Publicado el: Mie, Nov 9th, 2016

Opinión: ¿Cómo te lo explico? por Charito Rojas

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¿Cómo te lo explico?

“Una conversación es un diálogo, no un monólogo. Por eso hay tan pocas buenas conversaciones: debido a la escasez de personas inteligentes”. Truman Streckfus Persons, más conocido como Truman Capote (1924 -1984), periodista y escritor estadounidense,

La navidad fue adelantada un mes. La cruz del Ávila se encendió el 1° de noviembre en lugar del 1° de diciembre, como tradicionalmente se hacía para dar inicio al periodo decembrino. Sin embargo, a nadie debe extrañar esta alteración de los usos y costumbres. No hay que olvidar que esa cruz también fue encendida en marzo de 2013, cuando el comandante agonizaba. No hay que olvidar que en Venezuela nos han cambiado hasta el nombre del país, la bandera, el escudo, el Panteón Nacional, la historia patria.

Así que nadie se puede sorprender porque el gobierno se haya declarado en navidad el 1° de noviembre. Las oficinas públicas sacaron prestas, luces, lazos, pesebres y adornos, en obediencia a la orden revolucionaria. Comenzaron las gaitas en la red de medios públicos y en cadena anunció el presidente que otorgaría 3 meses de aguinaldo a empleados públicos y pensionados. El ministro correspondiente se apresuró a decir que el barco cargado de perniles y juguetes ya estaba llegando a puerto. Y el presidente bailó salsa en cadena.

Pero todo el mundo sabe que el régimen se puso el gorro de Santa para distraer al país del punto focal que obsesivamente es el tema de toda acción y conversación: la mesa de diálogo. Con profundas dudas acerca de su efectividad, los venezolanos sin embargo saben que la presencia del Vaticano en la mesa abre una esperanza a las peticiones que imperiosamente requiere la oposición democrática para destrancar un juego que luce cada vez más cercano a una implosión violenta.

Hablar de celebraciones navideñas es casi un insulto para quienes no tienen harina para hacer una arepa, mucho menos una hallaca. Los costos de la canasta alimentaria, que superan los 500.000 bolívares mensuales, son inalcanzables para más del 90% de los venezolanos. El proceso del hambre ha llegado a extremos de gran crueldad, con la aparición de productos importados a precios que muy pocos pueden pagar. Eso sí, a los productores nacionales se les niega las divisas para materia prima y se les exige “precio justo” mientras que los negociantes del hambre importan y venden a dólar today, que por cierto ante los últimos acontecimientos ha dado un salto que casi roza la barrera de los 2.000.

El gobierno está atrapado en su propia maraña de ineptitud y violaciones a la constitución. Cuando decidió obviar a la Asamblea Nacional en su rol contralor del presupuesto nacional, olvido que ningún organismo internacional le dará a Venezuela un préstamo sin el aval de la Asamblea. Ni China ni Rusia desean tomar el riesgo de prestarle a un país en riesgo probado de default. Venezuela es la peor economía del mundo, con la inflación más alta y las proyecciones más negativas del planeta. Lo dicen el Banco Mundial, el Fondo Monetario, los bancos, las calificadoras de riesgo. Los economistas venezolanos han emitido certeras opiniones señalando cuales son los caminos para aliviar esta inocultable bancarrota: levantar control de cambios, estimular la producción, respetar la propiedad y la libre iniciativa.

El gobierno no escucha las voces de un pueblo que quiere resolver esta situación por la vía expedita de las urnas: votar para revocar, votar para elegir a quienes tengan capacidad para tomar las riendas y rescatar al país del barranco político, económico y moral en que se encuentra.

Las noticias no mienten: hay niños y ancianos muriendo de hambre, familias que mal comen una o dos veces al día, gente que está robando por necesidad, que busca sobras en los basureros para no morir de mengua. Mendigar comida, medicinas, es una dantesca escena que vemos hasta en personas que hasta hace no mucho tenían un aceptable nivel de vida. Es evidente que a Miraflores no interesa el drama de los hospitales, donde los médicos desesperan para salvar vidas, nadie los escucha, no hay soluciones. Los ancianatos han ido cerrando, los viejitos mueren o acaban en la calle cuando no tienen familia. Los niños van a escuelas con baños inservibles, a veces reciben clases sentados en el piso, en la mayoría de los planteles no hay comida para los programas de alimentación escolar.

En los hogares venezolanos la situación es crítica: los jóvenes marchándose del país, familias completas vendiendo lo que tienen por cuatro lochas para largarse lo más rápido posible de esta inseguridad. La felicidad desaparece tan velozmente como cae el apoyo interno y externo a una revolución fracasada.

PDVSA esta en pérdida, las refinerías colapsadas, la operación fallida. Derrames, accidentes, deudas que en la empresa bandera del país se traducen en contaminación, heridos, escasez de combustible y largas colas. Una verdad que la mentira oficial no puede ocultar: este año PDVSA ha producido en promedio 300.000 barriles diarios menos que en el año 2015.

El deterioro en las personas y en la infraestructura es visible, lamentable. Estamos hablando de Venezuela, el país que fue modelo de democracias en Latinoamérica, el país con la renta per cápita más alta, el quinto productor mundial de petróleo. Actualmente estamos en el puesto 12. En casi 18 años, Venezuela ha involucionado al siglo XIX, ha sacado de la profundidad de la maldad a venezolanos que desde su posición de poder se atreven a negar la crisis que diezma al país y permiten que con seres humanos muriendo, se pierdan en los puertos 3 toneladas de medicinas enviadas por Cáritas Chile.

Esa ausencia absoluta de humanidad, esa negación ante lo inocultable, esa carencia absoluta de arrepentimiento y propósito de enmienda, es por lo que los demócratas venezolanos quieren que esa mesa no sea de diálogo estéril, de trapos rojos de un gobierno que mientras dice dialogar, da patadas a la mesa bloqueando cualquier alternativa de salida democrática. La mesa debe servir para decisiones que eviten la violencia, como esa salida electoral que permita a los ciudadanos decidir, como lo consagra la constitución. Liberar a los presos políticos sería la señal de paz que se espera del gobierno.

El régimen cree que el diálogo es para ganar tiempo y que puede seguir en su actitud de impedir la vía electoral. No se da cuenta de que ese es el salvavidas que le lanza la democracia nacional e internacional para salvar su pescuezo y permitir la permanencia del PSUV en el panorama político.

La situación es extrema, el único que habla de navidad es el gobierno. Ojalá entienda el mensaje clarito del enviado del papa Francisco, monseñor Claudio María Celli: “El dialogo es la última oportunidad para evitar la violencia”.

Fuente: Atraco al Pueblo

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