Published On: Mar, Oct 1st, 2013

Obama: Esta es una trampa de los repùblicanos

-Obama afirma que es un rehen de los repùblicanos

-El presidente advierte de que, pese a las amenazas, no habrá concesiones y que la reforma sanitaria “está aquí para quedarse”. El país afronta una posible suspensión de pagos en dos semanas

Los planes para hacer frente a la ausencia del presupuesto prevén la suspensión laboral de 800.000 funcionarios públicos

Barack Obama ha denunciado este martes “una cruzada ideológica” contra la sanidad universal emprendida por una facción del Partido Republicano, que ha conseguido ya paralizar la actividad de la administración y los servicios públicos del país y que, dentro de dos semanas, puede obligar a Estados Unidos a suspender sus pagos por primera vez en la historia. El presidente norteamericano advirtió que, pese a esas amenazas, no habrá concesiones y que la reforma sanitaria “está aquí para quedarse”.

“No, este cierre de la administración no tiene nada que ver con el déficit, ni con el presupuesto”, aseguró Obama. “Este cierre pretende únicamente entorpecer nuestros esfuerzos para dotar de seguro de salud a quienes no lo tienen”.

Precisamente este martes comenzó el proceso para que el 15% de la población de EE UU que no está asegurado escoja el seguro que prefiera dentro de las opciones que se ha obligado a ofrecer a las aseguradoras privadas. La mayor parte de ese grupo de población –todos los que tengan ingresos inferiores a los 28.000 dólares anuales- recibirán subsidios públicos para hacer frente a sus seguros. Más de un millón de personas han accedido, según la Casa Blanca, a las páginas de Internet en las que se informa del procedimiento a seguir para adquirir una póliza. A comienzos del año próximo, el seguro será obligatorio, y se espera que solo una porción residual de ciudadanos se quede al margen.

Si el Partido Republicano no consigue acabar con la reforma sanitaria antes del 1 de enero, para hacerlo después tendrá que retirar los subsidios a los millones de personas que desde ese momento los recibirán para el pago de sus seguros. Teniendo en cuenta que la oposición a la reforma sanitaria es la causa principal sobre la que se sostiene el Tea Party y la razón fundamental por la que muchos republicanos ganan sus escaños en el Congreso, se puede anticipar lo difícil que va a ser resolver esta crisis.

La Cámara de Representantes, por iniciativa del Tea Party, ha votado hasta ahora contra la reforma sanitaria 43 veces, en todas ellas sin conseguir la mayoría requerida en el Senado. La reforma sanitaria fue el tema dominante en la última campaña presidencial, en la que el candidato republicano, Mitt Romney, que prometió abolir esa ley, fue derrotado contundentemente. El Partido Republicano llevó la reforma sanitaria a los tribunales, y sus argumentos fueron rebatidos por el Supremo, que el año pasado ratificó su constitucionalidad.

Obama ha insistido en que no va a volver a negociar sobre la reforma sanitaria. Mucho menos, en unas circunstancias en las que el Partido Republicano “utiliza la economía norteamericana como rehén” para conseguir “mediante el chantaje” lo que no ha conseguido en el Congreso ni en las urnas ni en los tribunales. “No voy a negociar sobre la responsabilidad del Congreso de pagar los gastos que ya se han hecho, no voy a permitir que nadie hunda en el barro el buen nombre de EE UU para volver a pelear causas que ya se han resuelto en las elecciones o para imponer sus exigencias ideológicas”, afirmó el presidente.

Así pues, no parece que exista otra alternativa más que los republicanos accedan a aprobar sin condiciones la extensión presupuestaria que se requiere para reabrir la administración y que, antes del 17 de octubre, autoricen la elevación del techo de deuda que se necesita para evitar la suspensión de pagos. Lo primero está causando ya un daño inmediato a los 800.000 empleados públicos que se han quedado en casa sin paga y puede provocar daños mayores a la economía a medio plazo. Lo segundo es una catástrofe económica que tendría efectos mundiales.

Cierre del gobierno

La ciudad de Washington amaneció este martes en un estado de confusión y enojo por causa del cierre. Los principales monumentos de la ciudad están vallados, los edificios públicos, semidesiertos, solo con el personal imprescindible. Pero lo peor de todo era la sensación de desconcierto sobre cuánto puede durar esto y a dónde puede conducir al país el nivel de ingobernabilidad al que se ha llegado.

“Cuanto más dure este cierre, peores serán sus consecuencias”, advirtió Obama. “Más familias sufrirán, más empresas se verán perjudicadas. Por lo tanto, una vez más, pido urgentemente a la Cámara de Representantes que reabra la administración, que reanude los servicios de los que dependen los norteamericanos, que permita a los empleados públicos volver a sus trabajos”.

En la Cámara de Representantes no había ayer movimientos significativos al respecto. El último paso dado por los republicanos en esa cámara fue el de invitar al Senado, dominado por el Partido Demócrata, a negociar. Pero a negociar, ¿qué? El presupuesto enviado por la Casa Blanca lleva seis meses en un cajón del líder republicano en la Cámara de Representantes sin que, hasta el momento, se haya dignado siquiera a tomarlo en consideración. Cuando los republicanos hablan de negociación se refieren a negociar la reforma sanitaria, y eso es algo que para Obama equivaldría a arrojar por la borda toda su presidencia.

A primera hora de este martes, todas las agencias públicas de Estados Unidos, desde le Departamento de Defensa, pasando por la NASA, los museos públicos, los parques nacionales, los centros de investigación, hasta la Casa Blanca y el propio Capitolio, han comenzado a poner en práctica los planes para hacer frente al cierre del Gobierno que entró en vigor la pasada medianoche ante la imposibilidad de demócratas y republicanos de alcanzar un acuerdo sobre los presupuestos. Las medidas prevén la suspensión temporal de alrededor de 800.000 de los casi dos millones de funcionarios públicos que trabajan en la Administración estadounidense y contemplan la clausura de oficinas, de monumentos y de atracciones turísticas nacionales, desde la estatua de la Libertad en Nueva York, hasta la isla de Alcatraz, en San Francisco, pasando por el monumento a Lincoln, en Washington, que han amanecido con carteles y avisos de “Cerrado por el cierre del Gobierno”.

“Desafortunadamente, como no parece que el Congreso vaya a actuar a tiempo para que el presidente pueda firmar una resolución para continuar con la financiación de la Administración federal, todas las agencias deberán ejecutar los planes previstos para el caso del cierre del Gobierno”. Así comenzaba el memorándum que la directora de Presupuesto de la Casa Blanca, Sylvia Matthews, remitió a todos los Departamentos e instituciones públicas dependientes del Gobierno federal, minutos antes de la medianoche del lunes, la fecha límite para lograr un acuerdo en el Capitolio sobre el presupuesto e impedir la parálisis administrativa.

Los empleados federales cuyos servicios no se consideran esenciales recibieron a lo largo del lunes un correo electrónico o una llamada telefónica en la que se les indicaba que deberían quedarse en sus casas hasta que el Congreso llegue a un acuerdo sobre el presupuesto. El presidente de EE UU, Barack Obama, se dirigió a ellos el martes en una carta en la que les agradecía su labor y su sacrificio a lo largo de estos meses, en los que también han sufrido los recortes de recorte drástico en el gasto público, conocido como secuestro, que entró en vigor en marzo. “Vuestro trabajo es vital para la seguridad de nuestra nación y la de nuestras familias. Vosotros ayudáis a la expansión del pequeño comercio, servís de guía cada día a miles de personas a través de nuestros parques nacionales y monumentos y lo hacéis en este clima político que en los últimos tiempos os ha tratado muchas veces como un saco de boxeo”, les dice Obama.

Aunque es ilegal que, durante este impasse, los funcionarios públicos afectados por el cierre del Gobierno puedan desempeñar sus funciones desde sus hogares, la drástica medida de la Administración no se ha dejado notar esta mañana en las carreteras de entrada a Washington, que, de acuerdo con el Servicio de Coordinanción de Operaciones de Transporte del Área Metropolitana de la capital estadounidense (MATOC) registraban la misma afluencia de vehículos que cualquier otro día de la semana.

Esto se debe a que estos trabajadores se han dirigido, como si se trata de otro día más, a sus puestos de trabajo, aunque, en esta ocasión, para recoger algunas de sus pertenencias, cerrar asuntos pendientes y cambiar la respuesta de sus correos electrónicos a “fuera de la oficina”. Desde el MATOC se espera que la hora punta de regreso de adelante hacia el mediodía, cuando todos hayan terminado estas tareas y vuelvan a sus hogares por un período de tiempo cuya indefinición está en manos de los políticos del Capitolio.

Precisamente en el Capitolio continuaba este martes el debate para tratar de poner fin a la parálisis gubernamental. A primera hora de la mañana, el Senado volvía a rechazar una propuesta para reunirse con la Cámara de Representantes y tratar el asunto de la financiación de la Administración. La cámara Alta ha insistido en que únicamente aceptará una ley que contemple unos presupuestos provisionales para seis semanas y que no incluya ninguna mención a la reforma sanitaria. Este martes, en los pasillos del Capitolio sólo se han escuchado los intercambios de pareceres de los políticos. Los tours para turistas y personal, el Centro de Visitantes, la cafetería, la tienda de regalos e incluso servicios específicos para los congresistas y senadores, como la barbería, el gimnasio o el servicio de limpieza de zapatos, se ha obligado a cerrar por el cierre.

El turismo, en vilo

Entre los trabajadores que sí han acudido esta mañana a sus puestos de trabajo se encontraban los del Servicio de Parques Nacionales y los museos públicos, como los pertenecientes al Instituto Smithsonian en Washington. A las ocho de la mañana han recibido la orden de cerrar todas las instalaciones y suspender las actividades públicas y el resto de eventos mientras dure la parálisis en la Administración. “Debido al cierre del Gobierno, todos nuestros museos y el Zoo nacional permanecerán cerrados. Todos los programas de los museos y las actividades previstas también se han cancelado”, informaba el Smithsonian a través de sendos tuits a primera hora de la mañana.

El zoológico, una de las principales atracciones de la ciudad, aseguraba, también vía Twitter, que “los animales seguirían siendo atendidos y cuidados” -se trata de una actividad que no ha sido afectada por la falta de fondos-. Sin embargo, la cámara web que enfocaba permanentemente la jaula de los osos panda dejó de emitir imágenes a las ocho en punto de la mañana. “Las cámaras requieren de recursos federales, en especial personal”, advertía otro tuit.

En el Mall, la zona circundada por el Capitolio y los monumentos más emblemáticos de Washington, los trabajadores dependientes de los Parques Nacionales parapetaban desde primera hora de la mañana las diferentes atracciones turísticas -el monumento a Lincoln, el Washington Memorial…- con vallas con el cartel explicativo: “Debido al cierre del Gobierno, los Parques Nacionales están clausurados”. Está previsto que de los 23.000 empleados públicos del servicio de Parques Nacionales, 20.000 permanezcan en sus hogares mientras no haya acuerdo sobre el presupuesto.

Un indicativo semejante al del Mall es el que se ha colocado en las 401 unidades dependientes del Servicio de Parques Nacionales en todo el país, desde escenarios de batallas de la Guerra Civil, reservas naturales, la estatua de la Libertad, en Nueva York, o la isla de Alcatraz, en la bahía de San Francisco. El año pasado recibieron 287 millones de visitas y se espera que su clausura sea una de las que más quejas levante, como ya ocurrió durante el último cierre del Gobierno entre 1995 y 1996, con la Administración Clinton. “Inmediatamente después de la entrada en vigor del cierre, todos los visitantes de los parques nacionales han sido invitados a abandonarlos”, ha explicado la portavoz del Servicio de Parques Nacionales. Los que se encuentran acampados o en los hoteles de la zona tienen de plazo hasta el jueves para marcharse.

Esto no sólo supone un inconveniente para los turistas, los dueños de las tiendas de souvenirs y los puestos de comida y refrescos que se congregan alrededor de los mismos temen los efectos de un cierre indeterminado. Durante la parálisis de hace 17 años, la clausura de los monumentos del Mall y de los museos del Smithsonian ocasionaron pérdidas diarias de 200 millones.

La investigación, paralizada

Si la industria del turismo es la que primero va a acusar el impacto del cierre del Gobierno, la actividad de investigación también está sufriendo los efectos de la parálisis. El 97% del personal de la NASA ha sido obligado a quedarse en sus casas hasta nuevo aviso. Únicamente los trabajadores directamente relacionados con la misión en la Estación Espacial Internacional continuaran con su horario laboral habitual. Desde primera hora de la mañana, los canales de televisión y de la web de la agencia espacial han dejado de estar operativos, al igual que sus redes sociales.

Los programas de investigación dependientes de la Fundación de Ciencia Nacional también se ha suspendido, debido a la reducción de su personal de 2.000 a 30 trabajadores. Únicamente quedan en activo los relacionados con los estudios del Ártico, el Antártico y los polos.

El prestigioso Instituto Nacional de Salud va a dejar de atender solicitudes de becas para investigadores pero seguirá pagando las que ya están en funcionamiento. Tampoco admitirá nuevos pacientes. Durante el cierre se espera que acudan a trabajar 4.948 de los 13.698 empleados públicos, de los cuales 734 se destinarán a proteger las áreas en las que se están desarrollando experimentos, 568 al cuidado de los animales y 212al mantenimiento de los sistemas informáticos de los que dependen la investigación y el cuidado de los pacientes.

Anquilosamiento del resto de la Administración

Los Tribunales de Justicia siguen en funcionamiento, al menos los litigios criminales al tratarse de “una actividad esencial para la seguridad de la vida y la protección de la propiedad”. Los procesos civiles se han comenzado a posponer siempre que “no queden comprometidos” tampoco ni la protección de la vida ni la de la propiedad. Las bodas, no obstante, no se consideran prioritarias y, al menos en Washington, hoy han dejado de celebrarse. De momento, de acuerdo con el director de la Oficina Administrativa de los Juzgados Federales, éstos permanecerán operativos, al menos, dos semanas más, que es el tiempo que se espera que duren los fondos de reserva de los que disponen.

El Departamento de Trabajo ha anunciado que mientras dure el cierre del Gobierno dejara de publicar los informes y estadísticas laborales, entre las que se encuentra la encuesta de población activa, un documento vital que recoge el número de empleos añadidos a la economía estadounidense cada mes y que es uno de los estudios de mayor influencia para la economía mundial. El siguiente debería darse a conocer este viernes. La Oficina de Estadísticas Laborales, encargada de elaborar ese informe, advirtió el viernes en un documento que la presencia solo de tres trabajadores en su sección le haría imposible realizarlo. De acuerdo con el plan de contingencia ante un eventual cierre, el Departamento de Trabajo prevé suspender temporalmente al 82% de su personal.

Aunque gracias a una excepción firmada por el presidente, el personal militar del Departamento de Defensa se ha librado de los efectos del cierre de la Administración, los trabajadores civiles del Pentágono no han escapado de las consecuencias. El secretario de Defensa, Chuck Hagel, reconoció el martes desde Corea del Sur que con casi total seguridad deberían cesar temporalmente a 400.000 empleados. “Nuestros abogados están estudiando si es posible ampliar la excepción también a los funcionarios civiles”, señaló Hagel. Este martes, varios fuertes militares ya han anunciados las primeras suspensiones y el Departamento ha anunciado la paralización de las competiciones deportivas entre las diferentes Academias de instrucción.

Inmersas en una controvertida polémica por sus programas de vigilancia, las agencias de espionaje van a prescindir del 70% de sus empleados civiles, entre ellos miembros de apoyo, pero también analistas de inteligencia. “La habilidad de la comunidad de Inteligencia para poder identificar amenazas y apoyar un amplio espectro de decisiones sobre la seguridad nacional se verá mermada conforme más dure el cierre”, advirtió en un comunicado el portavoz del Director Nacional de Inteligencia.

Por su parte, el Departamento de Seguridad Nacional ha advertido de que durante el tiempo que se prolongue el cierre no podrá actualizar su página web. El sitio de este Departamento no es el único que no pondrá al día sus contenidos, de hecho, la mayoría de las páginas de las agencias federales han amanecido con indicaciones similares, entre ellas, la de la Casa Blanca, que tampoco se ha librado de los efectos de la parálisis de la Administración.

De los 1.701 empleados que trabajan directamente para la presidencia, solo 436 desarrollarán sus funciones de manera habitual mientras no se alcance un consenso sobre el presupuesto. La mayoría de ellos desempeñarán su labor en la Oficina del Presupuesto, la que ahora va a estar más ajetreada lidiando con las imposiciones republicanas para aprobar las cuentas públicas. El personal del vicepresidente ha quedado reducido a 12.

El País

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