Publicado el: Jue, Oct 20th, 2016

Obediencia ciega = Servilismo

servilismo

El servilismo al igual que el fanatismo, es la contrafigura del ideal del imperio de la razón.

FERNANDO FACCHIN B.

Con ocasión del grotesco y servil espectáculo que pudimos apreciar el pasado 14.10, cuando el dictadorzuelo de Miraflores ¿aprobó? El Presupuesto Nacional y dictó una “Carta de aceptación ciega” al mismo, arrodillado el vice se ufanó de ser el emisario.

La carta, prueba fehaciente del fracaso de un régimen que hoy exige servilismo entreguista a gobernadores y alcaldes; funcionarios para quienes, junto al vice, no existe la dignidad ni la ética, personajes vaciados de intelecto, genuflexos al poder, todos entregados ciegamente al desorden administrativo y político de Miraflores. El desequilibrio intelectual observado en ellos, durante la semana que termina, el vice, los gobernadores y alcaldes, suscribiendo la “carta de la ignominia y el chantaje”, arrastrándose en el muladar del régimen, más que en un servilismo ciego, en un entreguismo absoluto ante un pragmático sin doctrina cuya única obsesión es el poder y el dinero, en una ciega adhesión a la voluntad del caporal.

El 14.10 fue un festín deshonroso de un golpista impopular que cuenta con el entreguismo militar y el celestinaje de un funcionariado servil especialmente TSJ y CNE. Recordemos al prócer José Martí “Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan; los que odian y deshacen”, los del segundo bando son aquellos que no vacilan en despreciar y destruir a quienes se oponen a sus mezquinos intereses. El servilismo al igual que el fanatismo, es la contrafigura del ideal del imperio de la razón.

Es momento oportuno para citar algunas apreciaciones de Pío Gil expresadas en su obra “Los Felicitadores” (1911), todas con vigencia actual: “El servilismo y el despotismo se han colocado frente a frente; (…) el servilismo produce el despotismo, y éste, a su vez, genera aquel. Si no hubiera déspotas no habría serviles; si no hubiera serviles, no habría déspotas. De manera que los áulicos son co-autores con el déspota de la ruina de un país. (…) Se proscribe a los hombres inflexibles y se utiliza a los hombres dúctiles, (…) aplaudidores sistemáticos de todos los actos del gobierno. (…) Una felicitación oportuna no sólo tiene el valor negativo de evitar un carcelazo; tiene también un valor positivo: sirve para conseguir buenos empleos.

Definitivamente la ignominiosa aceptación de la chantajista carta suscrita por “los hombres dúctiles” del régimen, es muestra palpable de la degradación ciudadana producto de la conveniencia y el oportunismo, es una conducta aborrecida por la sociedad venezolana por ser síntoma de descomposición moral, esa aceptación ciega al chantaje no pasa de ser el remedo de una República Bananera, donde se ha puesto bajo sospecha el comportamiento individual caracterizado por una conducta anómala y un incomprensible servilismo. Sin dignidad nada es posible.

Seguimos con Pío Gil, ob. Cit. “Los aduladores de vocación han hecho de la vileza una virtud que se premia con toda clase de favores (…) Así es como se explica el elogio monótono a los gobernantes, (…) La adulación tiene un reverso sombrío: la traición. Judas besó a su maestro antes de entregarlo. Detrás de un adulador fatalmente se esconde un traidor. (…) corresponsables de todos los infortunios de la Patria son los palaciegos. (…) la dignidad de los hijos enaltece la fama de sus progenitores y el envilecimiento de aquellos, echa sombras sobre la memoria de éstos.”

Definitivamente estamos en presencia de lo que la politología ha denominado “Democracia Restringida” lo que no es otra cosa que un autoritarismo manipulador de las instituciones y manteniendo una ficticia separación de poderes, un totalitarismo de baja intensidad, auspiciado por los aduladores de oficio, pero, a su vez, es sorprendente la sabiduría popular en su exigencia de democracia cuando ésta es objeto de una pérdida de confianza por defraudación de políticos, gobernantes regionales y municipales, militares y simuladores que se sirven del poder, ante ello, esa sabiduría hace que las reservas morales de la nación se despiertan y actúen ante la inminente necesidad de terminar con el clima de mediocridad moral e intelectual que nos rodea ante la figura de los áulicos, de hombres dúctiles fácil de manejar, indecorosos y obedientes que se conforman con poner la cara adecuada y decir la frase melosa en el momento preciso, se ciñen a un guion previamente elaborado por algún “consejero”, en fin, cada exposición en público de esos oscuros personajes es una experiencia traumática en la conciencia de los venezolanos. El artículo 25 CRBV castiga la obediencia ciega.

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