Publicado el: Dom, Nov 27th, 2016

Opinión: Carteles, por Rodolfo Izaguirre

droga RD

Carteles

Pregunté a Google para estar más seguro, pero igual lo hice con la Enciclopedia Británica y ambos dicen que en economía se llama cartel o cártel a un acuerdo informal entre empresas del mismo sector, cuyo fin es reducir o eliminar la competencia en un determinado mercado. Agregan que los carteles suelen estar encaminados a desarrollar un control sobre la producción y la distribución de tal manera que mediante la colusión de las empresas que lo integran, éstas forman una estructura de mercado monopolística, alcanzando un poder sobre el mercado del cual obtienen los mayores beneficios posibles en perjuicio de los consumidores. Sostienen que algo tienen que ver con el holding, el trust o los consorcios.

Pero un cartel es, al mismo tiempo, un afiche, el soporte de un mensaje que se quiere comunicar. Un afiche puede tener diferentes tamaños y su contenido varía según la intencionalidad de lo que se comunica y se define sobre todo por el tipo de mensaje. La comunicación visual, el diseño gráfico, la publicidad, el marketing y el merchandising son algunas de las áreas que trabajan con este tipo de soporte comunicativo. Para mí, un afiche es un grito que brota de una pared. Su diseño gráfico en ese caso debe ser sencillo y directo a fin de que quien pase frente a él a pie o en automóvil capte rápidamente de qué se trata. ¡De  esto sabe mucho Santiago Pol!

En el París de la Belle Epoque los dueños de los cabarets le pedían a un enano, feo, pero de noble familia llamado Henry de Toulouse Lautrec que dibujara carteles para promocionar sus espectáculos, lo que entusiasmó mucho a Lautrec ya que en sus largas noches en estos locales dibujaba a su gusto todo lo que veía, particularmente el Moulin Rouge y las chicas del Can Can. Hoy son célebres obras suyas como En el Moulin de la Galette, Baile en el Moulin Rouge o Moulin Rouge: la Goulue.

Tenemos también el cartel de la droga. El Cartel de Sinaloa, para poner un ejemplo, es famoso; el Cartel de Medellín hizo legendario a un criminal espantoso llamado Pablo Escobar Gaviria. Y se conoce que pueden suscitarse enfrentamientos violentos, muertes y delaciones entre carteles para tener uno mayor poder económico que otro; y en ocasiones, el enfrentamiento va aparejado a una lucha por el poder político.

La noticia corrió por el mundo: dos venezolanos alegando inmunidad diplomática fueron apresados en Haití y enviados a Nueva York acusados de conspirar para transportar ochocientos kilos de cocaína de alta pureza. No se trata de jóvenes malandros tontos, inocentes y de barrio, sino chicos vinculados a la familia del presidente de la República y de su esposa. ¡Los famosos sobrinos, culpables por unanimidad del Jurado, en un juicio sostenido en Nueva York!

Somos muchos los que deseamos saber, todavía hoy, cómo o quién le dio inmunidad diplomática a esos muchachos o quién va a pagar esos ochocientos kilos y por qué usaban la rampa presidencial en Maiquetía para enviar cargas ilícitas e intoxicantes. En cualquier otro país ya se habría amontonado la gente frente al Palacio de Gobierno y la Cancillería exigiendo explicaciones o pidiendo a la familia de esos chicos alguna aclaratoria, alguna información porque esos jóvenes que hasta hace poco eran tan pobretones como yo, son dueños de apartamentos, compañías panameñas y hasta un catamarán cargado de cocaína. ¡Pero no! Se susurra, se murmura, nos asombramos y comentamos en los corrillos como si se tratara de un nuevo chiste, una nueva historia de comadres y, hasta el momento en que escribo estas notas, todo se reduce a un silencio que al callar, otorga. Pero la sentencia de culpabilidad asomó en las primeras páginas de todos los diarios, lo que indica la importancia que se ha concedido al asunto. Distinta, desde luego, al silencio que persiste aun en el alto gobierno venezolano. Pero comenzamos a acostumbrarnos a que en el país de la revolución bolivariana no ocurre ninguna perversidad y si se produce será culpa de la oposición por ser disidente. En este caso, el verdadero culpable es el gobierno estadounidense al ensañarse con unos inocentes muchachos tontos con la intención de crear conflictos en el seno del gobierno bolivariano afirmando sin pudor alguno que los sobrinos de Celia fueron “secuestrados” por el gobierno estadounidense pero nada se dice de la rampa número cuatro, de los ochocientos kilos infraganti de cocaína atrapados en Haití, de los pasaportes diplomáticos o, peor aun, de los militares venezolanos mencionados por el fiscal norteamericano. ¡Qué vergüenza! ¡Sin escapatoria alguna, ochocientos kilos de basura han caído sobre la pareja presidencial y no hay manera de que puedan quitárselos de encima!

Fuente: El Nacional web

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