Publicado el: Mar, Abr 4th, 2017

Opinión: La Venezuela ahorcada resucita… Gustavo Tovar Arroyo

La Venezuela ahorcada, resucita…

“Iba matando canallas

con su cañón de futuro”

Silvio Rodríguez

Momia perversa.

No lo oculto, me gustaría practicarle al chavismo un tenaz estrangulamiento hasta ver que sus ojos se desorbitan en la blancura, verlo extenuarse sin aliento, capturar su último estertor mientras lo sujeto bestialmente, verlo fenecer ante la llave que le aplico con mi brazo, y, una vez muerto, tatuarle la frente inánime con la siguiente frase: “Momia perversa”.

Me gustaría, pero no puedo. Somos activistas de la no violencia por convicción, no por pose. Sentimos que la violencia podría acarrear más violencia y el ciclo finalizaría con una Venezuela estrangulándose a sí misma. Ojo por ojo y los narcotraficantes del chavismo triunfarían, a ellos, tuertos como son, no les importaría la total ceguera nacional, la propician todos los días.

Queremos luz, queremos vida, no más oscurantismo chavista.

La soga de la humillación.

El trance aterrador que representó el liderazgo de Hugo Chávez y el de su amado sucesor Nicolás dejó nuestra alma repleta de desgarraduras, contusiones y heridas. Ya lo hemos dicho, no hay un solo venezolano que haya quedado sin magulladuras y cicatrices en su espíritu. Ni uno.

Los aciertos y desaciertos para enfrentar la lepra chavista han roto amistades, fracturado familias, separado matrimonios, dividido corporaciones, resquebrajado las bases afectivas de nuestro pueblo. Los venezolanos nos convertimos en autómatas del desaliento.

Con el diálogo, el chavismo dispuso arteramente –como todo lo que hace– la horca para fomentar nuestro ahorcamiento, saltamos al vacío con la soga de la humillación al cuello.

Incomprensible; tétrico.

En la horca, la anhelada libertad.

Una Venezuela estirando frenéticamente las patas, convulsionando, retorciéndose espasmódicamente en el aire, se mostraba al mundo. Era el suicidio de nuestro ímpetu histórico.

Nos recriminamos –ahorcados– con severidad el fracaso del diálogo. En el delirio de la frustración, nos insultamos a nosotros mismos, señalamos con repugnancia a los aprendices de negociación que nos sacrificaron de manera tan apocada y boba. Los que estuvimos en contra de esa babosada igual quedamos colgados por ella. Nadie quedó a salvo. Cundió la desesperación y la asfixia.

En la horca, el peso de nuestra anhelada libertad caía inerte y suspendida entre espasmódicos retorcimientos.

Luis Almagro y el coraje.

Inesperadamente, por pura convicción y ética, abriéndose camino entre traiciones e intrigas, sacando a empujones la solapada perfidia de Zapatero y Samper, librando las zancadillas y las gotas de cianuro de Timoteo Zambrano y de Henri Falcón, un insospechado benefactor humano vendría a socorrer nuestro cuerpo tendido y desfalleciente, a levantar con la fuerza de su lucidez y la inabarcable tenacidad de sus convicciones el terrible peso de una sociedad estrangulada, morada de tanto tormento, rendida en la desesperanza.

Luis Almagro, heredero de Artigas, legatario y “protector de los pueblos libres”, hombre poco común, ser de otro mundo, animal de galaxia, que ha nacido de una tormenta histórica, de una estrangulación y una asfixia, de puro coraje nos ha salvado, imponiéndose él solo, épico, a una maraña de perversidad y cinismo, a una maquinaria histórica de devastación y ruina: al chavismo.

Resucitó una Venezuela que yacía colgada del cuello, moribunda.

La otra Unidad.

Recuperado el aliento, toda la comunidad internacional abrazando nuestra causa, tendiéndonos los brazos del Estado de Derecho para evitar nuestro descalabro y fatal caída, haciendo fortaleza común junto a un Almagro indoblegable y decidido, resucitada la oposición de entre los muertos, revitalizados, no podemos escamotear esta brillantísima oportunidad que se nos presenta, simplemente no podemos, basta de horcas y estrangulamientos, basta de autoflagelarnos y achacarnos culpas, volvamos a andar con la frente en alto, ¡liberémonos!

Que la otra Unidad, la nueva, sea en torno a la libertad y no a espasmódicas eventualidades electorales, sí, que la libertad nos una, que la libertad sea nuestro último destino.

Organicémonos, tomemos los poderes públicos, luchemos. Terminemos esto con resistencia civil y masivas movilizaciones no violentas.

¡Terminemos esto ya!

Fuente: El Nacional web

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