Publicado el: Mie, Abr 20th, 2016

Obama visita Arabia Saudí por primera vez desde el pacto con Irán

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El acuerdo nuclear y la creciente influencia de Irán en Siria, Líbano e Irak marcan la reunión del presidente de EE UU

El presidente de EE. UU., Barack Obama, se ha reunido este miércoles con el rey Salmán de Arabia Saudí para coordinar esfuerzos frente a las amenazas de seguridad en la región. Pero mientras que la prioridad para Obama es la lucha contra el Estado Islámico (ISIS) y el sectarismo que lo alienta, su anfitrión se muestra más preocupado por el expansionismo de Irán. A pesar de la coreografía diplomática, las diferencias al respecto han eclipsado una cita, la primera entre ambos mandatarios desde el acuerdo nuclear con Irán, que se completará hoy con la asistencia del presidente norteamericano a una cumbre de los Estados árabes del Golfo.

“Welcome Mr. President” (Bienvenido Sr. Presidente), titulaba el diario saudí Arab News en un gesto que quería mostrar normalidad. Sin embargo, la llegada de Obama en su cuarta visita al Reino del Desierto, y con toda probabilidad la última antes de que acabe su mandato el próximo enero, no fue transmitida en directo por la televisión saudí como en las ocasiones anteriores.

Durante dos horas, ambos dirigentes conversaron en el palacio de Erga en presencia de varios de los príncipes más influyentes, entre ellos el heredero y ministro del Interior, Mohamed Bin Nayef, y el viceheredero, hijo del monarca y verdadero hombre fuerte del reino, Mohamed Bin Salmán. Aunque nada ha trascendido sobre el contenido de esa reunión, sobre ella planeaban las crecientes diferencias sobre los asuntos regionales que, a decir de algunos analistas, ponen en peligro una alianza de 71 años.

A las conocidas discrepancias sobre el papel de Irán, cómo abordar la lucha contra el yihadismo o las guerras de Siria y Yemen, se han sumado las declaraciones especialmente francas de Obama al respecto. Nunca antes un presidente de EE. UU. había dicho a los monarcas árabes que deberían encontrar la forma de “compartir el vecindario con Irán” y preocuparse más de las reformas internas que de la supuesta amenaza iraní.

Amnistía Internacional (AI) ha pedido al presidente Obama que “no dé la espalda a las víctimas de la represión y las violaciones de derechos humanos en los Estados del Golfo” durante su reunión con los monarcas árabes en Arabia Saudí. Ese Reino encabeza la lista de países con más ejecuciones per cápita, una cifra que ha aumentado significativamente desde la llegada al poder del rey Salmán. Al menos 79 personas han sido ejecutadas en lo que va de año, según un recuento de la agencia France Presse, frente a las 153 en todo 2015.

En una carta abierta, Amnistía recuerda “la discriminación contra las mujeres y las minorías, las detenciones arbitrarias y los juicios injustos que silencian la oposición en el nombre de la seguridad nacional, el uso de la pena de muerte, la explotación y abuso de los trabajadores inmigrantes, la creciente intolerancia a la expresión pacífica y el uso de leyes antiterroristas y cibernéticas [para acallarla]”.

El texto cita los nombres de cerca de medio centenary de presos de conciencia en Bahréin, Kuwait, Omán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, encarcelados por haber ejercido su derecho a la libertad de expresión. También incluye una referencia al apoyo que EEUU ha proporcionado a la intervención saudí en Yemen que se ha saldado con 2,8 millones de desplazados y al menos 3.000 civiles muertos.

Los comentarios, en sendas entrevistas, irritaron sobremanera tanto a la familia real saudí como a sus aliados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG, que incluye además a Kuwait, Qatar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Omán). Los dirigentes de estos países, todos ellos monarquías suníes excepto Omán, perciben al Irán chií como una amenaza a su seguridad.

Los saudíes están tan preocupados con la influencia de la República Islámica en Siria, Líbano e Irak que han adoptado una política más militarizada hacia los conflictos regionales, la llamada doctrina Salmán, de la que Yemen ha sido el primer ejemplo. De ahí la extraordinaria desconfianza con que recibieron tanto la decisión de Obama de no intervenir en la guerra siria, como el acuerdo nuclear impulsado por su Administración, cuyos beneficios temen que alienten el expansionismo iraní.

“El presidente de EE. UU. tiene que entender que la lucha contra el ISIS no tendrá éxito hasta que no se haga realidad una solución para una nueva Siria sin El Asad, y que no puede abrirse un nuevo capítulo en las relaciones con Irán hasta que Teherán no cambie las políticas hacia sus vecinos”, escribía recientemente el analista saudí Abdulaziz Sager, director del Gulf Research Center.

La Casa Blanca comparte la preocupación de las monarquías árabes sobre el papel desestabilizador de Teherán, pero defiende la necesidad de que alcancen una suerte de “paz fría” en la que su rivalidad no inflame aún más las tensiones de Oriente Próximo. Por ello está tratando de convencer a sus interlocutores de que no les ha abandonado y de que está dispuesto a profundizar la cooperación en materia de seguridad.

A ese respecto, el secretario de Defensa, Ash Carter, ha ofrecido a sus colegas árabes un aumento de la colaboración en operaciones especiales, capacidades marítimas o cibernéticas, como mejor forma de hacer frente al reto iraní. La enorme sensibilidad que suscita el tema quedó en evidencia en la conferencia de prensa que siguió a la reunión.

El secretario general del CCG, Abdulatif al Zayani, anunció que EE. UU. y los miembros de ese grupo van a realizar patrullas marítimas conjuntas para impedir que Irán envíe armas a Yemen (algo que Teherán siempre ha negado). Fuentes estadounidenses, sin embargo, matizaron que esa vigilancia ya se estaba haciendo y que no representaba una novedad.

elpais.com

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