógrafos, llegaría a convertirse en una adversaria de cuidado.

Tanto, que si llegara a perder la presidencia de Estados Unidos en las elecciones del próximo 8 de noviembre, en la lista de factores adversos estará, y no de último, el nombre de Alicia Machado.

Trump pudo salirse con la suya hace 20 años. Pero muchas cosas han cambiado desde entonces, como lo muestra el escándalo a raíz de la publicación de un video de 2005 en el que se oye cómo el candidato republicano alardeaba de haber acosado sexualmente a una mujer casada y de que las mujeres, en general, toleran sus metidas de mano porque es una estrella. Quizás el cambio más sustantivo es que esas mujeres de las que habla Trump han dejado de callar frente a la violencia de género.

Machado es solo un ejemplo, pero quizás el más relevante en esta acalorada campaña presidencial. Su nombre abrió la puerta a las denuncias de misoginia que hoy muestran al republicano en toda su soez subestimación de la mujer.

Pero Trump no ha sido el único en equivocarse con la ex miss universo. Machado ha hecho una carrera a contravía de quienes han subestimado sus capacidades. Para empezar, cuando se inscribió en el concurso de Miss Venezuela 1995 estuvo a punto de ser rechazada porque no tenía la estatura reglamentaria.

Las reinas de belleza venezolanas rondan el 1,80 metros de estatura. Con 1,73, Machado estaba muy por debajo de lo exigido. Los expertos del concurso dicen que era una muchacha bonita, no hay duda de eso, pero fuera del patrón de las impactantes beldades que disputan la corona llevando trajes de varias capas y enormes peinados esculpidos con fijador. Machado salía a los sucesivos desfiles con el pelo suelto, y con vestidos pegados al cuerpo sin más adorno que sus atributos, en los que ella ha creído ciegamente.

Aunque se quejó por la dureza de los entrenamientos y se enfrentaba a Osmel Sousa, el hombre conocido como el “Zar de la Belleza” en Venezuela, se sometió a las dietas hipocalóricas, las agotadoras jornadas de gimnasio y las clases de oratoria.

Tenía un propósito y nadie iba a detenerla. No figuraba en las listas de favoritas, pero la noche de la elección, para sorpresa de los organizadores del Miss Venezuela, Alicia Machado se puso a la cabeza de las votaciones desde la primera salida; y ahí se quedó hasta que se alzó con el título.

Quienes la conocen aluden a sus dos grandes fortalezas: la actitud y el sentido de la oportunidad. Julio César Arráiz, su maquillador en el Miss Venezuela, ha advertido que quien crea que Machado es tonta está muy equivocado. Desde aquel momento, ella demostró que siempre logra lo que se propone, posea o no todas las condiciones para ello.

Poco después de convertirse en Miss Venezuela, se supo que en los meses de preparación ella viajaba desde Maracay hasta Caracas, a dos horas en autobús, para pasar el fin de semana con su familia. Con ella viajaban muchas otras mujeres dispuestas a luchar muy duro por alcanzar sus metas. Es la marca de la mujer en una sociedad matriarcal como Venezuela. Y las reinas de bellezas no escapan a ella.

En un país donde las reinas de belleza son objeto de minucioso escrutinio, no basta ser bonita o cumplir con ciertas medidas para ser coronada. Las jóvenes concursantes son sometidas a una enorme presión y deben tener una gran fuerza de voluntad para enfrentarla.

Lo ocurrido con Alicia Machado, tras ganar el Miss Universo en el Aladdin Theater de Las Vegas, ya se sabe. Ella engordó y Trump vio en peligro su negocio. Entonces, como parece hacer cada vez que tiene delante una mujer, la trató como un objeto, atropellándola sin darse cuenta que el episodio tendría serias consecuencias para él.

Dos décadas después, Machado, sobreviviente del cáncer de mama, de sucesivas uniones sentimentales (algunas fallidas), de un bullyinginiciado en su propio país por su tendencia a incurrir en gazapos por su naturaleza impulsiva, y de una fallida carrera de cantante, se enfrentó al candidato republicano echándole en cara sus abusos del pasado y exponiéndolo como hombre poco fiable, misógino y cruel.

La grabación difundida la semana pasada dejó claro que no se trata de eventos aislados, sino de un elemento de su estilo de fraternity boy. En el segundo debate, Trump machacó su talante de acosador otra vez. No solo interrumpió muchas veces a Hilary Clinton, sino que amenazó con meterla presa si era electo presidente.

Machado nació y creció en Venezuela, un país donde las mujeres se caracterizan por mezclar la coquetería y el afán por lucir bien con una férrea voluntad de hacerse un camino, de sobreponerse a las muchas limitaciones que presenta su país, incluyendo el machismo.

Hace 20 años, cuando la irrespetó acosándola y llamándola “Miss Piggy”, Trump se salió con la suya. Hoy sabe cuánto se equivocó al juzgar a esta venezolana de cara bonita con un inglés impregnado de acento hispano.

Fuente: The New York Times

 

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