Publicado el: Mie, Nov 2nd, 2016

Opinión: La MUD y la ausencia de liderazgo, por Aurelio Useche Kislinger

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La MUD y la ausencia de liderazgo

A nuestro entender, en la mayoría de los venezolanos existe la convicción absoluta sobre el profundo deterioro de la situación del país. No obstante, parece ser ya una costumbre adquirida por ese mayoritario núcleo de compatriotas, hacer colas para la compra de alimentos y medicinas. Desde luego, son los más pobres los que padecen esas ignominiosas circunstancias y son la mayoría. Las clases medias y medias altas han venido resolviendo sus problemas de abastecimiento, pagando el precio que surge de la operación y subterfugios de los mercados paralelos,  sin mayor resistencia y con una resignación cuya máxima es, “al menos resuelvo mi problema”.

Al mismo tiempo, el país observa cómo, sin desparpajo alguno, el Gobierno de Maduro ha venido cercenando el mandato popular, expresado en diciembre de 2015, mediante la elección de la mayoría calificada de Diputados a la Asamblea Nacional. Chillidos, gritos, ruedas de prensa, marchas inconclusas son las manifestaciones de la MUD, cuyos dirigentes, en aras de no romper un supuesto equilibrio en la conducción de su gestión, han logrado una débil posición frente al Gobierno. Y todo ello lo que ha traído como resultado es la pérdida real del poder legítimamente adquirido en las elecciones pasadas. Insólito, pero así ha sucedido en estos 10 meses de existencia de la Asamblea Nacional. Y es que sin que queden dudas, la ausencia de un liderazgo político real ha venido siendo sustituido por una especie de corporativismo, de intensa confrontación de pareceres, lo que ha traído como consecuencia la falta de oportunidad de las acciones políticas, creando un vacío de poder en la oposición, lo que se evidenció más claramente en la falta de reacción eficiente,  ante las “sorpresas” de las últimas decisiones del TSJ, favoreciendo al régimen.

La decisión política de intentar cambiar el gobierno por una vía constitucional, legitima y en paz, la cual finalmente se inclinó por el Revocatorio, luego de un debate interno en la MUD, ha contribuido finalmente a limitar las acciones políticas, que van más allá de cumplir con una obligación legal, lo que, en principio, estaría bien orientado, si es que el régimen chavista terminara aceptándolo. Pero no es así y nunca lo ha sido. Hugo Chávez y su régimen siempre utilizaron a su conveniencia la vía de la apariencia institucional, para cubrir sus verdaderas intenciones totalitarias. Y ahora, sin mayores escrúpulos, en vista del evidente rechazo de los venezolanos al Gobierno, como lo expresan las encuestas, incluso Hinterlaces, pagada por el régimen, el Gobierno ha decidido anular políticamente a la AN y a la MUD, con su desconocimiento abierto a la norma constitucional relativa a la separación de poderes. Y en consecuencia anular, mediante manipulaciones del Poder Judicial el referendo revocatorio.

Esta situación era perfectamente previsible y haber pensado lo contrario no fue más que un acto de ingenuidad política; pero lo que a mi juicio es la más alta deficiencia de la MUD, es la ausencia de un liderazgo concurrente, con el talento necesario para lograr los cambios ofrecidos. En Venezuela habrá cambios políticos cuando las circunstancias así lo permitan. Y esas no serán de modo alguno producto del azar, sino del cálculo político y de la estrategia llevada a cabo con el talento apropiado, ofreciendo una propuesta política clara de las acciones para lograr una Venezuela próspera, en un régimen de libertades. La historia ha demostrado que, en el pasado, en otras latitudes, los cambios ocasionados han sido el resultado de la combinación del liderazgo apropiado y el talento político para concebirlo y llevarlo a cabo. Y esa es la carencia fundamental de la MUD, liderazgo y talento. Este no es un problema nuevo; viene arrastrándose desde los inicios de la Coordinadora Democrática y aun cuando se mejorara con la confección de la MUD, el problema de fondo se hizo más evidente. Ramón Guillermo Aveledo, quien fue el primer Coordinador, cuenta con una excelente formación política, académica, parlamentaria, pero nunca fue un líder, o por lo menos el líder que las circunstancias venezolanas ameritaban. Jesús “Chúo” Torrealba, quien fue escogido, más bien, por ser un comunicador social con conexiones con los barrios, sin haberse percatado, quienes lo seleccionaron, que no es un líder y mucho menos con la formación y talento para conducir políticamente a la oposición en un momento tan crítico como el presente. En esta ocasión, luego de las elecciones de 2015, se decidió tener dos frentes opositores distintos, uno en la AN y otro en la MUD, con sus dirigentes actuando en paralelo. Limitándose entre uno y otro sus respectivas decisiones y quedando la MUD como la instancia de última decisión. El foro político por excelencia es la AN, el parlamento; la MUD, si bien fue la organización multipartidista que dirigió el proceso electoral, debió haber entendido que lo más relevante era que la AN representa el liderazgo político, dejando a la MUD como un apoyo operacional. La elección de Ramos Allup como Presidente de la AN, acertada por demás, ha tenido sus momentos estelares, pero las ambiciones y posiciones subalternas de quienes dirigen la MUD, o tienen influencia para ello, debilitó la figura central del parlamento popular. Por una parte, la AN llevaba una dirección clara de actuación, pero por la otra, se conversaba a espaldas del país en la MUD con el Gobierno y sus interlocutores Rodriguez Zapatero y otros por un dialogo, que no tenía más objetivo que el logrado, disminuir a la AN y postergar o si no abolir el referendo revocatorio.

Ahora, habrá cada vez menos AN, así como poco a poco se acabó el referendo. Creer lo contrario es de nuevo una ingenuidad. Podrán haber muchas marchas que empiecen en el Parque del Este y terminen en la Libertador; muchas personas que, con buena intención, acudan con pancartas y consignas; pero, al final, muchos de sus concurrentes terminan la jornada en un restaurante, o se regresan tranquilos para sus casas, siempre comentando que “¡tremenda marcha, más de 1 millón de personas!” Pero nada pasa. Y ese mismo día, en la otra parte de la ciudad, El Gobierno organiza sus marchas de apoyo, con unos cuantos asalariados y empleados públicos, pero allí están. Y detrás de ellos, el ejército verdadero de encapuchados y motorizados, denominados los defensores de la revolución, esperando instrucciones para agredir cuando sea necesario, y desde luego amedrentar a quienes pacíficamente marchan.

Ahora, se intenta, desde el Gobierno, realizar un dialogo, cuyo objetivo central, verdadero, es descartar, definitivamente, el proceso revocatorio y, eventualmente, ganar más tiempo para lograr sus objetivos de permanencia en el poder, no importando la voluntad mayoritaria de los venezolanos. En tanto, una dirección de la MUD, actuando, según sus pareceres, con un mandato que no tienen, de representar a los millones de compatriotas que se oponen al régimen. Ese mandato expreso está en la Asamblea Nacional, mediatizada e intervenida por una dirigencia desde la MUD, sin real representatividad. A Torrealba lo seleccionaron unas cúpulas dirigentes, ante una circunstancia menguada, ocasionada por las torpezas y la falta de talento político de quienes han venido dirigiendo a la MUD. Esto indica que, con el diálogo, se plantea de nuevo esta infausta coyuntura. Dejando sin esperanzas reales de cambio a una muy determinante voluntad mayoritaria.

Desde luego, se impone un cambio en la conducción política de la oposición. Y a ello hay que abocarse en los próximos meses. El país entero casi se opone a Maduro y a su deseo de continuar hasta lo infinito, pero no hay los interlocutores que con el liderazgo y talento político asuman la conducción de esa inmensa mayoría que desea con urgencia un cambio, pero que no encuentra salidas. No se trata de destruir a la MUD, pero si un cambio en su concepción de mando y en su liderazgo. No más corporativismo; más visión de futuro, sustituyendo las ambiciones personales de quienes forman su dirigencia. Por más legítimas que fueren, esas ambiciones no importan ahora. Estamos en una muy exigente urgencia política.

Y ese liderazgo, con talento, debe basar su posición en la propuesta política para la cual está dispuesta a luchar. Expreso preocupación por las limitaciones, concepciones y paradigmas de las clases medias. Esos que viven en al Este de Caracas y son mayoría abrumadora en Baruta, El Hatillo, Chacao y parte de Sucre. Así como las clases medias que viven en Maracaibo, Valencia, Maracay, Barquisimeto y otras ciudades de Venezuela, cuyas aspiraciones son regresar a la Venezuela que ya pasó y no podrá volver. Aquellos que añoran a Viasa y otros emblemas del pasado, que como ejemplo resalta, quizás de un modo contundente, Pdvsa; que no pueden ser reconstruidos, porque, simplemente, ya no es posible. Igual las universidades gratuitas, los subsidios al agua, electricidad, alimentación básica, leche, azúcar, arroz, harina de maíz, trigo y, en fin, otros servicios como el transporte público, la gasolina y el diésel, además de no pagar peajes en autopistas. En fin, eso no se le dice a nadie. Los dirigentes de la MUD de una manera subliminal, le trasmiten a la gente que a ello regresaremos bajo un gobierno de la MUD. Y eso no es verdad. Entre otras razones, porque Venezuela, al igual que Alemania después de le Segunda Guerra, tiene que construir una nueva sociedad deslastrada del pasado. Y un Plan Marshall requiere de un inmenso apoyo financiero del exterior, con el cual no se cuenta. Y ni siquiera los voceros de la MUD plantean esa dura realidad. Por el contrario, hay un vacío. Y lo más grave serán las decepciones que causarán.

Requerimos de talento político, hombres de Estado, que como Adenauer y otros, enfrentaron a una sociedad y a un país destruido por una guerra infernal. Y este es hoy, el caso de Venezuela, con la diferencia de que la guerra que enfrentamos no era la convencional, sino la aventura de un grupo de irresponsables, cubierto bajo el manto de una falsa ideología extremista.

Requerimos de una propuesta que no sea una lista extensa de deseos. Se trata de poner en claro, un honesto y posible camino de progreso, el cual será posible si se induce a que esa clase media cambie su modo de pensar, con un mensaje sincero, ante las realidades. Y esté consciente de que el principal problema social es la pobreza. Y que no hay, ni habrá una renta petrolera, que permita lo que se pudo lograr en el periodo de los 40 a la década de los 70. Para que esa renta fuese efectiva, como en el pasado, se requeriría producir 16 millones de barriles diarios. Jamás y nunca podremos lograrlo.

Se trata de la puesta en marcha de un régimen político que con sus acciones, conduzca a una economía próspera, de libertades y de confianza en las instituciones del Estado y del Gobierno. Sin olvidar que enfrentar el poder militar es una tarea de acción política inminente, imprescindible. Y no solamente con declaraciones especulativas, sino con hechos que pongan las cosas en su sitio.

La preocupación que existe en los foros internacionales sobre Venezuela, se refiere a la potencial violencia que se podría generar con motivo de las confrontaciones políticas. Algunos hasta temen el surgimiento de una guerra civil; otros piensan en una masacre que el Gobierno ocasionaría, si se desarrollan manifestaciones de protesta reales, con mensajes claros y precisos de oposición. Ello puede ser cierto, pero si no hay manifestaciones intensas de protestas, ni enfrentamientos abiertos, poco se podrá hacer para los cambios. Y si no se genera una protesta de las regiones hacia el centro por los cambios, poco podrá hacerse sin que un factor de integración nacional de la protesta se realice.

Hay que convocar al país nacional a la lucha política, en los Estados y Municipios, invitando a las Academias, Universidades, Sindicatos, organizaciones empresariales, estudiantes, trabajadores, en fin, al universo que forma el país. Las clases sociales no pueden aspirar ni permitir, que sean los dirigentes sin representatividad real, quienes resuelvan el problema y por ello deben atender a esa convocatoria, ampliada nacionalmente, estremecedora de todo el país.

Y en definitiva, en el plano internacional, continuar con la lucha, procurando que la OEA, al aplicar la Carta Democrática, declare a Venezuela como “estado forajido” y se logre que otras organizaciones y Estados hagan pronunciamiento sobre la situación del país.

No hay duda alguna, que, en la Iglesia Católica, con las designaciones de Baltazar Porras y Arturo Sosa, ambos conocedores a plenitud de la crisis política en Venezuela, sea un indicio del nivel de preocupación que existe en el país. Esperemos que su consecuencia sea vital para el inevitable desenlace que rescate al país del dramático estrangulamiento que padece.

Fuente: El Nacional web

 

 

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